Una empresa originada en la Argentina se expande hacia Latinoamérica y busca horizontes en Estados Unidos y China. Se trata de Impsat, que da servicios de transmisión de voz, datos e imágenes vía satélite desde 1990 y nació gracias a las desregulaciones de 1988, mucho antes de las privatizaciones, para transformarse en la primera red privada nacional de telecomunicaciones.
Hace dos años se instaló en Colombia, donde ya invirtió US$ 20 millones y tiene contratos por más de US$ 30 millones, según señala Héctor Alonso, presidente de Impsat de Colombia.
Hace nueve meses desembarcó en Venezuela, donde en los próximos días terminará de formar la empresa con un socio local, cuyo nombre es un secreto guardado por Susana Gregori, gerente general de la filial venezolana, quien sin embargo admite que “aspiramos a tener 70% del mercado”.
“La cifra es conservadora si se tiene en cuenta la alta informatización que existe en los sectores financiero y petrolero”, se entusiasma Gregori, una ingeniera que en Caracas se permite soñar con su Mendoza natal.
En la Argentina, Impsat ha realizado inversiones por alrededor de US$ 100 millones y factura por más de US$ 40 millones anuales. En los últimos días de octubre cerró un contrato con la DGI, para operar toda la red de comunicaciones del ente recaudador, interconectando 130 puntos de todo el país; el contrato es por dos años y para Daniel Hourquescos, gerente general de Impsat, es sólo la
primera etapa.
“Cuanto más nos expandimos, más sinergia podemos dar a nuestros clientes”, dice Hourquescos. Tal vez por eso, desde hace un par de años Impsat mantiene un grupo de observadores en Brasil, aguardando una nueva política de telecomunicaciones y a la vez expectante por las alternativas del Mercosur; otro tanto hace en Chile y México. Seguramente, Impsat apunta a tender y operar una red panamericana. Su presencia en los países con mayor actividad económica denota el interés en ir penetrando un mercado recién nacido con perspectivas de desarrollo significativas.
Entre Argentina, Colombia y Venezuela, Impsat maneja contratos por sumas impactantes. Pero es una empresa inquieta, que indaga el mercado mundial, sabiendo que sólo en Europa Oriental se invertirán más de US$ 60.000 millones en una década para impulsar las telecomunicaciones.
El presidente de Impsat, Ricardo Verdaguer, afirma que “la mejor alternativa disponible hace apenas dos o tres años puede transformarse hoy en una mala opción. Hay que saberlo, estar presente. Sin capacidad de investigación y de cambio no seríamos útiles o dejaríamos rápidamente de serlo”.
Hourquescos explica que “nuestro crecimiento se basa en invertir en tecnología”. Asegura que controlan 90% del mercado nacional y duplican las operaciones anualmente. La expansión de la empresa, señala, “se potencia porque existe un vínculo confiable, una red que permite nuevos servicios de valor agregado”.
Bancos, aseguradoras, industrias como Alpargatas, Bagley y Acindar, petroleras como YPF, Shell y Esso, empresas periodísticas como Página 12 o la agencia estatal Telam forman parte de cerca de dos centenares de clientes de primera línea, que utilizan 945 microestaciones VSAT; 1.649 circuitos de
teledatos; cinco telepuertos regionales, 143 estaciones dataplus, atendidos por unos 170 profesionales y técnicos.
PECOM NEC.
– La industria gana con la industria –
Casi un tercio de las centrales públicas que vienen adquiriendo Telecom y Telefónica son provistas por Pecom Nec, gestada en la Argentina en 1978 por una sociedad entre Pérez Companc y la compañía Nec de Japón. Desde aquella época se convirtió en proveedor de ENTel y también desde entonces el ingeniero Kazunori Kosaka, llegado al país cuando tenía cinco anos, es el manager de la compañía que exhibe un rostro japonés y un corazón argentino.
“A nosotros -señala Kosaka- nos resultaría más fácil cerrar la planta e importar, como hacen nuestros competidores europeos. A Nec le convendría porque tendría más beneficios. Pero la compañía está muy contenta de tener una industria en la Argentina. Y nuestro socio está muy interesado en el
asentamiento industrial, más que en el comercial.”
El directivo de Pecom Nec argumenta que “el gobierno no nos acompaña. Queremos que haya una política lógica. Nosotros pagamos arancel por la importación de partes. En cambio, el que importa equipos es como si trajera bienes de capital y tiene un arancel cero. La industria argentina está
penalizada. Y aquí los socios de Pecom Nec estamos perdiendo dividendos”.
Para contraponer a las críticas un esbozo de propuesta, Kosaka señala que “las industrias nacionales deben tener por lo menos los mismos derechos que los importadores. En la Argentina sueñan con inversiones japonesas, pero para eso tienen que mostrar una política coherente, con igualdad de tratamiento”.
AL CALOR DE LA ESTABILIDAD.
Pese a todo, Pecom Nec disfruta del boom del mercado nacional. Más de 900 personas trabajan en su planta industrial y la facturación anual ronda ya los $ 150 millones. Las expectativas son alentadoras.
La empresa formada por las dos operadoras de telefonía básica para prestar servicios de valor agregado, Startel, acaba de negociar con Pecom Nec un convenio que los convierte en proveedores preferenciales de tecnología VSAT para la transmisión satelital.
Para Kosaka la situación del sector es interesante. “Existe una gran competencia y esto obliga a las empresas a optimizar su eficiencia. En el caso de telecomunicaciones, al tener garantizada una continuidad de trabajo, podemos bajar costos. Además, la situación de estabilidad hace todo más
previsible. Antes no sabíamos cuánto trabajo tendríamos y tampoco cuándo cobraríamos.”
“Ahora, la industria gana con la industria, es decir por los beneficios que obtenga en el proceso productivo. Antes eran más importantes los beneficios no operativos. Así que estamos en una etapa propicia para desarrollar una cultura industrial importante, y por eso pienso que es un momento oportuno para jerarquizarla con un Ministerio de Industria que fije políticas especificas.”
AHORA, A EXPORTAR.
Kosaka, que en su juventud se especializó en radares estudiando en la Fuerza Aérea Argentina, se entusiasma con sus observaciones sobre la economía. “Para el país se aproxima una segunda etapa que es exportadora, ya no habrá ingresos por privatizaciones y por eso es imprescindible que se comience a diseñar políticas.”
Su empresa ya encaró las exportaciones, en especial de una central de baja capacidad desarrollada por Pecom Nec en la planta de Argentina. Otro producto con el que tientan en el mercado externo son teléfonos de última generación, que se fabrican con las técnicas de montaje superficial en las mismas máquinas utilizadas para montar las centrales telefónicas. La idea es utilizar los momentos ociosos de esas maquinarias en la búsqueda de costos más eficientes.
Capitales nacionales y japoneses integran la empresa que fabrica centrales telefónicas para las operadoras.
MENDOZA.
EL II CONGRESO DE TELECOMUNICACIONES.
Entre el 8 y el 14 de noviembre el sector de crecimiento más explosivo de la economía nacional delibera y expone en la provincia cuyana. Técnicos y especialistas argentinos e internacionales, junto con representaciones gubernamentales de países latinoamericanos, participan en el II Congreso y
Exposición Internacional Telecomunicaciones ´93. Durante el encuentro, organizado por la Cámara de Informática y Comunicaciones de la República Argentina (CICOMRA), la Subsecretaría de Comunicaciones y la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, se desarrollan enfoques sobre los
avances y experiencias, las inversiones y el futuro, la comercialización de equipos y la creación de tecnología, la industria y sus perspectivas.
Estos son algunos de los temas incluidos en la agenda general del congreso: telefonía móvil celular; comunicaciones móviles; transmisión de datos en redes móviles; comunicaciones rurales; comunicaciones satelitales; redes digitales; política de comunicación y marco regulatorio; tres años de privatización telefónica; red telefónica pública; escenario competitivo de la telefonía
internacional; los países y la integración de las telecomunicaciones en Latinoamérica; tecnología e industria y formación de recursos humanos.
Las empresas y organismos que participan en la exposición son: Alcatel/Techint, Bairesco C&C, BGH, Cía. Ericsson, Comisión Nacional de Telecomunicaciones, Comsat, Data Waves, Galander, Impsat, Intepla, KRM, Mach, Motorola, Movicom, Nahuelsat/Paracomsat, Pecom-Nec, Radio Llamada, Redsat, Ringer, Satelnet, Siterco, Siemens, Startel, Subsecretaría de Comunicaciones de la Nación, Telecom, Telefónica, Telintar, Tevycom Fapeco y Transistemas.
OPINION DEL SECTOR.
Por Victor Aristizabal *
Las Dos Caras de la Industria.
La industria electrónica argentina se encuentra en una situación muy particular. Por una parte, las grandes empresas del sector están produciendo a 70% u 80% de su capacidad total y, tras pasar por un proceso de eficientización lógico y necesario, tienen planes a mediano y largo plazo, basados en las inversiones que realizan las dos grandes prestatarias de los servicios básicos de telefonía.
Este prometedor panorama encuentra un claro contraste con la situación del resto de las industrias de equipamiento y componentes profesionales electrónicos.
El primero de estos fenómenos se explica por la enorme demanda insatisfecha que dejó la falta de inversión de la ex ENTel, por el propio dinamismo del crecimiento de los servicios telefónicos y por la necesidad de las prestadoras de alcanzar mayores niveles de tecnología y confiabilidad para cuando se libere el monopolio y se ingrese en un ámbito más competitivo.
Si se cumplen estas previsiones, casi se diría que hay necesidad y apuro en invertir. Lo cual coloca a los grandes productores locales en una situación alentadora, aunque no toda la demanda se vuelca sobre la industria argentina: se introdujeron por lo menos tres proveedores que no fabrican y que
están ligados a las compañías que prestan el servicio.
Para analizar el panorama del resto de la industria electrónica (componentes, la electrónica médica, las comunicaciones, la electrónica industrial y todas aquellas que no pertenecen al rubro de la telefonía pública), es preciso examinar algunas cifras globales.
En los últimos dos años ha habido una transferencia de US$ 20.000 millones del sector productivo general al de los servicios, que intervienen actualmente en aproximadamente 66% del PBI. Esto da una idea de la feroz descapitalización industrial. No existe, por otra parte, en la Argentina una
política industrial. Este panorama acarrea inevitablemente, a su vez, dos efectos negativos principales: desocupación y atraso tecnológico.
El atraso tecnológico se produce por la mera ausencia de la industria, que es el principal usuario del producto científico-tecnológico. Esto pasa en las industrias nacionales que utilizan tecnología de propio desarrollo o del sector científico-tecnológico (Inti, Citefa, Universidades, etc., estas últimas también en una situación de atraso y destrucción).
Volviendo al caso de la industria electrónica, salvo las mencionadas al principio de este artículo y aquellas que desarrollan su actividad en Tierra del Fuego (industria protegida y en crecimiento, al igual que la automotriz), las restantes han desaparecido o no son relevantes. De 186 empresas grandes, medianas y pequeñas que CADIE asociaba y nucleaba, en la actualidad sólo 52 permanecen
activas y muchas de ellas con dificultades.
Las causas son variadas: política indiscriminada de importación; una cierta campaña de desprestigio dirigida contra los productos fabricados en el país; el hecho de que no parecen comprenderse aún las ventajas de poseer una industria estratégica; atraso tecnológico.
Ahora bien; nada vale la estabilidad por la estabilidad en sí misma; es necesario producir, el aparato productivo deberá incentivarse. Si bien ahora somos buenos compradores de productos que otros fabricantes del exterior desarrollan y producen, de no haber producción no podremos comprar tanto.
No se debe perder de vista que el déficit comercial se agranda peligrosamente y deberemos encontrar formas de desarrollo industrial; procurando, eso sí, promover sólo lo rentable y adaptable a nuestras conveniencias. En resumen, las autoridades deben intervenir decididamente en el crecimiento y
consolidación de industrias estratégicas como la electrónica, la informática y las comunicaciones.
(*) Vicepresidente de la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas
EL PAPEL DEL ESTADO.
Terminar con las Zonas Grises.
Carlos Killian, flamante director de la CNT, habla aquí acerca del escenario local de las telecomunicaciones para el año 2000.
Carlos Killian se presentó como postulante a uno de los cargos concursados recientemente para conducir la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, y fue uno de los cuatro elegidos para el cargo de director entre cerca de 170 aspirantes. Lo llamativo del caso es que alguien con una trayectoria significativa en el sector privado (Killian viene de ocupar el puesto de gerente de Programa en IBM y de presidir la Cámara de Informática y Comunicaciones de la República Argentina) opte por un cargo gerencial en la administración pública.
MERCADO dialogó con Killian horas después de que se conociera el veredicto del jurado seleccionador del Instituto Nacional de la Administración Publica. “Estoy feliz”, comentó para sintetizar su estado de ánimo.
Pidió no referirse a la CNT, ya que aún no había establecido contacto con quienes serían sus superiores. Tampoco podía hablar como titular de CICOMRA, pues acababa de renunciar. Por lo tanto, lo hizo como presidente de la exposición y el congreso que se realiza en Mendoza en estos días, tras varios meses de preparación.
-¿Qué significa para el sector esta reunión de Mendoza?
-Allí se presenta la gran revolución en las telecomunicaciones que vive la Argentina. Están todas las tecnologías presentes y futuras. Son 2.500 metros cuadrados de exposición y más de 120 panelistas de primer rango nacionales y extranjeros que abordan los aspectos tecnológicos, regulatorios, legales y económicos.
– ¿Qué cosas importantes quedan por hacer en las telecomunicaciones argentinas?
-Hay un trabajo que no se ve o, mejor dicho, se ve pero no luce. Es el trabajo de planta externa, que significa romper calles para renovar el cableado. Este es, hoy, el eslabón más flojo y se marcha fuerte para ponerse a tono. Pero es muy arduo, no se pueden acortar mucho los plazos. Llevan su tiempo,
también, los enlaces de larga distancia en fibra óptica.
– ¿Cómo percibe el papel del Estado en esta coyuntura del sector?
– El primer punto a considerar es que el Estado no hace telecomunicaciones públicas. Tras la privatización, su nuevo papel fue monitorear los compromisos que tienen las licenciatarias, sobre todo el compromiso social de llevar comunicaciones a sitios aislados, a cambio de la exclusividad de explotación hasta 1997. También monitorea los campos donde hay libre competencia, como el de transmisión de datos. Luego le quedan por definir las zonas grises que existen entre la exclusividad y la libre competencia.
– ¿Cuáles son esas zonas grises?
– Son áreas de menor importancia dentro del contexto, pero no hay definiciones precisas sobre algunos servicios, por ejemplo, y las licenciatarias y las empresas que prestan servicios en libre competencia disputan sus derechos. Al Estado le queda resolver con ecuanimidad esas diferencias, a fin de no frenar la tecnología.
– ¿Como será el escenario en el año 2000?
– Habrá una fusión total de las telecomunicaciones y la informática. Será todo digital. Una gran oferta de ancho de banda, que llevará a crear nuevas aplicaciones para llenar los cables. La fibra óptica tiene una inmensa capacidad de transporte. Así que vendrán los videoteléfonos, y los programas
personalizados de televisión, que hoy son caros, pasarán a ser económicos.
– Usted habla de la fibra óptica como disparador del futuro, ¿qué otros elementos revolucionarán las telecomunicaciones?
– Por ejemplo, la microelectrónica, pequeños elementos confiables, precisos y económicos. También el software, que hace inteligentes a los sistemas de telecomunicaciones. La tendencia será hacia un teléfono pequeño y móvil. La telefonía será personal y se podría decir algo que hoy puede parecer extremo: naceremos con nombre, número de documento y, también, número telefónico.
