Tecnología y consorcios para detectar incendios rurales en la “hora de oro”

La Red de Manejo del Fuego Rural propone priorizar la detección temprana con satélites y cámaras con inteligencia artificial, para intervenir en los primeros minutos y evitar que un foco escale, en un esquema que requiere financiamiento compartido entre Estado, sector privado, municipios y organismos internacionales como el BID

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La Red de Manejo del Fuego Rural plantea que, en un escenario de cambio climático global, la estrategia frente a incendios rurales y forestales debe correrse del foco exclusivo en la extinción hacia la detección temprana y el ataque inicial coordinado dentro de la “hora de oro”. El objetivo es intervenir cuando el fuego todavía puede ser contenido con recursos acotados y antes de que se convierta en un evento de gran escala, con impacto sobre biodiversidad, producción y seguridad humana.

La ventana operativa es estrecha. “Un foco detectado en los primeros 5 minutos puede ser controlado facilmente; dos horas mas tarde, puede transformarse en un incendio catastrofico e inmanejable”. Sobre esa base, la propuesta enfatiza la necesidad de sistemas que reduzcan al mínimo el tiempo entre la aparición del foco y la respuesta en el territorio.

El esquema de detección se apoya en dos familias de tecnologías complementarias. Por un lado, los instrumentos geoespaciales, con satélites geoestacionarios como GOES-16, que envían imágenes completas cada 10 o 15 minutos. Esa frecuencia permite observar anomalías térmicas casi en tiempo real, aunque la menor resolución dificulta registrar focos a pocos minutos de iniciados.

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En paralelo, los satélites de órbita baja o polares —Terra, Aqua, Suomi NPP y Sentinel— pasan sobre una misma zona entre dos y cuatro veces al día. Al operar más cerca de la Tierra, incorporan sensores infrarrojos térmicos con precisión para captar focos pequeños y delimitar áreas afectadas, aunque con una brecha temporal mayor entre pasadas. A nivel local, se incluye el aporte de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae): Argentina cuenta con los satélites SAOCOM 1A y 1B, que operan mediante radar y generan mapas de humedad del suelo para identificar zonas críticas de sequedad antes de que ocurra la ignición.

El segundo componente son las cámaras con inteligencia artificial instaladas en estructuras elevadas o torres de telefonía, con un radio de cobertura de ocho a 15 kilómetros. Combinan cámaras ópticas de alta resolución, con visión computacional para diferenciar humo incipiente de nubes o niebla, y cámaras infrarrojas y térmicas para detectar radiación de calor durante la noche. Al identificar una anomalía, el sistema calcula coordenadas mediante triangulación láser y envía una alarma inmediata con imágenes al centro de operaciones, con alertas en menos de dos a cinco minutos.

La integración entre satélites y cámaras aparece como condición operativa: el satélite aporta panorama estratégico y la cámara terrestre, velocidad para el ataque inicial. Sin embargo, el principal límite es el costo de escalar la cobertura. En Argentina, estas redes están lideradas principalmente por el sector forestal privado, concentrado en la Mesopotamia y el Delta del Paraná, mientras regiones con igual o mayor vulnerabilidad carecen de sistemas automatizados por falta de escala privada o presupuesto provincial o municipal.

Para extenderlos, se propone un modelo de gobernanza y financiamiento compartido entre Estado nacional y provincias —con integración con Conae, el Servicio Nacional de Manejo del Fuego y defensas civiles—, sector privado, municipios y comunidades rurales, además de organismos de financiamiento internacional como el BID o el Fondo Verde para el Clima. En ese esquema, los Consorcios de Manejo del Fuego se presentan como la estructura más eficaz para compartir infraestructura, coordinar alertas e integrar el despacho con bomberos voluntarios y defensa civil.

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