sábado, 11 de julio de 2026

Juan Domínguez: la conectividad como base de las smart cities

El directivo plantea que las ciudades inteligentes dependen de redes sólidas, seguras y escalables para operar en tiempo real, y ubica a Wi‑Fi 7 como un salto por su capacidad, menor latencia y gestión de tráfico.

La discusión sobre smart cities suele enfocarse en la tecnología visible: sensores, cámaras, plataformas, aplicaciones y dispositivos conectados. Juan Domínguez, director de ARTIC, propone un recorte distinto: el diferencial no está en sumar herramientas, sino en la capacidad de transformar esa tecnología en mejores decisiones y servicios públicos, con mayor eficiencia operativa y calidad de vida.

En esa mirada, el concepto central es la conectividad: “La conectividad ya no es un accesorio técnico. Es la infraestructura invisible sobre la cual se construye la ciudad del futuro”. El planteo parte de una condición previa: sin una red sólida, segura, escalable y de alto desempeño, los proyectos de transformación digital quedan limitados desde su origen.

La exigencia, según el directivo, es operar en tiempo real. Para eso, las ciudades necesitan conectar personas y una trama amplia de sistemas y dispositivos: sensores, cámaras, edificios públicos, centros de monitoreo, sistemas de transporte, espacios educativos, servicios de salud, soluciones de seguridad y plataformas de gestión, además de “miles de dispositivos que generan información de manera permanente”, señaló Domínguez. En ese esquema, la información adquiere valor cuando puede circular con estabilidad, baja latencia, seguridad y capacidad suficiente.

El diagnóstico incluye una advertencia sobre el entorno urbano: no se trata de un espacio controlado. La operación cotidiana convive con alta densidad de usuarios, interferencias, condiciones climáticas variables, zonas de difícil cobertura, picos de demanda y servicios que no pueden fallar. En consecuencia, la infraestructura de conectividad requiere una visión de largo plazo: no alcanza con resolver la demanda actual, sino que deben diseñarse redes preparadas para el crecimiento de los próximos años.

Dentro de esa hoja de ruta, Domínguez ubica a Wi‑Fi 7 como un salto clave. La referencia excede el aumento de velocidad: incluye mayor capacidad, menor latencia, mejor eficiencia espectral, operación multibanda, mayor estabilidad en entornos densos y una gestión de tráfico más inteligente. Ese conjunto, en su planteo, habilita casos de uso que antes eran difíciles de sostener: analítica urbana en tiempo real, inteligencia artificial aplicada a la gestión pública, videovigilancia avanzada, monitoreo ambiental, movilidad inteligente, educación conectada, salud digital, espacios públicos hiperconectados, IoT masivo y futuros gemelos digitales urbanos.

El enfoque cierra con una definición sobre el sentido de la digitalización urbana: la tecnología, por sí sola no vuelve inteligente a una ciudad. La inteligencia aparece cuando infraestructura, datos e innovación se integran en una estrategia centrada en el ciudadano, con eficiencia y también con inclusión y cercanía a las necesidades reales de la comunidad. En esa línea, ARTIC sostiene que la conectividad urbana debe pensarse como infraestructura estratégica, como base para que gobiernos, empresas y comunidades construyan nuevos modelos de gestión, operación y desarrollo.