El dinamismo del sector energético y minero en la Argentina convive con un mercado interno que no logra arrancar, en un esquema de “economía a dos velocidades” donde los beneficios macroeconómicos todavía no se reflejan en la economía cotidiana. Esa caracterización aparece en un análisis de coyuntura de VT Markets, que pone el foco en el contraste entre el frente exportador y la debilidad del consumo.
El planteo se enlaza con la reciente visita de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, a Vaca Muerta. Durante el primer semestre del año, el petróleo se convirtió en el principal producto de exportación del país al desplazar a la soja. En ese período, el superávit comercial de energía registró un salto interanual del 61,7% y las ventas externas del sector crecieron 42,5%. Aun con ese desempeño, Georgieva pidió públicamente que el desarrollo hidrocarburífero “impulse la economía real”.
En la lectura sectorial, Alfredo Marentes, analista de mercados de VT Markets, ubicó el eje en la asimetría entre rubros: “Existe un motor externo potente, pero un mercado interno que no arranca”, señaló. En esa misma evaluación, energía, minería, agro e intermediación financiera aparecen como actividades que lideran, mientras industria, comercio, construcción y logística quedan rezagados, con un consumo interno débil y salarios que no logran recomponerse.
El análisis también incorpora el rol de los incentivos a la inversión. Marentes sostuvo que “el mecanismo de atracción de inversiones como el RIGI favorecen proyectos intensivos en capital pero con bajo encadenamiento productivo local”, y agregó que parte de los dólares que ingresan “no necesariamente se traduce en empleo o actividad fuera de las provincias energéticas”.
En paralelo, el documento señala que consultoras privadas proyectan una caída desestacionalizada del PIB de entre 0,5% y 1% para el segundo trimestre, en contraste con el avance del 0,7% registrado en los primeros tres meses del año. En el plano financiero, el riesgo país mostró una compresión y Fitch elevó la calificación soberana a “B-”, aunque la atención se desplaza hacia la sostenibilidad del esquema a mediano plazo.
“La preocupación de los mercados no es tanto por el presente, sino por la sostenibilidad política de un modelo que reparte sus beneficios de forma muy desigual”, afirmó Marentes. En esa línea, vinculó la percepción social de la recuperación con el riesgo financiero: si la mejora no se percibe en el bolsillo de la mayoría, la desconexión entre indicadores macro y economía cotidiana puede erosionar el respaldo a las reformas y ser descontada por los inversores en el precio de los bonos.
A la dinámica local se suma la incertidumbre política en Estados Unidos, donde las elecciones legislativas del 3 de noviembre podrían reconfigurar la relación financiera. El apoyo del Tesoro norteamericano —reflejado en un swap de hasta US$ 20.000 millones y la disposición a intervenir en el mercado cambiario— fue clave para contener la volatilidad cambiaria a fines de 2025. El análisis añade que Donald Trump condicionó ese respaldo al desempeño electoral del oficialismo argentino y que una pérdida de terreno del Partido Republicano en el Congreso podría alterar esa dinámica, con más escrutinio sobre herramientas discrecionales y menor margen político para sostener compromisos financieros externos.


