sábado, 30 de mayo de 2026

    ¿Un modelo argentino?

    El secretario de Industria, Gustavo Magariños, explicó en Camerún la política aplicada a la producción que permitió crecer 26% en dos años mientras se estabilizaban los precios y se reestructuraba la deuda externa.

    Del otro lado del globo terráqueo, donde ni las cámaras de televisión ni los micrófonos alcanzaban a registrar palabras y gestos, un funcionario del gobierno y un conocido dirigente empresario dejaron a un costado las diferencias semánticas de los intereses que representan para explicar al mundo en qué consiste la política industrial de especialización aplicada en la Argentina y cómo se amasó un crecimiento productivo de 26% en dos años.

    En el marco de la conferencia celebrada por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi) en el suelo africano de Camerún, el secretario de Industria, Gustavo Magariños, y Horacio Losoviz, presidente de la asociación que reúne a los fabricantes de automotores, Adefa, compartieron la cabecera y complementaron sus discursos. Funcionario de la actual administración justicialista uno, y ex miembro del staff opositor el otro, ambos paladearon como un triunfo propio el fenómeno que despertó la admiración de todas las delegaciones presentes: el tercer puesto en crecimiento industrial de la década que obtuvo la Argentina, detrás de China y Malasia, a pesar de salir de una hiperinflación y de reestructurar la deuda externa.

    Magariños es un joven funcionario que accedió a la cima de la cartera industrial cuando Juan Schiaretti renunció a la Secretaría que la contenía para disputar las elecciones en Córdoba que finalmente lo ungieron diputado.

    La Onudi lo invitó especialmente a concurrir a Camerún para exponer ante el foro africano el ajuste con crecimiento aplicado en la Argentina.

    El secretario de Estado ocupó la vicepresidencia general, al mismo tiempo que firmó un convenio de cooperación con el organismo de las Naciones Unidas que permitirá a la entidad trabajar en un programa argentino de competitividad en los rubros de diseño, calidad y adaptación tecnológica.

    “Esencialmente, Losoviz y yo dijimos que la Argentina había reorganizado su economía y el equilibrio de las variables macroeconómicas le había posibilitado repensar su política de producción”, dijo Magariños a MERCADO.

    “Planteamos que el proceso de reformas estructurales había permitido quebrarle la columna vertebral a la especulación financiera y devolverle a la producción el centro de la escena, ya no como tradicionalmente se ubicaba dentro del esquema de sustitución de importaciones, sino en el marco

    de una economía abierta y competitiva donde lo que iba a producirse se haría en un proceso de especialización”, agregó.

    PELOS Y SEÑALES.

    Magariños sostuvo que el secreto residió en que la industria local apeló a la importación para satisfacer las demandas de la sociedad en aquellos rubros en que no estaba en condiciones de competir en calidad y precios. “Losoviz desgranó el caso especial de la industria automotriz, y yo hice referencia a otros sectores de la economía que funcionan muy bien, como la electrónica,

    electrodomésticos y otros que incrementaron notablemente su producción”, relató.

    Exaltó la apuesta en favor del plan económico, y por ende del consumidor, realizada por la industria privada, ya que invirtió mucho a pesar de las diferencias de rentabilidad que empezaron a aparecer en función del grado de complejidad de los mercados. “El sector fabril argentino fue protagonista de

    lo que el director general de Onudi, Mauricio María del Campo, calificó como un verdadero milagro: bajar la inflación de 5.000 a 7%, refinanciar la deuda externa y al mismo tiempo aumentar la producción industrial 26 puntos en dos años dentro de un proceso democrático”, recordó el funcionario.

    -Sin embargo, dentro de las fronteras no está claro que haya política industrial.

    -Ahora estamos evolucionando en la discusión y ya lo que algunos cuestionan es el modelo de crecimiento. Los que siguen afirmando que no hay política industrial están pensando en la época del proceso de sustitución de importaciones, cuando el gobierno seleccionaba sectores y les destinaba

    una gran cantidad de beneficios. Nuestra política industrial se caracteriza por ser horizontal. La especialización de la que hablé es un régimen y está reglamentado desde 1992. En este marco ya hay un centenar de empresas que proyectan exportar productos industriales por más de US$ 400 millones durante los próximos dos años.

    -Usted dice que no seleccionaron, pero hay un sector netamente beneficiado por esta política, como el automotor.

    -Sí, lo hacemos, porque se trata de una actividad por la que vale la pena apostar para permanecer dentro de los 20 países del mundo con condiciones objetivas (mano de obra y tecnología asociadas) para desarrollar industria automotriz dentro de las fronteras. Aporta mucho en términos de empleo

    y de balanza comercial.

    SANOS Y FUERTES.

    Los resultados de la gran inyección financiera que recibió la demanda de bienes industriales tras la hiperinflación colocaron a la Argentina en la gran vidriera de Camerún. Pero ahora se avecinan tiempos más duros, en los que sobrevivirán aquellos que se reconviertan. “No hay un plan maestro que indique cuánto tardaremos en hacer la reconversión, pero pensamos que el tránsito de la vieja economía a la moderna se completará en un período total de seis a ocho años (algunos dicen diez), en el que las empresas consolidarán su nueva posición estratégica”, aclara.

    La política industrial explicada por Magariños en Camerún hace hincapié en la especialización: “A quienes deciden concentrarse en lo que mejor pueden hacer les damos beneficios muy importantes, como reducir el arancel de importación hasta 2%. Es decir, si uno se especializa para exportar un producto cuyo arancel y reintegro son de 20%, el resto de la línea que deja de producir puede ser importado pagando sólo 2%. Los 18 puntos que se apropia el productor constituyen una palanca financiera fenomenal que han aprovechado las empresas que entraron en este régimen. También pusimos el sistema de reducción de los aportes patronales que son mayores en función de la distancia de las empresas respecto de la Capital Federal”, enumera.

    El organismo oficial ofrece, además, créditos para las Pymes con una bonificación de 4 puntos sobre la financiación destinada a capital de trabajo o a la compra de bienes de capital que esas firmas realicen dentro del sistema. En 1993 fueron otorgados más de 25 mil créditos por un total de US$ 1.200 millones, una cifra parecida a la que dispone España, por ejemplo, para la promoción de sus pymes, compara.

    Y además de unir 32 puntos del interior del país con terminales para suministrar información oficial a las Pymes, el gobierno desarrolló polos productivos regionales para brindar todos estos instrumentos de financiación, la asistencia tecnológica, el régimen de especialización y la gestión crediticia a los productores que trabajen con un producto homogéneo.

    El funcionario reconoce que la asistencia sirvió para mejorar la estructura de costos de algunas industrias, pero no de todas, y que a largo plazo la competitividad y la productividad exigida a los empresarios no dependerán de lo que decidan individualmente, sino del sistema que los enmarque:

    como la educación y la formación tecnológica.

    Mientras tanto, aduce que se adoptan medidas adicionales para sectores que no han podido especializarse y tienen problemas de competencia, como el textil. Y que “estamos siendo todo lo severos y estrictos en el control de la competencia desleal, sobre todo últimamente. Se han ido mejorando los mecanismos y el gobierno fue tomando conciencia de la extrema necesidad de

    trabajar en estos rubros a través de distintos programas”.