jueves, 14 de mayo de 2026

    La hora de la logística

    Cuando Saddam Hussein invadió Kuwait en 1990 y Estados Unidos decidió contener el expansionismo iraquí, comenzó una gigantesca y exitosa misión militar que, además de una victoria, dejó como saldo el nacimiento de un héroe estadounidense: el victorioso comandante, general Norman Schwarzkopf.

    Si Oscar Andreani, presidente de la empresa de transporte y correo privado que lleva su nombre, tuviera la posibilidad de escoger la figura más relevante de esa contienda, elegiría sin vacilar a un desconocido militar, el teniente general William G. Pagonis. Este oficial fue quien estuvo a cargo de la logística aliada durante la guerra del Golfo, y tuvo que coordinar el transporte y el servicio de 122 millones de comidas, manejar una red de transporte cuyos conductores recorrieron 83 millones de kilómetros, y distribuir 500 toneladas diarias de correo capaces de cubrir íntegramente 28 estadios de fútbol.

    Andreani no tendría dudas en suscribir las declaraciones de Pagonis. “La logística es la integración de transporte, distribución, almacenamiento, mantenimiento, contratación y automatización en una sola función que permite el cumplimiento total de una estrategia particular, objetivo o misión”.

    Desde la vertiente militar, y de la mano de este experto, los empresarios tendrán mucho que aprender sobre esta disciplina. Su libro (Moving Mountains), que acaba de aparecer en Estados Unidos, será fuente de experiencia e inspiración para empresas que operan en campos variados.

    CRISIS IGUAL A OPORTUNIDAD.

    Oscar Andreani vive una contradicción: su racionalidad y su pensamiento lo convierten en firme defensor de la estabilidad económica, de la apertura comercial, de la competencia y, sobre todo, del crecimiento sostenido. Pero su instinto le dice que cada crisis es una oportunidad, y ha tenido en el pasado abundantes oportunidades de acertar.

    Como los viejos lobos de mar, se agranda en la tormenta. Disfruta las intensas emociones de los desafíos y está convencido de que, cada vez, como las anteriores, llegará a buen puerto. Próximo a cumplir 50 años, Oscar Andreani percibe que está a punto de solucionar este conflicto interior.

    Esta vez, dice con convicción, la crisis no será devaluación, hiperinflación o alguna de las catástrofes a que estábamos acostumbrados. Por primera vez, los riesgos provendrán de la necesidad de reducir costos, de crecer en nuevas áreas, y de repensar toda la actividad de manera distinta.

    En ese terreno se siente seguro. Lleva años preparándose para cuando las reglas del juego sean eficiencia, calidad en el servicio y una gestión inteligente e innovadora.

    Andreani ha sido, definitivamente, una empresa familiar. Todavía lo sigue siendo, aunque la profesionalización y amplitud de sus cuadros directivos, altos y medios, sea ya un hecho evidente.

    Mañana, cabe la posibilidad de que deje de serlo, aunque la flota de vehículos seguirá ostentando el nombre Andreani como divisa.

    Seguramente por respeto a estos orígenes, Oscar Andreani se dispone disciplinadamente a contar la historia que, le consta, parece tener atractivo periodístico. Los humildes orígenes en Casilda, provincia de Santa Fe; la llegada a Buenos Aires a finales de la década de los ´60; la transformación de una simple empresa de cargas en una de transporte especializado; la irrupción en el campo de los correos privados.

    El año 1978 fue un punto de inflexión en la vida de la empresa. En ese momento se produjo la primera reconversión. De una convencional firma de transporte de cargas, se pasó a otra donde lo que importaba era el transporte y entrega en 24 horas, como ocurrió primero con las revistas nacionales editadas en Buenos Aires que debían llegar a todas las plazas del interior “antes que con el avión”, y luego con los productos de los principales laboratorios farmacéuticos.

    Hubo que rediseñar -internamente- la nueva flota de vehículos (para darles mayor velocidad) y pensar y transformar el papel que debía cumplir cada empleado de la firma. En la nueva estructura, cada conductor que salía a la ruta con su unidad se transformaba en “el gerente de una división móvil de la empresa”. Debía atender las demandas del cliente, solucionar los problemas que se presentaran, y recurrir a su propia imaginación para superar cualquier escollo. La consecuencia de este ejercicio: se estableció el modelo de una empresa de carga y entrega en 24 horas, prácticamente a cualquier punto del país.

    El paso siguiente era una consecuencia inevitable de esta concepción: el crecimiento estaba en el valor agregado, en los nuevos servicios que podían montarse sobre esta dinámica del flete que permitía alcanzar una plaza importante del país situada a 1.300 o 1.500 kilómetros de la Capital en cuestión de horas.

    “Aquí es -recuerda Oscar Andreani- donde surge nuestra diferenciación. Pasamos a ser una empresa especializada en logística. Además del transporte, la distribución y todos los servicios posibles de agregar a solicitud del cliente o a sugerencia nuestra. Esta gimnasia, esta acumulación de experiencia lleva ya 12 años.”

    MEJORAR EL MODELO.

    El principal aporte en el perfeccionamiento del modelo fue el de la propia experiencia. Pero el aguijón impulsor seguía siendo el mismo: cómo crecer. Así fue como en 1982 -previa autorización de Encotel- apareció Andreani Postal, y luego la actividad de courier internacional. El volumen de negocios de la firma permitió, por un lado, la contratación de asesores y gerentes profesionales de primer nivel; y simultáneamente lo exigió, dada la complejidad de la operación montada. La experiencia de las grandes empresas internacionales que operan en el mismo ramo permitió incorporar nuevos mecanismos que integraron más las distintas actividades envueltas en el servicio que presta la firma.

    Oscar Andreani sostiene con orgullo que lo que importa en el estilo de gestión de la empresa es la tarea en equipo del nivel gerencial. Esa conducción profesional, reclutada en el mejor nivel gerencial del país, modificó sustancialmente la clásica estructura de una empresa familiar. Si bien Andreani

    refuerza la idea de la creación colectiva, todavía es visible la importancia de la impronta individual del presidente. Como dirían los especialistas -aunque no le guste mucho a Andreani- es un caso donde el liderazgo coincide con el poder accionario, y es todavía determinante en el proceso de toma de decisiones.

    Las estatuillas de dos leones que reposan sobre una mesa baja en el despacho de Andreani fueron testigos privilegiados de la reunión de tres días de toda la plana mayor, donde se fijaron las metas para 1993. Y muy especialmente, para algunas novedades que a partir de marzo próximo pueden sacudir la modorra del verano y despertar a la competencia, si es que hay alguien dormido. La síntesis de esas jornadas es un lema muy expresivo, a tono con los famosos leones: “Garra y actitud positiva”.

    ¿Cuáles son las oportunidades de negocios que conviene explorar en el futuro cercano? Para Andreani, la respuesta es de fácil elección. Por un lado, el extraordinario crecimiento y el potencial de todo el sector servicios, y, por el otro, su combinación con las comunicaciones. En especial con la informática, entendida como la conjunción del adelanto en telecomunicaciones y en computación.

    “El crecimiento en el área de servicios no tiene límites. Todo depende de la creatividad y de la innovación de la gente que trabaja en ellos.” Andreani se prepara para un año difícil pero intenso.

    Todos los que están en el juego -y los que están por llegar, como algunas firmas extranjeras, también- aguzarán la imaginación para captar nuevas porciones de mercado. Para ello confía en la excelencia de los recursos humanos -3.000 personas trabajan en la empresa- y en la calidad del servicio que está en condiciones de brindar Andreani.