Sostener una rutina de actividad física continúa siendo uno de los principales desafíos en la Argentina, aun cuando crece el consenso sobre su importancia. La Encuesta Nacional de Actividad Física y Deporte (ENAFYD 2023) ubicó a la falta de tiempo como la causa más frecuente de abandono (79,4%), seguida por la falta de dinero (51,7%) y el cansancio o la pérdida de motivación (46,5%). En ese marco, el entrenamiento de fuerza empezó a ocupar un lugar central en las recomendaciones de especialistas.
El trabajo de fuerza, históricamente asociado a la musculación o al alto rendimiento deportivo, se vincula hoy con beneficios que exceden la estética. Jorge Pizarro, gerente técnico de Smart Fit, lo sintetizó así: “La fuerza dejó de ser una herramienta vinculada únicamente al rendimiento o a la estética”. En la misma línea, el directivo señaló que su impacto se relaciona con la salud metabólica, la movilidad, la prevención de lesiones y el envejecimiento saludable.
La incorporación de ejercicios de fortalecimiento muscular también aparece en lineamientos oficiales. Las guías de actividad física del Ministerio de Salud de la Nación, alineadas con la Organización Mundial de la Salud (OMS), aconsejan realizar fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana como complemento de la actividad aeróbica.
Los datos de la ENAFYD 2023 muestran, además, un corrimiento en las motivaciones declaradas por quienes todavía no realizan actividad física, pero desean comenzar. En ese grupo, el principal motivo es cuidar la salud (95,1%), seguido por mantenerse en forma y mejorar el bienestar general. Para Pizarro, ese cambio también se observa en el perfil de quienes se acercan al gimnasio: “Cada vez recibimos más personas que llegan al gimnasio porque quieren mejorar su calidad de vida”.
Persisten, sin embargo, creencias que desalientan la práctica. Entre los mitos que se repiten figuran que el entrenamiento de fuerza es “solo para jóvenes”, “exclusivamente masculino” o que “hacer pesas reduce la flexibilidad”. Frente a esas ideas, el enfoque que proponen los especialistas apunta a la complementariedad: el objetivo no pasa por elegir entre cardio o fuerza, sino por integrar ambos tipos de entrenamiento, con funciones distintas.
Para empezar y sostener el hábito, Pizarro enumeró pautas simples: entrenar fuerza entre dos y tres veces por semana; priorizar la técnica antes que la carga y avanzar con sobrecarga progresiva; trabajar grandes grupos musculares; combinar fuerza con trabajo aeróbico; y pedir la orientación de un profesional para contar con un programa de entrenamiento de fuerza tradicional prescripto.


