miércoles, 29 de abril de 2026

    La penitencia elegida

    El ex ministro de Hacienda de Chile conversó largamente con MERCADO en la ciudad de Mendoza, adonde fue invitado por la Fundación para el Empleo y la Producción, para asistir a un seminario sobre la actividad minera. Actualmente dedicado a asesorar a empresas y gobiernos (recientemente viajó a Bangladesh para transmitir su experiencia en materia de privatizaciones), el hombre a quien muchos señalan como autor del despegue chileno mantiene una posición de apoyo crítico al plan de convertibilidad de Domingo Cavallo. La Argentina, dice, está pág. ando el pecado de la hiperinflación, pero no debería demorar mucho más el paso hacia una estrategia de crecimiento y proyección hacia el mundo.

    Durante mucho tiempo los argentinos escucharon hablar del “milagro chileno”. Ahora, comienza a hablarse del “milagro argentino”. Sin embargo, da la impresión de que las simetrías no son tantas. En el caso chileno ha habido un perfil exportador y de crecimiento que en la Argentina aún está lejos de percibirse. ¿Cuál su percepción acerca de estas dos experiencias?

    -Yo diría que la diferencia fundamental no está en los modelos, sino en las situaciones.

    Conceptualmente, los principios de libertad económica, privatización, equilibrio macroeconómico, están en los dos lugares. Lo que sucede es que, debido a la necesidad que tenía la Argentina de lograr una estabilidad en sus precios, después de varios intentos fallidos de controlar la hiperinflación, y con una posición externa sólida, se ha utilizado el tipo de cambio como elemento pivote para lograr la estabilidad. Y eso, sin duda, está teniendo consecuencias en el sector exportador.

    Yo reconozco mi sesgo; creo que cuanto más rápido se pueda pasar a tener un fuerte incentivo exportador y una fuerte competitividad, mejor.

    – Es inevitable preguntarse si el terreno perdido en los mercados internacionales puede recuperarse en el momento en que el país decida adoptar una política de ese tipo.

    – El arte de la economía radica en cuán rápidamente se combina el pág. o de este costo, que significa detener el proceso inflacionario, con las políticas necesarias para evitar que ese costo deje de seguir acumulándose, y dejen de perderse las oportunidades. Porque, naturalmente, a medida que pasa el tiempo, las empresas dejan de mirar al mundo, empiezan a preocuparse por otros problemas. Yo creo que lo más importante es la capacidad que tengan ustedes de proyectarse al mundo, porque son ustedes los que deben buscar mercados. Y, obviamente, otros los habrán encontrado primero.

    A nosotros -y eso me tocó vivirlo especialmente en la década del ´80- nos correspondió darle una prioridad muy importante a no perder la competitividad; las circunstancias eran distintas. El precio que tuvimos que pagar fue que la detención del proceso inflacionario chileno resultó más lenta.

    Aún hoy tenemos tasas de inflación de 12% anual, y ustedes pretenden llegar mucho más rápidamente a una inflación menor. Son decisiones, a mí me pareció la única opción razonable para Chile: no teníamos una posición externa sólida y el mundo no estaba financiando a los países en desarrollo como lo está haciendo ahora; por lo tanto, era el único camino.

    – ¿Usted cree posible compensar el atraso cambiario con otras medidas para bajar el llamado “costo argentino”?

    – Se pueden usar muchos índices para determinar el atraso del tipo de cambio. Pero cuando uno investiga lo que está pasando en las distintas empresas, para averiguar si existen la voluntad y el incentivo de buscar mercados nuevos, cuál es la competencia que están teniendo, y encuentra sistemáticamente un sesgo negativo, evidentemente existe un problema de competitividad. Eso lo saben las autoridades argentinas, por eso están trabajando en otros frentes para bajar los costos, y me parece legítimo, es razonable que ése sea el primer intento.

    – Chile pasó de un modelo exportador tradicional a buscar segmentos muy específicos y altamente rentables. ¿Esto formó parte, también, de la política económica durante su gestión?

    -Yo estoy convencido de que son las empresas privadas las que deben encontrar los nichos apropiados en el mercado internacional. Lo que debe preocupar a las autoridades es asegurar las condiciones para que las empresas privadas puedan ser rentables, que las relaciones de precio sean las adecuadas. Ahora bien, en este proceso de contener la inflación usando el tipo de cambio, mientras se demoran en bajar los costos por otras vías, no están los incentivos, y aunque las empresas quieran, no pueden encontrar esos nichos. Esa es la penitencia que ustedes eligieron por el pecado de la inflación. Ahora, lo que uno espera es que el perdón llegue de la manera más breve posible, pero también eso depende de ustedes. Yo los he visto discutir durante meses una reforma previsional que sin duda va a traer mejorías en el mercado de capitales y en los costos de las empresas.

    – ¿No existe, sin embargo, una tendencia a crear expectativas exageradas con respecto a los beneficios que pueda traer la reforma del régimen de jubilaciones, sobre todo en el terreno del mercado de capitales?

    – Yo le diría que, efectivamente, la reforma tiene efectos muy importantes; ahora bien, si la pregunta es si esos efectos marcan la diferencia entre que un país salga del subdesarrollo o no, la verdad es que no.

    Cuando se crean las reglas de una economía de mercado competitiva es como poner las piezas de un rompecabezas sobre la mesa, no se consigue nada con poner una, hay que poner las suficientes para que las personas vayan percibiendo cuál es el cuadro que está representando ese rompecabezas, y ése es el dilema, porque mientras más se demore en poner esas piezas en forma suficientemente demostrativa de cuáles son los incentivos, más larga es la penitencia.

    – Chile se retiró del Pacto Andino en 1976 y se ha mostrado reticente con las iniciativas de integración regional, particularmente con el Mercosur. ¿Se trata de una posición ya irreversible?

    – En esto existe consenso entre el gobierno y la oposición: todos los acuerdos regionales que sean compatibles con una apertura muy amplia, como la chilena, son bienvenidos; no lo son aquellos que nos coloquen en dificultades para mantener esa apertura. En el caso del Mercosur, uno tiene que preguntarse cuáles son los aranceles que va a tener ese mercado común a partir de 1995. Brasil está aplicando un arancel máximo de 35% en algunos rubros, la Argentina está con 20%, más tasa de estadística, etc. Chile está en 11% y la estrategia apunta a llegar a menos. ¿Debemos sacrificar

    nuestra estrategia? Eso no es conveniente para Chile.

    Se supone que el “premio” por participar en el Mercosur es el mercado brasileño. Pero cambiar nuestra política arancelaria para ganarlo descolocaría a todos nuestros productores de frutas en Europa y Estados Unidos. Eso sería perder el 96% del mundo a cambio del 4%. Brasil es una economía de US$ 450.000 millones, que es una cifra importante, pero al fin y al cabo eso equivale a la suma de Suiza más Suecia.

    En cambio, nos interesa el Nafta, porque no impone un arancel, es un mercado donde está 30% del producto del mundo, y ni siquiera obliga a coordinar políticas.

    – Uno de los argumentos que utilizan los promotores de la reelección presidencial en la Argentina es que un cambio en el gobierno pondría en peligro la continuidad del plan económico. Quizá usted podría dar un testimonio en contrario. Su candidatura fracasó, pero el plan se mantiene.

    – Yo creo que el presidente Menem va a pasar a la historia si logra, dentro de su actual mandato, completar los pasos que él mismo se ha propuesto. Ya logró un cambio notable, y tendrá una estatura que el tiempo le reconocerá. Creo que entre las virtudes que ya ha demostrado tiene una gran habilidad política, y ojalá la demuestre en este proceso, sabiendo hasta dónde puede llegar sin comprometer su verdadero bagaje para pasar a la historia, que es haber puesto a la Argentina en un nuevo camino.

    En cuanto a mi propia experiencia, estoy seguro de que, si en 1985 o 1986 hubiera habido un cambio de gobierno en Chile, la política económica no se habría mantenido. El proceso final de cambio de la oposición se dio cerca de 1990.

    – ¿Usted ha dado por concluida su carrera política?

    – Todos tenemos oportunidades y tiempos, yo los tuve y los usé del modo que creí más conveniente.

    Hoy, no creo que yo pudiera representar una diferencia para Chile. Nunca pensé que ser presidente o ministro fuera tan importante, lo importante son las políticas. Y mi posición va a ser siempre ésa. Me he marginado de la discusión política chilena porque no creo que estén las condiciones para que yo participe; si alguna vez se dan, volveré a hacerlo.