En el marco del Día Mundial del Cuidado de la Piel, dermatólogos advirtieron por el aumento de consultas asociadas a afecciones cutáneas vinculadas al estilo de vida actual y a la tendencia a la automedicación cosmética. Entre los diagnósticos que se repiten en consultorios figuran cuadros de pieles reactivas, rosácea, dermatitis inflamatorias y brotes de acné.
El ritmo de vida moderno aparece como un factor de presión sobre la salud cutánea. El estrés crónico se asocia a una liberación constante de cortisol que debilita las defensas naturales de la piel, con la posibilidad de desencadenar nuevos brotes o agravar patologías previas. A ese escenario se suma el impacto de la contaminación ambiental y del estrés oxidativo provocado por la radiación solar y la luz azul de las pantallas.
Dentro de los detonantes que ganaron peso, los especialistas señalan el seguimiento de tendencias en redes sociales sin supervisión médica, con rutinas extensas y combinaciones de ingredientes activos que no siempre se adaptan a cada piel. “El mayor peligro que vemos hoy en día es la obsesión por las rutinas multicapas y el uso descontrolado de ingredientes activos de alta potencia”, dijo Clara Hernández Gazcón, médica dermatóloga para La Roche-Posay, Vichy y CeraVe.
La difusión masiva de imágenes con filtros digitales también incide sobre las expectativas en torno a la textura de la piel y puede llevar al abuso de exfoliantes y astringentes. En ese marco, la especialista puso el foco en un objetivo frecuente en redes: la eliminación total de los poros. “El mito más urgente por derribar es la falsa promesa de que existen productos o rutinas capaces de hacer desaparecer los poros por completo”, dijo Hernández Gazcón.
Según la dermatóloga, los poros cumplen una función fisiológica y no son estructuras que puedan “borrarse” con cosmética. En cambio, el cuidado dermatológico puede orientarse a limpiar la suciedad acumulada y a mejorar la elasticidad del tejido para que el poro recupere su tamaño mínimo natural y resulte menos visible.
Frente a la sobrecarga de productos, se plantea una rutina facial básica de tres pasos. Incluye limpieza suave con un limpiador respetuoso con el pH por la mañana y por la noche; hidratación reparadora con una crema formulada para restaurar la función barrera; y protección solar diaria con un protector de amplio espectro para prevenir fotodaño, manchas y envejecimiento prematuro.
“Si reducimos el cuidado de la piel a su mínima y más eficiente expresión, la rutina ideal se sostiene sobre tres pilares inquebrantables: limpieza, hidratación y protección”, dijo Hernández Gazcón, al señalar que la salud cutánea debe abordarse como un pilar de salud y bienestar, más allá de los estándares estéticos de las redes sociales.












