La discusión es la misma en todo el mundo (pero en la Argentina tiene algunos matices particulares).
Las empresas de primera línea tienen acceso directo a fuentes de crédito no bancarias en los mercados internacionales. Pero las pequeñas y medianas empresas, como los consumidores en general, dependían casi exclusivamente de los préstamos bancarios. Hasta que aparecieron los nuevos actores financieros.
El fenómeno más notable de los últimos años es una profunda transformación del negocio bancario.
La intermediación de dinero dejó de ser la esencia de la actividad, y muchos bancos obtienen sus ganancias de los honorarios por los servicios que prestan. Tras los golpes de las últimas dos décadas, los bancos comienzan a estar más sólidos, corren menos riesgos, pero enfrentan una intensa competencia de entes financieros no bancarios que les han hecho resignar buena parte del negocio tradicional.
En Estados Unidos, de cada 100 dólares en el sistema financiero, solamente 24 están en poder de los bancos. Los otros 76 son controlados por entidades financieras no bancarias y, en muchos casos, por firmas recién llegadas a la actividad provenientes de otros campos.
Gigantes de las telecomunicaciones, las ventas minoristas, transnacionales industriales y de computación, más los fondos de pensiones son ahora los nuevos actores.
Pronto llegarán muchos de esos actores a la Argentina. Y los grandes bancos internacionales, que se han especializado -particularmente en el sudeste asiático- en una agresiva penetración en el sector de banca minorista, desembarcarán aquí con enormes recursos y un know-how desconocido en el
medio.
La batalla que se avecina será de colosales proporciones, y habrá un nuevo mapa financiero en poco tiempo. Fusiones, alianzas y desapariciones cambiarán la lista de los actores conocidos.
Pero en la Argentina el proceso tiene otras connotaciones. Para lograr el crecimiento que debe sobrevenir a la estabilidad, hay que superar las limitaciones del costo argentino. Y uno de sus principales componentes es el alto costo del crédito. Por eso el gobierno impulsa la desregulación en
este sector y alienta la llegada de nuevos jugadores que ayuden a deprimir los precios de los servicios.
Industriales y comerciantes se quejan del alto costo del dinero y de lo elevado de las comisiones. La competencia en este ámbito será feroz en los próximos años. Los bancos, por su parte, se defienden y dicen que se pretende convertirlos en el chivo expiatorio de un proceso que escapa a su responsabilidad.
Para saber cuál es hoy la real situación del sistema financiero local, los cambios que pueden sobrevenir, los datos básicos, la capacidad de competir y las estrategias que se pondrán en práctica, MERCADO encargó el siguiente informe a un economista experto en temas financieros. Esta es su versión.
Dentro de una economía en fuerte crecimiento, el sistema financiero ha mostrado un extraordinario dinamismo. Entre 1990 y 1993, mientras la Argentina crecía a 8% anual, los bancos comerciales y las entidades financieras no bancarias se expandían a una tasa acumulativa de 29% anual.
Este comportamiento es hasta cierto punto algo típico de la experiencia argentina. Los períodos de baja inflación se han caracterizado por altas tasas de crecimiento. Además, los planes de estabilización han favorecido la remonetización de la economía, a través de la recomposición de la relación entre activos en pesos y PBI (ver Cuadro 1).
Como el nivel de actividad del sistema financiero depende estrechamente del grado de monetización de la economía, este sector tiende a moverse en el mismo sentido que el producto agregado, o sea que se comporta de forma pro cíclica.
En la práctica la convertibilidad sacó del pozo al sistema financiero. En el período previo, gran parte de los recursos prestables eran absorbidos por el sector público a través de préstamos directos, o indirectamente vía altos niveles de encajes. Por la falta de credibilidad del Estado, este proceso
finalmente degeneró en un crecimiento explosivo de la deuda, y encontró su punto final en el canje forzoso de Bonex por los depósitos a interés en moneda nacional, a principios de 1990.
Al definirse tajantemente el marco jurídico con la convertibilidad, se recuperó la confianza en que tener el dinero en un banco era seguro. El aumento de los depósitos y la entrada de fondos externos permitieron a su vez una fuerte expansión de los préstamos.
A diferencia de experiencias anteriores, el actual proceso de remonetización se distingue por el grado de dolarización de los activos financieros. La preferencia por dólares es muy marcada en cuanto a los medios de ahorro, ya que los medios de pago en sí siguen siendo abrumadoramente en pesos.
Las reformas encaradas a partir de la autorización -en julio de 1989- a las entidades financieras para recibir depósitos en dólares a una tasa libremente pactada han facilitado la adaptación del sistema a la preferencia del público por los activos en moneda extranjera. Las normas del Banco Central han ampliado progresivamente las operaciones en moneda extranjera, y sus encajes se han equiparado a las operaciones en moneda nacional.
Si se computan sólo los activos en pesos, la economía todavía no recuperó los niveles de monetización previos a los episodios de hiperinflación vividos en 1989 y 1990, lo que indica las cicatrices que estos acontecimientos dejaron en la conducta de los agentes económicos. Recién cuando se toman en cuenta los activos en dólares, se nota la recuperación en el nivel de monetización previo (ver Cuadro 2).
Servicios Caros y Restrictivos.
Sin embargo, la Argentina está todavía lejos de un coeficiente de monetización de 30% del PBI, como en Chile en la actualidad, o en nuestro mismo país en la década del ´50. Parte de la razón es que los servicios financieros en la Argentina siguen siendo todavía muy restrictivos y caros, como es obvio si
se compara el costo de tener una tarjeta de crédito aquí con un país como Estados Unidos.
Visto desde el lado de las operaciones de depósito en moneda nacional, los clientes en promedio les han estado pagando a los bancos por el derecho de tener pesos depositados en cuentas corrientes y cajas de ahorro. El plazo fijo en pesos, en cambio, ofrece un rendimiento positivo. Por esta razón, a diferencia de los bancos, las entidades no bancarias han pagado en promedio una tasa neta positiva a sus ahorristas (ver Cuadro 3).
El alto nivel de las comisiones bancarias para mantener una cuenta ha sido también enfatizado en un reciente estudio de la consultora internacional McKinsey, que trata de entender por qué es tan baja la proporción de la población que usa servicios bancarios en la Argentina. Si bien las cuentas
corrientes y las cajas de ahorro tienen un nivel de encajes de 43%, contra sólo 3% de los plazos fijos, lo que obviamente las encarece, la clave del problema es que las entidades no han empezado todavía a competir en precios para brindar estos servicios.
Solidez del Sistema Financiero.
A diferencia de anteriores experiencias de liberalización financiera en la Argentina, se ha eliminado la garantía de los depósitos. Pero simultáneamente se buscó dar más transparencia informativa sobre la situación patrimonial de las entidades financieras, y sobre todo se han tomado medidas que buscan
resguardar la solvencia de las entidades.
Se destacan las nuevas normas de capitales mínimos, que introducen los criterios de Basilea de asociar los requerimientos de capitales con el riesgo potencial de las diferentes operatorias de préstamos. Adicionalmente, hay exigencias más estrictas dentro de cada tipo de operatoria en función del nivel de las tasas activas, en la medida en que mayores tasas reflejan en parte la
percepción de un mayor riesgo de incobrabilidad. También se está implementando un nuevo sistema de previsionamiento, por el cual las entidades tienen que evaluar periódicamente la capacidad de repago de las deudas y hacer las correspondientes previsiones, en lugar de esperar hasta que
efectivamente se produzcan atrasos en los pagos para contabilizar las pérdidas.
La rentabilidad de los bancos privados fue consistentemente positiva en este período. En cuanto a los bancos públicos, si bien tienen menores costos operativos -como proporción de los depósitos-, la diferencia clave es su gestión por el lado de la asignación de créditos: tienen un grado de cartera irregular mucho más alto que la banca privada.
A nivel de los bancos públicos nacionales ya se procedió a un saneamiento de las entidades más problemáticas: el Banco Hipotecario y el Banade, que dependían de redescuentos del Banco Central para poder operar y tenían una cartera irregular altísima. En cuanto a los bancos provinciales todavía falta completar el ajuste (ver Cuadro 4).
De todos modos, la solvencia del sistema ha venido mejorando. Se ha reducido notablemente la exposición del patrimonio neto a la cartera irregular, neta de previsiones, en el segmento más comprometido: las entidades públicas (ver Cuadro 5).
Productividad y Ciclo Económico.
Un tema que se ha discutido mucho es el alto costo del crédito para las empresas en la Argentina.
Hay que destacar las diferencias entre las grandes firmas, que tienen acceso directo al mercado internacional, y las Pymes, que deben recurrir forzosamente al sistema financiero local. La baja productividad y la falta de competitividad del sistema financiero van a afectar mucho más a estas empresas.
En este sentido, algo inédito es que en la actual experiencia de remonetización el repunte del nivel de actividad en los bancos se ha verificado con un nivel prácticamente fijo de empleo; de hecho, en la banca pública, debido al proceso de racionalización, se ha reducido el empleo. Esto se tradujo en un rápido aumento de la productividad media del sistema financiero, definida como PBI de las entidades financieras/empleo, a una tasa acumulativa anual de 37% entre 1990 y 1993 (ver Cuadro 6).
Hay varias razones que explican este aumento de la productividad. Se tiende a pensar preferentemente en el progreso tecnológico y en las mejoras organizativas. Sin embargo, como recién en 1992 se superaron los niveles máximos de productividad alcanzados en 1981, a pesar del progreso tecnológico continuado que se fue dando a lo largo del tiempo, otro factor preponderante es la utilización de la capacidad instalada.
Ante la declinación del grado de actividad, los bancos no reducen en forma comparable el empleo, lo cual es razonable si esperan que sea sólo un cambio temporario. Esta situación, naturalmente, implica a corto plazo una caída de la productividad. Ante un aumento del nivel de actividad se da, por el contrario, una mejora de la productividad, al ocuparse efectivamente la fuerza de trabajo.
Dado que el sistema financiero estaba operando con un elevado nivel de capacidad ociosa al lanzarse el plan de convertibilidad, fue posible inicialmente aumentar el producto sin incurrir en muchos costos adicionales. A esto se le sumó luego el proceso de puesta al día del sistema financiero.
Costos Operativos y Precio del Crédito.
En la medida en que el sistema financiero es más productivo, se produce una caída en los costos medios de intermediación financiera, dato que se puede medir de diversas maneras. Es muy común usar el cociente costos operativos/depósitos. A marzo de 1987 estaba en un valor de 1,8% mensual,
frente a 0,5% en Estados Unidos. Subió, con la desmonetización de la economía, a 2,5% mensual en julio de 1989, hasta llegar a 4,7% durante 1990. Mostró un descenso persistente con la
convertibilidad: de 3,3% en marzo de 1991 a 1,1% en abril de 1994.
Un trabajo reciente de Carlos Rivas y Mario Vicens muestra que casi todo el descenso de costos medios se puede atribuir al aumento del tamaño de las operaciones, ya que el sistema estaba operando inicialmente con muchas cuentas con montos insignificantes, lo que elevaba los costos de administración. La remonetización se dio en parte con la ampliación del número de cuentas bancarias, pero en mayor medida a través del aumento del tamaño medio de las operaciones.
Se ha avanzado mucho, pero el sistema todavía está por debajo de los niveles de productividad internacionales. Los costos operativos mensuales representan alrededor de 0,6% de los activos totales a abril de 1994, el doble del nivel en Estados Unidos. Poniéndolo en perspectiva, se pasó de una situación en 1991 donde los costos operativos eran cuatro o cinco veces el nivel promedio en Estados Unidos a una situación donde los costos son dos veces más altos. Esta rápida mejora de la productividad va a aminorarse con la moderación del proceso de monetización en 1994.
La productividad del sistema financiero es un elemento importante para determinar los márgenes de intermediación financiera. El spread en pesos entre las tasas activas y pasivas promedio bajó de alrededor de 2% mensual, al comienzo del plan de convertibilidad, a 1% mensual en la actualidad. Los
spreads en dólares se han mantenido bastante estables, en un valor cercano a 0,5% mensual. Esto ha significado un importante abaratamiento del crédito (ver Cuadro 7).
Las tasas pasivas promedio en pesos han tendido a converger con las tasas promedio en dólares, ya que una mayor proporción de fondos en pesos está en formas más líquidas como cuentas corrientes y cajas de ahorro, que perciben una remuneración nominal inferior a los plazos fijos. Si se comparan,
en cambio, las tasas de plazos fijos en pesos y en dólares, subsiste una diferencia de 2% anual. Las tasas sobre plazos fijos en dólares, a su vez, superan en alrededor de 1% anual las tasas de eurodólares. Estas diferencias se pueden interpretar como primas por riesgo tipo de cambio y riesgo
país, respectivamente. Con altibajos, han bajado marcadamente en los últimos años, lo que es un factor adicional de abaratamiento del crédito.
El hecho de que las tasas activas promedio tengan un mayor spread sobre las tasas pasivas para las operaciones en pesos tiene que ver con la diferente estructura de préstamos en ambas monedas, ya que el spread para préstamos a empresas de primera línea es muy similar en cualquiera de las dos
monedas. Como hay una mayor proporción de préstamos en pesos en situación morosa, esto indica que en parte esta diferencia se debe al carácter más riesgoso de los préstamos concedidos en pesos.
Niveles de Endeudamiento.
Con respecto a los problemas de endeudamiento a nivel sectorial, sobre la base de la información de los principales deudores del sistema financiero se puede apreciar que la cartera irregular es alta para la producción primaria, con un nivel de 33% a abril de 1994, frente a un promedio de 15% para el total de sectores. En esto inciden las fuertes diferencias en las tasas activas reales que deben pagar los diversos sectores de actividad económica. Si bien en principio el campo enfrenta las mismas tasas de interés nominales, la evolución de sus precios ha sido inferior a la de otros sectores, en especial los sectores industriales protegidos y los servicios. Esto implicó que enfrentara una tasa de interés real mucho mayor.
El hecho de que parte de la cartera de crédito esté en dólares hace que la capacidad de repago de los sectores no transables pueda variar significativamente con un cambio en el valor real del dólar. De todos modos, los sectores con más problemas de repago en la actualidad son los que están en bienes transables.
El Futuro
En el pasado, la inflación ha estado asociada a la fuga de capitales al exterior, provocando una seria desintermediación financiera. Este fenómeno lo pudo evitar Brasil con un sistema financiero indexado, y el fenómeno de la dolarización actual podría cumplir el mismo papel
en la Argentina en el futuro.
El sistema financiero ha diversificado su operatoria en los últimos años, con un aumento de la importancia de los ingresos por servicios, llegando a 25% de los ingresos totales en 1993. Sin embargo, gran parte de esos ingresos son complementarios a los ingresos financieros tradicionales, ya que más de 50% se relaciona con comisiones sobre obligaciones y créditos. Por lo tanto, no se
observa una diversificación hacia actividades no tradicionales. De hecho, lo que ha sucedido recientemente es que los bancos han vuelto a otorgar préstamos comerciales, con una gran expansión a nivel de clientes minoristas (créditos de consumo e hipotecarios). Esto ha obligado a desarrollar la evaluación del riesgo de las operaciones de crédito.
Para las perspectivas del sistema financiero, hay que tener en cuenta que es uno de los sectores más cíclicos de la economía, ya que fluctúa en forma más marcada que otras actividades. Crece más que el promedio en períodos de expansión del producto, y se contrae abruptamente en períodos de recesión. La salud del sistema financiero es particularmente vulnerable a la inestabilidad
macroeconómica y a la falta de confianza. Por lo tanto, para proseguir con este proceso evolutivo, es crucial que se mantengan reglas de juego claras.
