El 13 de octubre, MERCADO trazaba un cuadro de situación que apuntaba a definir las nuevas constantes del programa económico en curso. “Desde que se advirtió que el gabinete económico ha dejado de lado los mecanismos directos de control y que pasó a atacar la inflación a través de resortes indirectos, el manejo de la política monetaria se convirtió en el parámetro básico. De esta
manera, es evidente que el centro de atención de los analistas está en el manejo que Adolfo Diz haga de los instrumentos de esa política y del accionar del Banco Central como regulador de la expansión y oferta monetaria.”
“Dentro de este esquema, la cuenta de regulación monetaria juega un papel trascendental por ser uno de los mecanismos más aptos de control y que sirve como dique de contención de la oferta monetaria. Por tal razón, no resultó extraño el impacto que tuvo en el mercado el anuncio del Banco Central de las nuevas tasas de compensación para el mes de octubre, que por primera vez fueron fijadas por debajo del costo del dinero en el mercado en ese momento. Esto hizo decir a no pocos observadores que ese manejo era una nueva arma monetaria del Banco Central. Sin embargo, frente a la teoría de que las autoridades monetarias determinaron esas tasas para aumentar los costos de los intermediarios financieros y, de esa manera, provocar una baja en las tasas pasivas, se opone otra que afirma que la compensación responde exclusivamente a las expectativas de los técnicos de la entidad monetaria sobre la evolución promedio de las tasas del mercado para este mes. De acuerdo con esto, entraría dentro de la política de neutralidad en la compensación que se fijó cuando se creó el referido sistema.”
Por su parte, el entonces columnista Juan Carlos de Pablo sostenía que “por aplicación de la política monetaria más restrictiva, es decir por efecto de la reducción en la tasa de crecimiento de la cantidad de dinero que ha comenzado a operar, garantizamos que dentro de un año, muy probablemente -y dentro de un par de años seguro-, la tasa de crecimiento de los precios será preciablemente menor que la actual. Esto no está en duda. Si hoy anunciamos estas modificaciones de la realidad monetaria es porque sabemos que lo que dure la transición y la intensidad que tengan los aspectos desfavorables durante la misma dependen esencialmente de cómo el sector privado se comporte en los próximos meses”.
UNA VENTA DE MARCA MAYOR.
En marzo, la justicia argentina había abierto la licitación pública internacional para la venta de la Compañía Swift de La Plata, entonces administrada por el Estado, en una decisión acorde con la política anunciada e instrumentada por el gobierno de restituir al ámbito privado toda actividad que no le fuera específica. El precio base del concurso ascendía a US$ 40 millones.
El complejo industrial tenía un catálogo de ventas que abarcaba una variedad de productos cárneos, como conservas, carnes cocidas congeladas, cortes especiales, carnes enfriadas, extracto de carne y otras líneas alimenticias como lácteos, aceites y subproductos vegetales, conservas vegetales, de
pescado, de frutas, dulces, aves y carne de cerdo. La empresa se hallaba en pleno funcionamiento y en sus activos incluía la red comercial de ventas internas, de exportación y marcas acreditadas tanto en el país como en el exterior. Su potencial exportador máximo era de US$ 90 millones, con
mercados en medio centenar de países.
Para concretar la venta, Swift había recibido el total apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores, de la Secretaría de Comercio y de la de Recursos Marítimos, a fin de solucionar el problema del traspaso de las tierras fiscales donde se levantaba el muelle de la planta en La Plata. No se trataba, por otra
parte, de instalaciones obsoletas o sin inversiones recientes: en los anteriores 12 meses se habían concretado aportes de tecnología de avanzada por valor de US$ 1.300.000.
