El número de tarjetas de crédito se triplicó en los últimos ocho años en la Argentina. Así, de 7% del total de personas
mayores de 18 años que la utilizaban en 1985 se pasó a 23% en 1993. Sin embargo, 75% de la población económicamente
activa sigue sin acceder al plástico como herramienta de consumo.
La tarjeta de crédito es, sin embargo, un elemento ya definitivamente incorporado al estilo de vida de los segmentos sociales
de mayor poder adquisitivo, que la emplean, sobre todo, para las compras en supermercados y en los locales de
indumentaria. Por lo menos, eso es lo que indica la discriminación por rubro de la facturación mensual de las dos
compañías más importantes del sector: Argencard/MasterCard y Visa.
Según un estudio de Mora y Araujo, Noguera y Asociados, en 1985 el servicio era usado por 7% de los argentinos adultos. En sólo
dos años, esa proporción casi se duplicó: ascendió a 12% del total en 1987. Y en 1992 trepó a 23%, lo que equivaldría a 4.710.000
poseedores de tarjetas.
El mayor pico de crecimiento de la actividad se registró entre 1985 y 1991. Entonces, la cobertura se extendió de 12% a más
de 21%. En los últimos tres años, en cambio, el aumento ha sido más pausado.
A pesar del crecimiento del negocio, sólo 25% de la población económicamente activa es cliente de una de las diez firmas del sector
con alcance nacional. La investigación de Mora y Araujo refleja, además, el perfil socioeconómico predominante de los usuarios:
cuatro de cada diez consumidores de los segmentos medio alto y alto tienen tarjeta, pero la proporción desciende a menos de 10%
en el medio y bajo.
Según las estimaciones de la mayoría de los analistas de la actividad, hay en el país alrededor de 5 millones de potenciales
nuevos clientes del dinero plástico. Por eso, Argencard (a través de su nuevo producto, Líder) y próximamente la firma
brasileña Amil, que también comercializa medicina prepaga y vales de consumo, intentarán captar parte de ese prometedor
sector de la plaza.
En cuanto al número de tarjetas emitidas, sumarían casi 7 millones en todo el país. Según los resultados de una encuesta de
Intermark Research, existe una elevada superposición (seis de cada diez usuarios tienen dos o más) en la Capital Federal y el Gran
Buenos Aires. El promedio por individuo oscila entre 1,5 y 1,8.
Según una investigación realizada en 1991, en los comercios capitalinos y del Gran Buenos Aires que aceptan tarjetas de crédito,
26,2% de las compras se abonan de ese modo, 64,4% se pagan en efectivo y 9,4% por otros medios.
¿Qué pagan los argentinos con tarjetas de crédito? De los datos suministrados por las dos principales empresas de la actividad (Visa
y Argencard) surge que el plástico se destina, fundamentalmente, para compras en supermercados y en negocios de indumentaria.
En el caso de Visa, 18,6% de la facturación proviene de los supermercados y 24,4% de las tiendas de ropa. Los supermercados son
también el rubro más fuerte de Argencard (24,2%), seguido por el de la ropa (21,4%).
La principal diferencia entre las dos marcas se advierte en el renglón de artículos para el hogar. Mientras los clientes de
Argencard orientan hacia allí 20,36% de sus compras, los de Visa vuelcan sólo 9,5%.
El aporte de los restaurantes es relativamente modesto en ambos casos: 4,7% para Visa y 3,37% para Argencard.
En líneas generales, las variaciones de la participación de los rubros en la facturación total es mínima a lo largo del año. Sólo se
observan algunas variaciones estacionales durante los meses del verano, cuando crecen los segmentos relacionados con el turismo.
Poder y no querer
¿Qué es lo que aleja a los potenciales usuarios de la decisión de tener una tarjeta de crédito? Una investigación realizada
para el Card Club por el estudio Enrique A. Paredes apunta a una razón psicológica básica: el temor al descontrol en los
gastos. Ese fue el reparo que mencionaron 28% de los encuestados.
Vale la pena aclarar que el sondeo se realizó entre personas de niveles socioeconómicos altos y medios. A pesar de eso,
prevaleció la actitud (más frecuente entre los de mayor edad) de asociar la tarjeta de crédito con el derroche y los gastos
superfluos. Lo que indicaría, según el análisis de Card Club, que las tarjetas todavía tienen pendiente la tarea de vincular su
imagen con aspectos más básicos de la vida cotidiana (por ejemplo, pagar las cuotas de colegios o de medicina prepaga,
asumidos como naturales para la mayoría de la población).
Para 18% de la muestra, la tarjeta limita la posibilidad de elegir el comercio donde realizar sus compras. Y 15% argumenta
que obtiene mejores precios pagando en efectivo.
Una proporción menor, pero significativa (12%), admitió que el uso de la tarjeta le infunde el temor al contralor impositivo
del Estado. Quienes citaron esta razón pertenecen, fundamentalmente, a los segmentos socioeconómicos más altos.
