Cobrar desde el exterior: una guía de ikigii para reducir fricción y costos

El cobro de servicios para clientes internacionales suma comisiones, spreads y demoras que pueden recortar hasta 10% lo facturado, en un contexto donde la contratación de talento argentino por empresas del exterior creció 25% en 2025 y Buenos Aires figura entre las ciudades con más trabajo remoto a nivel global

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Trabajar para clientes del exterior se volvió parte de la rutina de miles de profesionales en Latinoamérica, con un crecimiento marcado en Argentina. En ese escenario, el cobro de honorarios en dólares o criptomonedas aparece como un punto crítico por la cantidad de intermediarios, las demoras y los costos que se acumulan hasta que el dinero puede usarse localmente.

El Reporte de Contratación Global 2025 de Deel, publicado en marzo de 2026, señaló que la contratación de profesionales argentinos por empresas del exterior aumentó 25% en 2025, y ubicó a Buenos Aires entre las ciudades con más trabajo remoto a nivel global. En paralelo, la Ciudad de Buenos Aires se ubica en el cuarto puesto como la ciudad de Latinoamérica con mayor cantidad de contratos remotos.

En la región hay más de 15 millones de trabajadores independientes, de acuerdo con estimaciones difundidas por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Para ese universo, el circuito de cobro suele exigir varias capas: una plataforma para recibir el pago, otra para transferir, otra para convertir moneda y otra para retirar o gastar. Ese encadenamiento agrega fricción entre el momento en que el cliente paga y el instante en que el profesional puede disponer del dinero en su país.

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Los costos no se concentran en una sola tarifa. En el recorrido aparecen comisiones de entrada y salida, diferencias cambiarias por el tipo de cambio aplicado, costos interbancarios, demoras y saldos inmovilizados. En ese marco, la acumulación de cargos puede traducirse en una pérdida de hasta el 10% del valor total facturado. A escala global, el informe *The Global Freelance Payment Methods Report* estima que la economía independiente mueve un volumen transfronterizo de US$ 847.000 millones anuales, aunque las demoras y las tarifas transaccionales pueden recortar entre 3% y 8,7% los ingresos netos.

La secuencia típica de un pago internacional incluye el ingreso del dinero a un procesador, la aplicación de una comisión o un tipo de cambio menos favorable, el traslado del saldo a otra cuenta o billetera y nuevas conversiones antes de poder utilizarlo localmente. La pérdida de valor, además, suele concentrarse en cuatro puntos: comisión de entrada, comisión de salida, diferencia cambiaria y costo de tiempo.

En ese contexto, una guía elaborada por ikigii propone evaluar el costo total —incluido el *spread* cambiario—, la velocidad de acreditación, la cantidad de intermediarios, la moneda de cobro y de uso, y la facilidad para mover fondos. También plantea que el cobro en criptomonedas puede ofrecer mayor velocidad, con transferencias al instante, y menos intermediarios, al tiempo que requiere verificaciones previas en el envío: “Usar una red no compatible entre emisor y destinatario puede ocasionar la pérdida de los fondos”.

Gabriel Campa, head de digital assets de ikigii by Towerbank International Inc., sintetizó el enfoque del problema: “La problemática no es solo cobrar, sino poder administrar ese ingreso sin fricción: recibirlo, convertirlo y usarlo sin que el dinero pierda valor en el camino”. Y agregó: “Cuando el trabajo, el cliente y el pago están en países distintos, el sistema financiero debería facilitar la operación, no obligar al usuario a encadenar múltiples aplicaciones, conversiones y transferencias para disponer de su propio dinero”.

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