RENTA POLITICA.
Transcurridos dos meses desde el lanzamiento del Plan Real, el único hecho inobjetable es que el programa de estabilización ha alcanzado un notable éxito político. La candidatura del ex ministro de Economía, que entre abril y junio había cosechado entre 18 y 20% en la preferencia de los electores, fue catapultada, en apenas 60 días, al primer lugar en las encuestas y cuenta actualmente con 38% de las simpatías del electorado.
El Plan Real ya ha aportado tantos votos a la candidatura de Fernando Henrique Cardoso como los que le ha brindado el amplio espectro de alianzas que postula su nombre para la presidencia de la República. La estabilidad es, sin duda, un anhelo popular.
En el plano económico, las evaluaciones deben ser, necesariamente, más moderadas. Dos meses son suficientes para derrumbar un programa de estabilización, pero no para consagrarlo. Aun así, existe un razonable margen de optimismo. Las condiciones en que arrancó el plan fueron auspiciosas, sobre
todo en el sector externo. Con una deuda externa renegociada y reservas cambiarias por US$ 40.000 millones, todo resulta más fácil. La situación de las finanzas públicas dista de ser tranquilizadora, pero hay que reconocer que hubo avances importantes en la administración fiscal, principalmente en
el combate de la evasión impositiva, y con recursos fiscales más abundantes la estabilización se torna menos dolorosa y políticamente más fluida.
Para avanzar más profundamente en este campo, Brasil tendrá que promover cambios a nivel constitucional. A este conjunto de condiciones bastante promisorias, el equipo económico sumó su creatividad para ensayar una ingeniosa fórmula de lucha contra la inflación. La fórmula funcionó de
manera bastante adecuada y la economía aterrizó sin mayores daños y -principalmente- sin violencias jurídicas, desde una tasa de inflación de 50% mensual a un índice de 6%.
No existen tensiones inflacionarias muy evidentes ni desequilibrios perceptibles en los precios relativos. Por otro lado, la política económica no ha hipotecado en forma definitiva ninguno de sus instrumentos. Obtener credibilidad sin sacrificar instrumentos es, sin duda, el deseo de todo ministro
de Economía.
En contrapartida, el plan carece de amarras firmes y es voluble al surgimiento de malas noticias. La flexibilidad es, sin embargo, una consecuencia del contexto político que constituye un dato de la situación.
En el corto plazo, la principal tarea del equipo económico será intentar desarrollar una política de administración de precios que evite el traslado de los reajustes automáticos concedidos por la actual política salarial. Esa regla fue parte de la negociación política desarrollada con el Congreso y no puede ser alterada. La valorización cambiaria constituye una primera contribución a esa política de administración de precios, pues ayuda a poner freno a los aumentos. Sin embargo, tendrá que ser complementada por algún esquema de negociaciones sectoriales con los empresarios.
¿Y DESPUES DE LAS ELECCIONES?.
A mediano plazo -una expresión bastante generosa para designar un período de apenas tres meses- la suerte del plan depende del resultado de las elecciones del 3 de octubre y, probablemente, del segundo turno que se desarrollará el 15 de noviembre.
Es imposible vaticinar cuál será la suerte del plan en el caso de que Luiz Inacio Lula da Silva, líder del Partido de los Trabajadores, resulte finalmente victorioso. Su posición ante el programa de estabilización ha sido hasta ahora bastante ambigua. El clima de la campaña electoral lo obliga a adoptar una posición necesariamente crítica. La reacción de los principales agentes económicos ante la eventualidad de su victoria es, sin embargo, mucho más importante que la retórica electoral. Si se parte de ese presupuesto, y dado que esos agentes creen que cambiando de timonel habrá una abrupta discontinuidad en los objetivos del programa, es difícil imaginar que éste sobreviva. Se tratará, en todo caso, de una profecía autocumplida.
Si la victoria favorece a Cardoso, las posibilidades de éxito del plan son, obviamente, muy superiores.
En ese caso, no habrá siquiera necesidad de aguardar a que el candidato asuma efectivamente la presidencia para efectuar eventuales correcciones de rumbos, y también importantes anuncios.
El envío de una enmienda constitucional al Congreso con el objetivo de promover cambios significativos en las áreas previsional y tributaria, la ampliación del programa de privatización y la adopción de nuevas medidas de ajuste fiscal constituirán probablemente los primeros anuncios.
Resta vaticinar cuál habrá de ser el anclaje definitivo del plan. La impresión que prevalece es que el esquema cambiario deberá consolidarse. El plan parece haber entrado con un tipo de cambio real bastante adecuado. Los más pesimistas sostienen que había un retraso no superior a 10%. Los más
optimistas sostienen que había, incluso, cierto margen para promover una valorización y fundamentan su argumento en los importantes crecimientos de la productividad industrial de los últimos años. Una reciente encuesta entre los empresarios industriales señaló el tipo de cambio como un obstáculo menor para el desarrollo de las exportaciones. Los impuestos, los costos portuarios y de transporte en general fueron, por lejos, los factores negativos más mencionados en la encuesta.
La valorización nominal que se ha registrado hasta el momento es perfectamente recuperable. Sería suficiente con que el Banco Central vuelva a operar como comprador de divisas en el mercado de cambio, cumpliendo el mismo papel que venía ejerciendo en el pasado.
Lo que interesa verdaderamente, por lo tanto, es la inflación residual, principalmente en los precios mayoristas industriales. Esta ha sido extremadamente baja el primer mes. A corto plazo el gobierno estaba preocupado en contener el consumo, puesto que la economía ya estaba operando en un nivel de actividad bastante razonable. Disipado el temor de un impacto fuerte en la demanda y existiendo las condiciones para profundizar el ajuste fiscal, es probable que el plan adhiera más firmemente al anclaje cambiario.
Es una conclusión provisoria, como provisorios son los resultados obtenidos por el Plan Real en estos dos primeros meses.
