miércoles, 10 de junio de 2026

    Servicios caros y deficientes

    Adelco recordó que desde noviembre último las compañías telefónicas podrán ser sancionadas por la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CNT) si no cumplen con el reglamento del servicio básico.

    En octubre pasado, Telecom y Telefónica recibieron 827 quejas canalizadas por la entidad de defensa del consumidor sobre 2 millones de líneas en funcionamiento. Más de la mitad por falta de servicio y casi 30% por exceso de pulsos en la factura. En seis meses se contabilizaron 5.760 reclamos, de los cuales se dio respuesta a 4.708. El Movimiento de Usuarios Telefónicos, que atiende en la Cámara de Diputados, canalizó 7.000 protestas en 11 meses.

    Ambas empresas sostienen que en un año redujeron a la cuarta parte el promedio diario de teléfonos descompuestos. El usuario, según la encuesta encargada por MERCADO, no aprecia que haya sido para tanto. La evaluación de la calidad del servicio telefónico se divide por tercios: 20% de satisfechos, 19% más o menos y 17% disconformes; 44% declaró no tener teléfono. La clase media se destaca entre los que están a favor y los sectores más pudientes (en especial desde la Capital) son los más críticos. Las proporciones se repiten en lo referente a la telefonía pública, aunque entre los disconformes se inscriben los niveles sociales más bajos. Donde los juicios se cohesionan es en cuanto a la tarifa, que más de la mitad considera muy cara o más o menos. Los mayores de 60 años y la clase media se inscriben entre los primeros, mientras que los más pudientes se enrolan en la fila de los moderados. La tercera parte de la población no usa teléfonos públicos.

    De los restantes servicios públicos la compulsa rescata (merced a los jóvenes y sectores sociales más altos), en las tres cuartas partes de las opiniones, la calidad en electricidad y gas y sitúa en el nivel más bajo a los ferrocarriles, donde nada más que 5% se manifiesta satisfecho. La mayoría de los disconformes es abrumadora. Prevalecen los hombres de 30 a 45 años y las capas sociales más bajas.

    Los jóvenes aparecen como más indulgentes.

    Casi dos tercios se muestra entre poco y nada satisfecho con el autotransporte de pasajeros. En los precios de los servicios las proporciones se invierten. La electricidad es considerada entre muy y más o menos cara por 80% de los consultados, mientras que en el gas las opiniones están repartidas. Los porteños y los niveles más altos adhieren a la postura más moderada.

    En cambio, con el transporte la mayoría no hace hincapié en el precio. Inclusive, los jóvenes y los que viven en la Capital estiman que el colectivo resulta barato. Lo mismo se advierte con los trenes. El rasgo distintivo de unos y otros reside en la magra calidad que se aprecia en el servicio.