Cada 31 de mayo se conmemora el Día Mundial Sin Tabaco, una iniciativa impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para alertar sobre una de las principales causas de enfermedad y muerte prevenible en el mundo. En ese marco, el consumo de nicotina muestra un cambio de formato: al cigarrillo tradicional se sumó el crecimiento del vapeo y de los dispositivos electrónicos con nicotina, con una expansión especialmente visible entre adolescentes y jóvenes.
El tabaquismo provoca más de 8 millones de muertes anuales a nivel global y alrededor de 45.000 por año en Argentina. Aun con la aparición de alternativas percibidas como “menos dañinas”, el riesgo sanitario asociado a la nicotina y a otras sustancias presentes en los productos de consumo se mantiene como una preocupación para los sistemas de salud.
El Dr. Miguel Carlos Sangiovanni, máster en Hipertensión Arterial y Mecánica Vascular de DIM Centros de Salud, advirtió sobre la percepción social que rodea al vapeo. “Existe una falsa percepción de que vapear es inocente o mucho más seguro que fumar. Pero los vapeadores también contienen sustancias tóxicas y nicotina, que generan dependencia y afectan el organismo”, explicó.
Entre los factores que favorecen el inicio temprano del consumo aparecen las concentraciones elevadas de nicotina en muchos dispositivos y la oferta de sabores atractivos. También se registra un patrón de uso combinado, con personas que alternan vapeo y cigarrillo tradicional, lo que incrementa la exposición a sustancias nocivas. “El problema no es solamente el humo. La adicción a la nicotina sigue estando presente, aunque cambie el formato”, agregó Sangiovanni.
Más allá del formato, el tabaquismo continúa asociado a enfermedades cardiovasculares, cáncer, EPOC, ACV e infecciones respiratorias. En Argentina, el Ministerio de Salud estima que cada año el consumo de tabaco provoca 19.000 nuevos diagnósticos de cáncer, 11.000 accidentes cerebrovasculares, 61.000 internaciones por enfermedades cardiovasculares y más de 100.000 casos de EPOC.
Además del daño físico, se remarca que fumar y vapear pueden generar dependencia emocional y social. “Muchas personas utilizan el cigarrillo o el vapeo como forma de manejar ansiedad, estrés o cansancio. Por eso dejar de fumar no depende solamente de la voluntad”, señaló el especialista.
Para la cesación tabáquica se mencionan sustitutos de nicotina, medicación específica, acompañamiento psicológico y programas de hábitos saludables con seguimiento médico. Entre los beneficios de dejar de fumar se enumeran la disminución del monóxido de carbono en sangre a las 12 horas, mejoras en circulación y función pulmonar en pocas semanas, y una reducción significativa del riesgo cardiovascular al año, además de una baja del riesgo de cáncer y enfermedades respiratorias a largo plazo.












