Mundial 2026: seguridad por US$ 1.000 millones y tecnología que ya se aplica en Argentina

Con un operativo que Estados Unidos estima en US$ 1.000 millones y Canadá en US$ 145 millones, la Copa del Mundo 2026 incorpora anillos de control, videovigilancia y sistemas antidrones, mientras en el mercado local ya se usan accesos con QR y credenciales en clubes y eventos

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La Copa Mundial de Fútbol 2026 se presenta como un caso de referencia por la escala del operativo de seguridad y por la incorporación de tecnologías que combinan control de accesos, videovigilancia y automatización de centros de monitoreo. En un contexto global que elevó la preocupación por la seguridad en grandes eventos, el torneo quedó asociado a un modelo de despliegue intensivo y de múltiples capas.

Estados Unidos destinará alrededor de US$ 1.000 millones a la seguridad del Mundial 2026, en un esquema que el secretario de Seguridad Nacional Markwayne Mullin comparó con “la organización de 78 Súper Bowls”. En paralelo, el Gobierno de Canadá asignó US$ 145 millones exclusivamente para este rubro. Las cifras reflejan el peso que adquiere el componente preventivo en la organización, con impacto directo en logística, coordinación operativa y experiencia del público.

Alejandro Kontos, director ejecutivo de CASEL, cámara organizadora de Intersec Buenos Aires 2026, planteó que “la organización de un evento con más de 80.000 asistentes representa uno de los mayores desafíos en materia de seguridad, logística y coordinación operativa”. En el mismo análisis, sostuvo que “la seguridad dejó de ser un conjunto de dispositivos aislados para convertirse en un ecosistema tecnológico integrado”, con una infraestructura “comparable a la de una pequeña ciudad inteligente”.

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Una de las claves que atraviesa estos desarrollos se resume en la máxima “más abarcativo y menos visible”. El despliegue comienza antes del ingreso a los estadios, con redes de videovigilancia conectadas a centros de comando que controlan accesos, estacionamientos, estaciones de transporte y zonas de concentración. A medida que avanza la multitud, los sistemas de control de accesos —entradas digitales, códigos QR y credenciales electrónicas— permiten gestionar el ingreso de decenas de miles de personas en cuestión de minutos.

Gabriel Bruno, gerente de marketing de Big Dipper, describió un cambio de enfoque: “Hasta hace no muchos años, el paradigma de la seguridad eran las cámaras destinadas a identificar al autor de un hecho, no a prevenirlo”. Además, explicó el giro hacia la anticipación y la automatización del monitoreo: “Hoy en día cada operador revisa 50 o 60 cámaras”.

En el Mundial, la seguridad se ordena en tres anillos. El exterior establece un perímetro de hasta 1,5 kilómetros con miles de efectivos y acceso restringido; el medio concentra filtros de revisión física y controles de objetos prohibidos; y el interno incorpora reconocimiento facial con IA, torniquetes biométricos y videovigilancia con analítica de comportamiento, integrados en un Centro de Comando Inteligente. También se suma un cuarto anillo: sistemas antidrones en el espacio aéreo, identificados como la tecnología más costosa del operativo.

En Argentina, parte de estas soluciones ya se utiliza en estadios, clubes y otros eventos. Giuliana Colanero, directora de Intelektron, señaló que “la lógica que hoy se ve en el Mundial también está muy presente en la Argentina”, con ingresos que pueden combinar QR, lectura de documentos de identidad, credenciales físicas, pases temporales o reconocimiento facial. En ese esquema, advirtió sobre la necesidad de integrar software, lectores y barreras físicas: “un QR válido no sirve de mucho si la persona puede pasar por el costado”.

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