La Fuerza Aérea de Estados Unidos amplió en US$ 11,7 millones un contrato de investigación con Blue Origin para profundizar los estudios sobre el uso de cohetes comerciales como medio de transporte logístico militar. La modificación, formalizada el 31 de julio, eleva el valor total del acuerdo a US$ 13,07 millones y extiende los trabajos hasta octubre de 2027.
El contrato está administrado por el Air Force Research Laboratory (AFRL) dentro del programa Rocket Experimentation for Global Agile Logistics (REGAL), una iniciativa que busca determinar si los sistemas espaciales comerciales pueden convertirse en una alternativa para transportar carga crítica a escala global con tiempos de respuesta inferiores a una hora.
A diferencia de un programa de desarrollo de un sistema operativo, esta fase permanece enfocada en estudios de ingeniería y análisis de misión. Blue Origin deberá definir los requisitos técnicos necesarios para adaptar sus vehículos a operaciones de transporte “punto a punto”, identificar limitaciones operativas y evaluar la arquitectura necesaria para futuras misiones de carga rápida.
Un mercado con fuerte respaldo del Pentágono
La iniciativa REGAL refleja un cambio de enfoque dentro del Departamento de Defensa estadounidense. En lugar de desarrollar una capacidad propia desde cero, las fuerzas armadas buscan aprovechar la rápida evolución del sector espacial comercial para resolver necesidades logísticas estratégicas.
El concepto consiste en lanzar un vehículo desde una base militar y hacerlo aterrizar cerca del destino con suministros críticos, reduciendo trayectos que actualmente demandan varias horas o incluso días mediante transporte aéreo o marítimo. Entre los posibles usos aparecen el abastecimiento de tropas desplegadas, la asistencia humanitaria y la respuesta rápida ante desastres naturales. El propio AFRL reconoce que todavía existen desafíos técnicos vinculados con la seguridad de la carga, las operaciones de reingreso y la disponibilidad de sitios de aterrizaje adecuados.
Blue Origin no es la única empresa seleccionada. Anduril Industries, Rocket Lab y Sierra Space también participan en distintas líneas de investigación financiadas por el mismo programa, lo que muestra la intención del Pentágono de mantener varias alternativas tecnológicas en desarrollo.
Qué representa para Blue Origin
Fundada por Jeff Bezos en 2000, Blue Origin compite en el mercado de lanzadores espaciales, infraestructura orbital y sistemas para misiones gubernamentales y comerciales. Su principal competidor es SpaceX, aunque también enfrenta a United Launch Alliance, Rocket Lab y una nueva generación de empresas estadounidenses que buscan ingresar al mercado de acceso al espacio.
Durante los últimos dos años, la compañía aceleró su inserción en el negocio de defensa. Además de participar en el programa REGAL, fue incorporada al programa National Security Space Launch (NSSL) de la Fuerza Espacial de Estados Unidos para competir por futuras misiones de seguridad nacional, un mercado que históricamente estuvo dominado por SpaceX y United Launch Alliance.
El nuevo contrato llega, además, mientras Blue Origin trabaja en el regreso al servicio de New Glenn, su lanzador pesado reutilizable. El vehículo completó tres vuelos orbitales desde su debut en enero de 2025, pero permanece temporalmente fuera de operaciones después de la anomalía ocurrida durante una prueba estática en mayo de este año, que provocó daños en infraestructura de lanzamiento en Cabo Cañaveral. La empresa prevé reanudar los vuelos antes de fin de 2026.
Más allá del lanzamiento de satélites
La ampliación del contrato ilustra una tendencia que gana peso en la economía espacial. Los gobiernos ya no demandan únicamente capacidad para colocar satélites en órbita, sino también servicios logísticos, transporte estratégico e infraestructura capaz de integrarse a operaciones militares.
Para Blue Origin, el acuerdo tiene un impacto financiero limitado por su monto. Sin embargo, representa un avance en un segmento considerado estratégico para la próxima década. Si el concepto de transporte suborbital de carga demuestra viabilidad técnica y económica, podría abrir un mercado completamente nuevo para los grandes lanzadores reutilizables y ampliar el papel de las empresas espaciales dentro de la infraestructura logística de defensa estadounidense.












