En agosto de 2026, Casabutik y la diseñadora y referente en lifestyle Carina Michelli plantearon una consigna concreta: volver a mirar los objetos simples del hogar y el modo en que esos elementos, presentes en la rutina, pueden transformar la experiencia cotidiana. La propuesta se inscribe en un contexto que describen atravesado por la velocidad, el consumo y la búsqueda constante de lo extraordinario.
La mirada toma como referencia el pensamiento del filósofo japonés Soetsu Yanagi. A partir de esa inspiración, Michelli reflexiona sobre la capacidad de los objetos de uso diario para despertar emociones, construir bienestar y conectar con el momento presente. En ese marco, el hogar aparece como un espacio donde lo funcional y lo sensible pueden convivir a partir de decisiones pequeñas, ligadas a lo que se usa todos los días.
La selección de piezas para la casa se apoya en dos criterios: diseño y funcionalidad, por un lado, y la posibilidad de enriquecer la experiencia de habitar los ambientes, por el otro. La propuesta enumera ejemplos concretos: una azucarera, una tetera, una taza de cerámica, una lámpara que proyecta la luz justa o una mesa preparada para compartir. En ese repertorio, el valor no se limita al uso práctico, sino a la forma en que esos objetos acompañan rituales cotidianos.
El planteo también pone el acento en la dimensión sensorial. Materiales, diseño y presencia pueden construir una experiencia que suele pasar inadvertida en la rutina. “Es asombroso descubrir que objetos que dedican su existencia al servicio puedan proveernos también felicidad”, compartió Michelli.
En esa interpretación, el lujo se corre de la ostentación y se vincula con la posibilidad de encontrar belleza y significado en lo que forma parte de la vida diaria. La invitación es a detenerse, observar y reconectar con el “aquí y ahora”. Ese instante de contemplación, sostiene Michelli, puede convertirse en una forma de bienestar y en una pausa que permite habitar los espacios de una manera más consciente y armónica.
La perspectiva se completa con una definición del hogar que excede la decoración. Cada objeto puede guardar una historia, una sensación y una posibilidad de disfrute, y las casas no se reducen a muebles y utensilios: también se construyen con emociones, recuerdos y pequeños rituales que inciden en la calidad de vida. En esa línea, la propuesta apunta a resignificar lo cotidiano y a descubrir que la belleza puede encontrarse en aquello que parecía pasar desapercibido.


