De acuerdo con el informe reciente publicado por NielsenIQ, el panorama del consumo masivo durante julio de 2026 refleja una dinámica de desaceleración. El reporte indica que, al comparar julio de 2026 con el mismo mes del año anterior, el consumo total experimentó una caída del 0,7%, manteniendo una variación nula (0,0%) en lo que va del año (YTD). Este fenómeno ocurre en un contexto inflacionario donde los precios promedio ponderados han registrado un incremento interanual del 26,3%.
Al desglosar este comportamiento por industrias, se observa que no todos los rubros enfrentan la misma realidad. El sector de alimentos es el que muestra mayor resiliencia, logrando un crecimiento positivo en consumo del 1,3% en julio. Por el contrario, tanto las bebidas (-2,3%) como los productos de cuidado personal y limpieza (-2,4%) presentan retrocesos en la demanda, lo que sugiere un cambio en las prioridades de compra de los hogares, quienes parecen estar concentrando su presupuesto en productos básicos.
En cuanto a los canales donde se efectúan las compras, el análisis muestra brechas significativas. El segmento de autoservicios independientes es el único que destaca con un crecimiento sólido del 10% en el consumo respecto al año anterior, consolidándose como una opción preferida por los compradores. En la vereda opuesta, los comercios tradicionales y los kioscos han sido los más afectados, registrando caídas en el consumo del 3,2% y 3,9% respectivamente, lo que pone de manifiesto una contracción en los hábitos de compra de proximidad más frecuente.
A pesar de esta caída en el volumen de unidades vendidas, la facturación global del sector minorista aumentó un 24,7% interanual. Esto responde directamente al impacto del incremento de precios, que compensa la baja en el volumen de ventas en términos nominales, aunque no necesariamente en términos reales para los comercios. El mix de facturación por canales se mantiene relativamente estable, con las cadenas de supermercados aportando un 33% del total, seguidas por los kioscos y minimercados con un 32%, lo que demuestra que, a pesar de los cambios en los hábitos de consumo, la estructura de participación de mercado se mantiene robusta.
Este escenario plantea desafíos para la cadena comercial, que debe navegar entre la necesidad de ajustar precios y el riesgo de profundizar la caída en el consumo real.












