El 17 de julio de 1969 salía a la venta el primer número de MERCADO; su portada anunciaba el suceso económico de ese momento: la reciente designación de José María Dagnino Pastore como ministro de Economía, en reemplazo de Adalbert Krieger Vasena. Eran -como lo son siempre- tiempos difíciles: el golpe de Estado que a mediados de 1966 había desalojado del poder al presidente Arturo Illia y anunciado el inicio de una nueva era de prosperidad y modernización daba muestras claras de haber perdido el rumbo. La Revolución Argentina, pretenciosa denominación que se autoadjudicaron sus autores, se desgastaba sin remedio, muy especialmente a partir de los violentos episodios que un año antes habían sacudido a la provincia de Córdoba. El Cordobazo -tal el nombre con el que pasó a la historia- había dejado sin margen de maniobra al hasta entonces cabeza visible del movimiento y jefe del Estado: el general Juan Carlos Onganía logró permanecer en el poder un año más, pero era visible el deterioro de su gestión.
Paradójicamente, el ministro de Economía que se acababa de sustituir cuando MERCADO nacía había tenido un desempeño razonablemente exitoso, pero, como sucede con frecuencia en los entretelones del poder, esos méritos no fueron suficientes a la hora de hacer rodar cabezas en una desesperada búsqueda de chivos expiatorios.
A Julián Delgado, el primer director de la revista, le apasionaban estos juegos de la política y la economía, conocía bien a los actores y se movía con comodidad en el mundo de los grandes empresarios, los funcionarios y los economistas. Era humorista profesional: le gustaba decir que, a diferencia de otros, él sí había vivido, por lo menos algún tiempo, del humor. También le gustaba cantar -tenía buena voz- y, en los tiempos que precedieron al lanzamiento de MERCADO, entonaba casi obsesivamente, con la música del tango Malena, este estribillo: “Vasena cuida el mango como ninguno…”.
Fue con esa política económica, que antes del Cordobazo parecía que iba a durar cien años, como se inició MERCADO: innecesario decir que la revista -como iba a suceder muchas veces en su historia- nacía precisamente en el medio de una crisis que afectaba directamente a la política económica.
Ciertamente, no era la única crisis de parto: en aquellos días iniciales, todo el equipo fundador trabajaba desde hacía meses en el lanzamiento de una revista semanal de economía y negocios que iba a llamarse Coyuntura. La gestación avanzaba y llegó el momento de tomar contacto con los distribuidores de diarios y revistas. Gente con experiencia en la venta de papel impreso, cuando se les explicó el proyecto respondieron, lacónicamente (palabras más o menos): “Con ese nombre no venden ni un ejemplar”. La marca MERCADO estaba también registrada y allí mismo se decidió el cambio -que sí gustó a los distribuidores-: la revista se llamaría MERCADO y la sociedad anónima en
formación se llamaría Coyuntura.
EL PRIMER EQUIPO.
Para relatar la historia del primer equipo de periodistas de MERCADO es necesario retroceder algunos años en el tiempo: hacia 1961 la Argentina era un país con 20 millones de habitantes, gobernado por Arturo Frondizi y con Alvaro Alsogaray como ministro de Economía. No es exagerado decir que fue por entonces, a principios de la década de los ´60, cuando la economía pasó a
convertirse en la vedette informativa por excelencia.
La cobertura de la actualidad económica era intensa: había una muy poblada sala de periodistas, no lejos del despacho ministerial, en el quinto piso del Palacio. Con el transcurso de los años, esa sala se volvió una leyenda: por ella pasaron Rubén Couriel, Marcos Selemí, Quico Martínez Cuitiño, Almenio Espigares Moreno, Neto Gutiérrez, Jaime Cañás, Jorge Galarce, Enrique Bugatti y muchos otros. Pero también pasaron por allí Julián Delgado, Raúl H. Sarmiento, Carlos M. Hirsch y Gerardo López Alonso. Años después, estos últimos fueron parte del equipo inicial de MERCADO. Pero antes de que eso sucediera, el grupo de la Sala de Periodistas se fue disolviendo y cada uno siguió su propio rumbo.
Delgado lo hizo para sumarse a lo que entonces parecía un proyecto editorial in futuro: el 13 de noviembre de 1962 Jacobo Timerman sacaba a la calle el primer número de lo que luego sería una leyenda: la revista Primera Plana. Era, sin duda, una nueva forma de hacer periodismo: siguiendo muy de cerca el estilo de Newsweek. Todos los que de una u otra forma colaboramos en aquel proyecto ignorábamos que estábamos haciendo lo que más tarde se conocería como “periodismo interpretativo”. Además de historia, Primera Plana hizo escuela; Timerman enseñó una nueva manera de investigar, contextualizar, elaborar y editar las noticias. La modalidad de las revistas de noticias era en sí misma una novedad y pasaron muchos años antes de que otros cultivaran con éxito el mismo género.
Delgado tenía, en esa primera redacción, la responsabilidad del área económica y formó su equipo con Carlos Hirsch y Raúl Sarmiento, dos periodistas que venían de la antigua cofradía de la Sala de Periodistas de Economía. Pero siguió sumando gente, esta vez de otros orígenes: Alberto Borrini, que había hecho periodismo en diversos medios, entre ellos El Economista, Mario Sekiguchi, también con una trayectoria que incluía, entre otros, un paso por Correo de la Tarde, el diario fundado por Francisco Manrique. Más tarde el equipo del área económica se completó con Gerardo López Alonso,
Antonio Díaz Funes y Edgardo Silveti.
Fue entonces cuando los editores de Primera Plana pusieron en marcha un proyecto que presentó Delgado: publicar una revista dedicada solamente a la economía y los negocios. El mismo equipo que se ocupaba del área económica de Primera Plana tenía a su cargo la edición de Competencia. No lo sabíamos entonces, pero Competencia fue un formidable banco de pruebas para el futuro proyecto de MERCADO.
Hacia 1967 se había producido la caída de Illia, el gobierno militar de Onganía había designado ministro a Krieger Vasena, todo parecía razonablemente encarrilado y Competencia era la revista de economía y negocios que se ocupaba de interpretar ese momento singular. Adalbert Krieger Vasena recibió a Competencia para, entre todos, conversar acerca de lo bien que marchaban las cosas. Si éste fuera el guión de una película habría que poner aquí la palabra FIN. Pero no era así, la vida habría de continuar… Y cómo!
LA SEMILLA.
Dice un proverbio chino (casi todos los proverbios son chinos) que sólo quien es tu amigo te dirá la verdad. Y sin duda alguna deberíamos tener muchos amigos en Competencia, porque más de uno nos dijo, más de una vez y redondamente, lo que todos sabíamos: “Competencia es pesada”. Era cierto, tenía hasta el diseño propio de una revista académica; su tratamiento de los temas tendía a ser intemporal, con opiniones de economistas o de empresarios que podrían publicarse lo mismo un año más tarde.
Había que solucionar el problema y la solución no tardó en hacerse visible, entre otras razones porque existían antecedentes: había que crear una publicación dedicada casi exclusivamente a la economía, los negocios, el management, las finanzas, la publicidad, etc., que fuera en todas estas áreas tan ágil y renovadora como Primera Plana en cuanto a información general.
Era evidente que existía lo que ahora se llama (horriblemente) un nicho que podía ser ocupado. No había ninguna revista de las características de la proyectada. La gran pregunta en aquellos días fue: “Si no la hacemos con Primera Plana, ¿nos animamos a hacerla nosotros mismos?”.
Después de reuniones, consultas y cabildeos, la respuesta del grupo fue “sí” y allí comenzó la gestación (calladamente) de lo que en 1969 terminaría por convertirse en el primer número de MERCADO. Notablemente, ese primer número salía a la calle en un momento en que ya Primera Plana comenzaba a molestar al régimen militar, rodeado de problemas. No mucho después de la
aparición de MERCADO un allanamiento policial ponía fin a las ediciones de Primera Plana. Había concluido una época en la historia del periodismo argentino y comenzaba otra. En MERCADO encontrarían un lugar muchos de los periodistas, fotógrafos, correctores, diagramadores y colaboradores de Primera Plana.
En mayo de 1969 el equipo inicial de MERCADO estaba listo para salir a navegar. El refrán que dice que quien no conoce los peligros del camino llega más lejos podría aplicarse a la perfección al nacimiento de la revista. Si hubiéramos sabido en aquel momento cuáles serían las dificultades, probablemente ninguno de nosotros, en aquel grupo, se habría animado a dar el salto al vacío que para algunos significaba arriesgar capital en una empresa incierta y para otros, cuanto menos, poner en juego la seguridad de un puesto estable en una editorial que, como Primera Plana, parecía entonces la imagen misma de la solidez y la perdurabilidad.
No hubo un número cero de MERCADO: se apostó a todo o nada con un primer número que se preparó en aproximadamente un mes. Pronto comprobaríamos que había que seguir editando todas las semanas y que en cada entrega estaríamos rindiendo examen ante una comunidad de empresarios, funcionarios, banqueros y publicitarios que eran, al mismo tiempo, entusiastas del proyecto y también fuertemente expectantes acerca de su viabilidad. Pasaron muchos años – alrededor de 23- para que cada uno de ellos se animara a confesar: “Era muy difícil creer entonces en el proyecto de MERCADO; en los argumentos de que hacía falta una revista semanal de economía y negocios, en la confianza que el grupo mostraba en tener una buena audiencia de lectores y un importante caudal publicitario; no, yo no creía una palabra de todo eso y pensaba que no iban a durar más allá de unos pocos números”.
Después de los necesarios e inevitables ajustes de última hora, el equipo periodístico inicial quedó conformado por Julián Delgado, Alberto Borrini, Mario Sekiguchi, Ricardo Frascara, Gerardo López Alonso, Edgardo Silveti y Antonio Díaz Funes. El humor estaba a cargo de Juan Carlos Colombres (Landrú) y Jordán de la Cazuela. Las portadas eran responsabilidad de Aldo Rivero, el diagramador era Alberto Replanski y el fotógrafo Norberto Yaverovski. El gerente general era Raúl H. Sarmiento, el de publicidad Ignacio Dobner y el de promoción Adolfo Castelo. Había una sola secretaria: Diana Franklin. Desde los primeros números colaboraron Carlos García Martínez en el panorama económico de la semana y Mariano Grondona en el político.
En el primer número se publicó un informe de Alberto Borrini sobre el Festival Internacional de Cine Publicitario, en Cannes. Fue el comienzo de dos tendencias que MERCADO mantendría siempre: el tratamiento de la publicidad como un tema periodístico importante (algo que ya se venía haciendo en el mundo, pero que en Argentina era decididamente una ruptura con viejas tradiciones que menospreciaban o simplemente ignoraban la publicidad como materia que mereciera tratamiento periodístico) y, al mismo tiempo, los viajes al exterior de su equipo de redacción. Andando el tiempo, MERCADO terminaría recorriendo prácticamente todo el mundo: Julián Delgado, Mario Sekiguchi y
Edgardo Silveti se especializarían, entre otras cosas, en la cobertura de las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Borrini seguiría asistiendo a los encuentros de la International Advertising Association (IAA) y a la entrega, también anual, de los premios Clio. Lopez
Alonso comenzaría por recorrer América latina siguiendo los pasos del Pacto Andino, las reuniones de la Cepal, la competencia industrial entre Argentina y Brasil y terminaría siendo miembro del grupo especializado en asuntos internacionales y seguramente el que contabilizó más viajes, incluyendo lugares remotos como el Extremo Oriente, el Asia Central, Siberia, etc. Redactores de MERCADO llegaron a estar, en una misma semana, cubriendo notas al mismo tiempo en tres lugares distintos del mundo.
MERCADO fue sumando, también, una exigente selección de material de publicaciones del exterior: artículos de Business Week, Advertising Age, Time, U. S. News & World Report, Foreign Affairs, Forbes, Fortune, Gazeta Mercantil, Cambio 16 y muchos otros medios formaron parte de las entregas semanales de la revista.
NUEVOS PROTAGONISTAS.
Pero acaso la innovación más audaz fue considerar a las empresas y al mundo empresario y sus protagonistas como fuentes legítimas, genuinas y válidas de información. Empresarios, ejecutivos, compañías y gerentes rara vez salían, antes de MERCADO, de las meras secciones de gacetillas empresarias, donde se daba cuenta de un nuevo producto, una designación importante, el traslado
de algún ejecutivo y cosas por el estilo. A veces, alguna inversión de gran volumen lograba un lugar en la primera plana de los diarios, otras veces las empresas aparecían protagonizando algún escándalo, pero prácticamente ningún medio las consideraba como fuente rutinaria y válida de información. MERCADO rompió con esa tradición.
Retornando a los comienzos, ya quedó dicho que fueron tiempos difíciles: en junio de 1969, terroristas incendiaron 15 supermercados Minimax, propiedad de la familia Rockefeller. El 30 de ese mes fue asesinado el dirigente sindical Augusto T. Vandor. El mundo, entre tanto, asistía desde la televisión a la llegada del hombre a la luna; por esos días MERCADO daba también sus primeros pasos. Y para presentarse en sociedad eligió hacerlo en un cóctel en el Plaza Hotel. Fue el comienzo de varias tradiciones: los cócteles de MERCADO se convirtieron, con el tiempo, en lugar obligado de reunión de empresarios, publicitarios, funcionarios y periodistas. Desde algunos cientos en 1969, llegaron a sumar hasta 2.500 invitados. Pero en aquella primera reunión Julián Delgado se negó a hablar en público -a pesar de que sabía hacerlo perfectamente- y desde entonces quedó también incorporada a la cultura de la revista la consigna de que los cócteles sean, principalmente, una forma de reunir amigos para que se encuentren entre sí dentro del espacio creado por MERCADO.
La economía navegaba con rumbo incierto en 1970: el 1º de enero de ese año se la maquilló con un cambio en el signo monetario. Se creó el peso ley 18.188, equivalente a 100 pesos de moneda nacional o pesos viejos. El 29 de mayo se produjo el secuestro y posterior asesinato del general Pedro E. Aramburu y, con este hecho cruento, la aparición en escena del grupo Montoneros. El gobierno de Onganía recorría sus tramos finales; el 8 de junio era destituido por la Junta de Comandantes, que pocos días más tarde designaría como nuevo presidente a Roberto M. Levingston.
Carlos Moyano Llerena fue el nuevo ministro de Economía, pero su gestión duró pocos meses; lo reemplazó Aldo Ferrer. Era evidente que el gobierno de facto buscaba salir de la crisis ensayando cambios de personas y de programas.
MERCADO, mientras tanto, ponía en ejecución muchas de las ideas e iniciativas que se convertirían luego en productos originales, imitados profusamente. Entre ellos, el Ranking de las empresas que más venden en la Argentina, una investigación que se inició modestamente con un centenar de empresas y que actualmente alcanza al millar. Pero pronto las empresas fueron rankeadas de muchas otras formas por MERCADO; las que más exportan, las que más invierten, las que brindan productos y servicios de mejor calidad, etc.
El casi desconocido general Levingston renunció a la presidencia en marzo de 1971 y fue sustituido por Alejandro Lanusse; el gobierno de facto comenzó a buscar una salida política. Lanusse lanzó la idea del Gran Acuerdo Nacional; los principales partidos políticos se alinearon en la Hora del Pueblo.
En mayo de 1971 el gobierno decidió eliminar el Ministerio de Economía: sus funciones pasaron a ser ejercidas desde la Secretaría de Hacienda, ocupada sucesivamente por Juan Quilici, Cayetano Licciardo y Jorge Wehbe. Resultaba obvio que la intención era desplazar a Aldo Ferrer. El peso sufrió sucesivas devaluaciones frente al dólar: de 420 a 440 (pesos moneda nacional) por unidad en junio; de 440 a 470 en julio; de 470 a 500 en agosto. El presidente del Banco Central, Carlos S. Brignone declaró que la Argentina se encontraba al borde de la cesación de pagos.
A pesar de todas las turbulencias MERCADO seguía ofreciendo novedades a sus lectores: en 1971 comenzó una campaña anual de interés público, basada en el concepto de que la revista cedía una página a las agencias de publicidad para que éstas, a su vez, volcaran su creatividad en el desarrollo de un tema previamente establecido. Fue así como en sucesivas ediciones se ofrecieron campañas de bien público sobre la paz, el desafío del futuro, el concepto de ganancia y empresa, la atención al cliente y muchas más.
