EL SILENCIO DE LOS INOCENTES.
El crecimiento del MAE, el cambio de fortuna de importantes operadores y la comprobación de que las turbulencias del mercado frenarán el anunciado ingreso masivo de los pequeños inversionistas (muchos de ellos frustrados por el fracaso de apuestas que parecían seguras) marcaron el clima de la primera mitad del año en el mercado de capitales.
En Millones de US$.
1992 MAE BCBA
Enero 376 725
Febrero 338 849
Marzo 1.046 1.064
Abril 1.065 1.206
Mayo 1.433 1.829
Junio 1.877 2.124
1º Sem. ´92 6.138 7.799
La sensación de catástrofe inminente se precipitó durante la última semana de agosto con una caída espectacular que en muchos papeles superó 50%. Para entonces, parecían haber perdido vigencia los argumentos, aparentemente razonables, que procuraban resucitar el optimismo: la firma del acuerdo definitivo del Plan Brady, la confirmación de que, antes de diciembre, la mayoría de las empresas públicas estará en manos privadas (o se sabrá quiénes se harán cargo de su explotación y las inminentes definiciones con respecto al régimen de fondos de pensión.
En medio del tembladerral, las marchas y contramarchas gubernamentales acerca de una anunciada y luego desmentida intervención del Estado en el mercado bursátil acentuaron la confusión.
Finalmente el proyecto oficial se concretó en la decisión de cambiar el actual método de colocación de acciones de empresas privatizadas. El mecanismo, que manejará el flamante Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), apuntará a escalonar las operaciones para evitar los efectos indeseables de un fuerte impacto en el mercado.
Así las cosas, difícilmente se repita el fenómeno Telecom, cuya licitación atrajo a amplios sectores, para los que la operación había dejado, a mediados de julio, una pérdida de 35% del capital invertido.
Tampoco les fue bien a quienes apostaron al debut en la Bolsa de tres compañías privadas: Decker, Sevel y Baesa. El terremoto bursátil probablemente determinará que las próximas licitaciones queden reservadas casi exclusivamente a los sectores interesados en la explotación de las empresas y a los operadores habituales del mercado, veteranos en este tipo de tempestades.
Las próximas ofertas de acciones de empresas que decidan abrir su capital, o las licitaciones del Estado con motivo de las privatizaciones, se concretarán en un marco mucho más técnico y menos propicio para las sorpresas.
AUGE DEL MAE.
Al margen de todo ello, uno de los aspectos más sobresalientes de este año en el mercado de capitales es el notable repunte en la participación del Mercado Abierto Electrónico (MAE) dentro del sector accionario. Esto se concretó como consecuencia del lanzamiento de las acciones de Telefónica de Argentina en noviembre del año pasado y de Telecom en marzo.
La incorporación de estas acciones a la plaza determinó que, en determinadas ruedas, los montos negociados con acciones dentro del MAE resultaran comparables a los de la Bolsa, con la particularidad de que en este último ámbito los negocios no se encuentran tan centralizados (normalmente alcanzan a más de 60 los papeles que gozan de una liquidez relativamente amplia).
Entre enero y junio, las operaciones realizadas en el MAE, tanto de acciones como de títulos, representaron 84,1% del total en el mercado de capitales.
Los negocios en el MAE se desarrollan en un marco de mayor libertad que en el mercado bursátil.
Como consecuencia de ello, muchos operadores excedieron sus posibilidades reales, y no pudieron cumplir normalmente sus obligaciones tras los repentinos vaivenes en las condiciones del mercado.
Estos problemas también afectaron a los agentes bursátiles, pero en este sector alcanzaron una dimensión menor, debido al mayor rigor de las regulaciones a que están sometidos, tanto por parte del Mercado de Valores como de la Comisión Nacional de Valores.
Esta última institución también ejerce el control sobre los operadores del MAE, pero las normas internas de esta entidad son mucho más flexibles que las de la Bolsa.
En los últimos meses hubo importantes cambios dentro del ranking de operadores del MAE. Durante la primera mitad del año, el liderazgo correspondió al Banco Morgan, que exhibió un notable repunte en marzo, abril y junio.
Debido a la fuerte caída de las acciones en junio y julio, las entidades financieras no pudieron seguir utilizando con éxito el mecanismo de las opciones bursátiles para abonar mayores intereses a los inversores. Las instituciones debieron hacer frente a los importantes quebrantos surgidos de la
diferencia entre los precios del mercado y los que se habían pactado en el momento de concretar el lanzamiento de las opciones.
En el ámbito bursátil, el liderazgo continuó en manos de Quilburs, estrechamente vinculado al Banco Quilmes, que se mantuvo al frente del ranking con sustanciales diferencias frente a sus escoltas.
Por el flanco de los Fondos Comunes de Inversión, el FIMA, relacionado con el Banco de Galicia, resultó el líder indiscutido.
El patrimonio conjunto de estas instituciones permite observar en toda su magnitud la verdadera caída en los precios bursátiles, aunque en la merma que muestran sus patrimonios gravitó también la decisión de muchos cuotapartistas de vender sus posiciones ante el temor de que los precios continuaran derrumbándose.
Los $ 289,3 millones que exhibían los patrimonios de estas entidades al 31 de julio equivalían a los negocios realizados en la Bolsa durante poco más de cinco ruedas, lo que confirma su escasa participación actual en el desenvolvimiento general de los negocios bursátiles. Hasta 1990 esa
relación variaba entre 30 y 50 ruedas.
Esto revela que la casi totalidad de la expansión que registró la actividad bursátil hasta comienzos de junio no pasó por estas entidades, a pesar de las que iniciaron sus actividades recientemente, que en general se caracterizaron por su escasa envergadura inicial.
Luis García.
EL MAE, A LA BUSQUEDA DEL NIVEL INTERNACIONAL.
La reciente asamblea de accionistas del MAE aprobó los nuevos estatutos de la entidad, que entre sus principales innovaciones incluye la autorregulación, el ordenamiento de las normas éticas a que deberán someterse los agentes y las disposiciones referentes a la cotización de acciones dentro del régimen de oferta pública.
Todos estos aspectos están destinados a obtener por parte de la Comisión Nacional de Valores la resolución que declare al MAE un mercado autorregulado y transparente, requisito fundamental para que los futuros fondos de pensión puedan adquirir sus títulos a través de este mercado.
De esta forma, el MAE pasaría a ostentar un status equivalente a los principales mercados del mundo, aunque la confiabilidad en sus operaciones no tendrá grandes variaciones con respecto al nivel actual, que según su presidente, Adolfo Lanús de la Serna, es muy satisfactorio.
Con respecto a la creciente participación del MAE dentro del mercado accionario (en junio y julio bordeó 47% y en la primera quincena de agosto llegó a 56%) Lanús de la Serna vaticina que en esta segunda parte del año esa tendencia continuará acentuándose.
Lanús de la Serna opina que los últimos cimbronazos tuvieron la virtud de obligar a muchos operadores e inversores a tomar conciencia de la verdadera magnitud de los riesgos posibles.
“Considero mucho más positivo que estas sacudidas se registraran ahora y no cuando estuviera más avanzado el proceso, porque en ese caso las consecuencias habrían sido mucho más graves, tanto para los inversores como para el mercado.”
Lo importante, sostiene el presidente del MAE, es que el mercado argentino siga internacionalizándose y avanzando en la obtención de mejores niveles en materia de transparencia, ética, seguridad, costos, profesionalidad y respaldo patrimonial.
L.G.
QUILBURS, A LA CABEZA DEL MERCADO.
Las cifras oficiales suministradas por la Comisión Nacional de Valores certifican que la sociedad de Bolsa Quilburs, vinculada con el Banco Quilmes, fue el principal operador del mercado bursátil durante la primera mitad del año. Al comienzo de sus actividades, en setiembre de 1990, la mayor parte de sus ingresos provenían de operaciones de pase, que en la práctica son simples transacciones financieras, consistentes en comprar al contado y vender en plaza normal.
Por lo tanto, su liderazgo fue cuestionado por muchos operadores, porque no respondía a negocios derivados de la compraventa de títulos y acciones. Esta situación se modificó totalmente, según afirma su vicepresidente, Antonio F. Longo: las operaciones de pase redujeron notablemente su gravitación dentro del desenvolvimiento de la empresa.
“Otra fuente fundamental de nuestro negocio se basa en las órdenes recibidas del Fondo Común vinculado al Banco y en la cartera de clientes de esta institución, que en todo el país alcanzan a 22.000 con saldos activos, a los que recientemente se agregaron 34.000 provenientes de los jubilados que recibieron por intermedio del Banco Quilmes los bonos previsionales”, explica Longo.
Además mantiene una relación personalizada con inversiones, que por sus operaciones requieren un trato distinto, entre los que se incluyen los que actúan con intensidad en el mercado de las opciones.
Quilburs posee dos acciones del Mercado de Valores, e inició las negociaciones para adquirir una tercera. “Nuestra intención es comprar otras en el futuro hasta alcanzar el máximo de cinco que permiten las disposiciones vigentes”, señala Longo. “De esa forma, estaremos en condiciones de contar con una mayor responsabilidad patrimonial, fundamental para afianzar nuestra posición en el mercado.”
Esto se complementa con la posibilidad de disponer de un mayor número de apoderados dentro del recinto (solamente se permiten dos por acción) y aumentar el poder político dentro del Mercado de Valores como sociedad anónima.
Según Longo, la fuerte caída de las cotizaciones a partir de la segunda quincena de junio no tuvo mayor repercusión en las finanzas ni en la rentabilidad de Quilburs, salvo en la merma de los ingresos derivada del menor volumen general de negocios en el mercado. Según el directivo, en todo momento la empresa mantuvo una política muy cautelosa en materia de opciones y a partir del vencimiento de abril “dejamos de utilizar esa operatoria como instrumento financiero”.
Con relación al mercado bursátil, Longo señala que las fuertes bajas de junio y julio obedecen a una gran depuración a partir de una importante sobrecompra. En su opinión, deberían modificarse los sistemas de licitación para las próximas ofertas públicas, ya que el utilizado en las acciones telefónicas, Decker y Sevel genera una gran distorsión entre el “precio de corte y el precio justo”.
L.G.
EL RIESGO CALIFICADO.
Desde setiembre, el mercado financiero contará entre sus instituciones a las compañías calificadoras de crédito, cuya función principal es ofrecer a los inversores un factor adicional de seguridad, merced a una evaluación del riesgo que asumirán al suscribir un título de deuda de una empresa.
La Comisión Nacional de Valores no concretará nuevas autorizaciones de oferta pública de títulos de deuda sin contar con dos calificaciones brindadas por estas compañías, según lo estipulado por el decreto 656 del 28 de abril.
En realidad, las empresas calificadoras de riesgo se limitan a brindar una opinión técnica independiente sobre la capacidad de una empresa para abonar las obligaciones que asume en el momento de emitir un título. Por lo tanto, estas entidades no tienen derecho de veto. La palabra final sobre la aprobación de la oferta pública queda reservada a la CNV.
Sin embargo, con su labor de orientación ayudan a un grado de desarrollo superior del mercado y permiten a los inversores en general, especialmente a los pequeños y medianos, juzgar mejor la solvencia patrimonial y financiera de las distintas empresas que acuden al mercado para impulsar sus actividades.
Las calificadoras de riesgo son empresas privadas y su evolución futura depende del grado de credibilidad que logren obtener entre los inversores. Por lo tanto, las que se dediquen a este negocio (hasta ahora hay una sola aprobada y cuatro iniciaron gestiones ante la CNV para obtener la autorización) deberán efectuar un cuidadoso estudio antes de brindar su calificación. Una opinión equivocada sobre una determinada empresa significará que en el futuro el mercado ya no tenga en cuenta sus opiniones.
Actualmente hay 15 países que recurren a las calificadoras de riesgo; en América, además de Estados Unidos, están México y Chile; donde se instituyeron en 1985, cuatro años después de que entraran en vigencia los fondos obligatorios de pensión.
La actividad comenzó allí a partir de un organismo estatal pero actualmente hay nueve compañías privadas que actúan en ese carácter. La experiencia chilena sirvió de base para su implantación en la Argentina, pero también se tuvieron en cuenta otros ejemplos internacionales.
Vale la pena tener en cuenta que una empresa puede obtener una calificación muy baja como tal, pero ello no obsta para que emita un título con las más altas calificaciones, ya que esta obligación puede tener las suficientes garantías, tanto en bienes físicos propios como de avales de terceros. Por lo tanto, cada obligación deberá tener su propia calificación al margen de la que tenga la compañía en forma individual.
L.G.
– Nueva herramienta –
LIMITACIONES Y OPORTUNIDADES DE LOS FONDOS PAIS.
Elogiados y criticados con parejo fervor, abren nuevas fronteras, pero no ayudan a capitalizar a las empresas.
Los profundos cambios que exhibió el mercado accionario a partir de la segunda mitad de junio pusieron nuevamente sobre el tapete el tema de los denominados Fondos País, que algunos elogian con vehemencia, mientras otros consideran que sólo logran sustraer negocios al mercado interno sin brindar ningún beneficio a los inversores locales y a las empresas emisoras.
Quienes los defienden a ultranza sostienen que constituyen una herramienta positiva para la capitalización empresaria, ya que de esa forma las compañías están en condiciones de llegar con sus acciones a los mercados internacionales donde se cotizarán los Fondos País, sin necesidad de someterse a los requisitos de cotización vigentes para negociar los títulos en forma directa.
Además, se les otorga una importancia significativa por lo que puede denominarse el efecto demostración de la seriedad y potencialidad del mercado local. En la práctica, estas entidades ponen de relieve que la actividad bursátil en el país de origen se realiza bajo reglas aceptables a nivel internacional en todo lo relacionado con información y controles.
Los críticos, en cambio, suelen argumentar que éstas son entidades cerradas, y no permiten la inclusión de nuevos participantes. Esto significa que, una vez obtenido entre los inversores internacionales el capital previsto del Fondo, los directivos disponen de cierto tiempo para comprar las acciones correspondientes; debido a que los fundadores conocen bien el mercado local, normalmente se llevan las mejores acciones, las que no vuelven al mercado, salvo que los directivos decidan modificar la composición original de la cartera suplantando un papel por otro.
De esta forma, contribuyen a restarles fluidez a las operaciones en el mercado local, especialmente en momentos de fuerte suba, e incentivan alzas en las cotizaciones por falta de una oferta adecuada.
CONTRADICCIONES.
Además, se da la paradoja de que, si algún inversor local está interesado en comprar cuotas del Fondo, debe enviar lo capitales al exterior, lo que genera una salida innecesaria de divisas para comprar acciones que pueden adquirirse en el propio país.
A estos aspectos negativos se suma el hecho de que las empresas emisoras tampoco resultan favorecidas por la constitución de estas entidades, pues al comprar acciones ya emitidas no posibilitan la entrada de nuevos capitales.
Esta sería en realidad una de las observaciones más importantes, porque esos Fondos cumplen con sólo uno de los objetivos de todos los mercados y entidades bursátiles: favorecer la compra de acciones asumiendo los riesgos propios de la inversión y los emergentes de la evolución de la propia empresa.
No cumplen, en cambio, con otro de los objetivos fundamentales de todo mercado de capitales, el de posibilitar la capitalización de las empresas.
En ese sentido, una innovación muy importante consistiría en obligar a las compañías que constituyan fondos de esa naturaleza a destinar una porción apreciable del capital (quizás entre 20 y 40%) a la integración de nuevas acciones ordinarias con o sin voto. De esa forma, los Fondos País tendrían una razón valedera para justificar su existencia, desde el punto de vista de un mercado emergente como el argentino.
L.G.
FINANZAS.
– Bancos que hacen negocios con el mundo –
LOS LIDERES EN COMERCIO EXTERIOR.
Citibank, Río y Boston marchan primeros en las operaciones bancarias de comercio exterior. Este liderazgo se mantiene si se consideran únicamente las exportaciones. En el campo de las importaciones, en cambio, aparece el Deutsche como número uno, seguido por Boston y Río. En cuanto a la tasa de crecimiento en esta actividad, el Mercantil registra un avance notable entre 1990
y 1991, y también exhiben incrementos importantes el Roberts, Galicia y Velox.
Una de las novedades de mayor importancia es la lenta pero progresiva aparición de líneas de crédito para apoyar las operaciones de comercio exterior, fuera del sistema de tasas subsidiadas por el Estado.
Como estrategia para mantener y ganar nuevos clientes en el campo del comercio exterior, los bancos han comenzado a ceder spread en favor de sus clientes. Por otra parte, el aumento de la capacidad prestable, fundamentalmente en dólares, ha inducido una rebaja de la tasa de interés.
“En materia de exportaciones, estamos muy activos en cereales, siderurgia y petróleo, mientras que en importaciones se nota un fuerte reequipamiento de maquinarias para la industria textil, la petrolera y todo lo relacionado con las comunicaciones telefónicas”, explican Rómulo A. Raposo y Enrique Tolosa, responsables del área en el Banco Río.
La comunicación A-1860 del Banco Central ha permitido contar con mayores fondos para financiar operaciones en América latina. El mecanismo consiste en que, si un banco del área, por ejemplo de Chile, tiene exceso de caja, se lo puede prestar a su banco central, que asume el riesgo país y a su vez lo presta al BCRA, que asume el riesgo comercial y se lo transfiere a un banco comercial local.
Juan C. Raschi, del Banco de Boston, coincide en que se están produciendo cambios favorables, pero advierte que el apoyo financiero es todavía para el corto plazo: “Las operaciones de largo plazo son muy difíciles de instrumentar porque los depósitos en dólares, aunque se han duplicado desde marzo del año pasado, están colocados en el corto plazo, entre 30 y 90 días”.
