BANCOS ENTRE LAS GONDOLAS.
En 1990 eran casi una rareza. Apenas 900 supermercados norteamericanos contaban con una sucursal bancaria en sus instalaciones. Ahora son 2.100 y prometen convertirse en una moda exitosa para el marketing financiero. Este parece ser el instrumento adecuado en la búsqueda de un sustituto eficaz para las oficinas tradicionales de los bancos, adonde los clientes van cada vez menos, atraídos por la comodidad y rapidez de los cajeros automáticos.
La idea, por cierto, no es novedosa. Ya en los años ´60 el Citibank ofrecía sus servicios en algunos supermercados del estado de Nueva York. Pero el esfuerzo resultó un fracaso: los clientes acudían allí sólo para cobrar sus cheques, lo que no representa una operación rentable para el banco.
El estilo es ahora definitivamente más agresivo. Los empleados bancarios se pasean entre las góndolas buscando potenciales clientes para plazos fijos o certificados de depósito. Productos que aparecen, incluso, promocionados a través de los altavoces del supermercado, junto con las ofertas tradicionales de jabón en polvo o café instantáneo.
SCOTCH Y TEQUILA.
El negocio de las bebidas alcohólicas está padeciendo, en todo el mundo, el impacto de un acelerado y todavía incierto cambio en las preferencias de los consumidores. Para empezar, la vedette histórica de la industria, el whisky, pierde terreno en su propia cuna: el Reino Unido. Las grandes destilerías
no ocultan ya su preocupación por la notoria indiferencia con que los jóvenes británicos contemplan las legendarias bondades del producto, identificado con el estilo de vida de profesionales maduros.
Las ventas de whisky en el Reino Unido descendieron de 68 millones de litros en 1983 a 60 millones en 1993. La moda favorece, en cambio, el consumo de vodka, que en el mismo período pasó de 13,4 a 20 millones de litros.
Otra bebida que viene avanzando impetuosamente en el mercado internacional es el tequila. Durante la última década los mexicanos vieron crecer las exportaciones de su licor nacional de 28,5 a 47,3 millones de litros anuales.
Pero el éxito ha abierto las puertas a una polémica que preanuncia una feroz guerra comercial entre los productores. Muchas destilerías propugnan que se legalice la exportación de tequila de bajo precio, en cuya producción se emplea caña de azúcar (en lugar del agave, una variedad de cacto) y sustancias químicas que aceleran la fermentación.
En la vereda de enfrente están los que advierten que hay que preservar a cualquier costo la pureza y calidad del tequila, para hacerlo competir en el mercado mundial con productos de alto precio, como el cognac o el vodka.
COMPUTADORAS AL VOLANTE.
La relación, hasta no hace mucho incipiente, entre la industria automotriz y la informática transita hacia un sólido matrimonio. Eso fue lo que se vio en la reciente Exposición Internacional del Automóvil de Frankfurt, donde los avances introducidos en los vehículos parecen destinados a convertirlos en virtuales computadoras sobre ruedas.
Siemens, el gigante alemán de la electrónica, destina buena parte de sus esfuerzos de investigación hacia esta área, en la que acaba de lanzar dos productos revolucionarios. Uno es un equipo de encendido electrónico autorregulable que comanda las acciones del motor sobre la base de 4.000
datos que recibe de sensores instalados en diversas partes del automóvil. Además de mejorar el funcionamiento del motor y ahorrar consumo de combustible, el sistema elimina la necesidad de llamar a un auxilio mecánico: ante una falla del encendido, pone en marcha un mecanismo de emergencia que permite llegar hasta el taller más cercano.
La otra novedad de Siemens es un método antirrobo que opera desde una tarjeta de plástico. El usuario sólo tiene que llevarla encima; al alejarse de su automóvil se bloquean automáticamente el motor, el mecanismo de ignición, el conducto de combustible y todo el sistema electrónico. Al acercarse, se anula el mecanismo antirrobo y, además, puede realizar a distancia ciertas operaciones,
como encender las luces y poner en funcionamiento el aire acondicionado.
