viernes, 1 de mayo de 2026

    Una nueva singladura

    En marzo, al cumplirse el tercer aniversario del Proceso Militar, MERCADO intentaba desentrañar las

    incógnitas del futuro. Apelando al concepto náutico por el que se miden los intervalos de la navegación, hablaba de lo que parecía ser la conclusión de una primera etapa de realizaciones y el punto de inflexión hacia un nuevo curso.

    “El proyecto económico -decía- tiene otro modo de nacer. Nace, si se quiere, sigilosamente. Al abrir la economía mediante diversas medidas de liberalización y, sobre todo, con la rebaja de aranceles, el gobierno apunta hacia él. Pero apunta como disimulándolo o, a lo mejor, perdiendo de vista la

    revolución que tiene entre manos.”

    “Los argentinos, y a veces los propios gobernantes, tienen la sensación de que la apertura de la economía es, en lo principal, un método para alentar las importaciones. Y esto para mejorar la eficiencia del aparato productivo o, inclusive, para inducir a las empresas locales a rebajar sus precios. Pero quedarse en esta sensación es como ver el revés de la trama. El gran proyecto que late detrás de la apertura tiene que ver, por el contrario, con las exportaciones. Se trata nada menos que de preparar la economía argentina -en parte a través de la disciplina de las importaciones- para lo que de veras le espera: la invasión del mercado mundial.”

    “El proyecto en 1880 fue invadirlo con alimentos. En 1980 ha de ser invadirlo con alimentos y bienes manufacturados. En vez de la Argentina agraria, la Argentina agroindustrial. Este es el verdadero proyecto: revigorizar la economía lanzándola hacia el inagotable mercado mundial. Soñar primero, contar después, con un país que exporte US$ 30.000 millones y no 7.000 millones.”

    “¿Por qué el gobierno no iza esta bandera? ¿Por qué la tiene doblada y guardada en sus despachos?

    Verla al tope de nuestro debate colectivo justificaría los sacrificios. En el camino de ser Alemania o Japón, todo se acepta. En el camino de ser solamente eso que éramos con un poco más de orden, todo incomoda.”

    “El proyecto económico de alcanzar el pleno desarrollo a través de la integración agroindustrial en la economía mundial anda rondando los despachos sin alcanzar la plaza. Mientras esté sometido a este extraño ataque de timidez, corre el riesgo de perderse, porque los argentinos, desconociéndolo,

    podrían dejarse llevar por sus ancestrales y peligrosos arrepentimientos en materia económica. Ya lo dijo un brillante economista: el peligro económico no se da entre nosotros cuando estamos al borde de la cesación de pagos sino en la otra punta del ciclo: cuando no se puede caminar por el Banco Central porque lo impiden las barras de oro. Ese -éste- es el momento de las grandes tentaciones. La altura de las reservas internacionales está en relación directa con las presiones de la irracionalidad sobre la economía: cualquier proyecto, aun el más descabellado, parece realizable con US$ 7.000 millones en el Banco Central.”

    Al evaluar los signos que ponían en duda la viabilidad de los planes en curso, el artículo señalaba que “marzo se ha presentado con síntomas de inquietud económica y social. ¿Hasta dónde llegarán? ¿Es posible imaginar conflictos gremiales que desborden a los dirigentes, cuyo ánimo es la negociación?

    Otro peligro ha de presentarse más adelante. Derivará del desarrollo de la democracia paulatina. No será fácil poner en movimiento la participación civil en el proceso militar; habrá desinteligencias y tensiones”.

    Por su parte, el columnista Carlos Floria sostenía que “el cuarto año será escenario propicio para proponer una estrategia política enderezada a la organización cabal de la Nación. Será, también, contexto interesante para poner a prueba la habilidad y el acierto de una política económica para la cual 1978 introdujo demasiados factores de distorsión como para padecer juicios definitivos acerca de la calidad integral de la gestión. Y será por fin una oportunidad para demostrar en qué medida hay ideas claras en la política exterior, la política social y la política cultural”.