domingo, 31 de mayo de 2026

    La refinación en receso

    LA PRODUCCION PETROLERA SE CONTABILIZA COMO UNA ACTIVIDAD EXTRACTIVA, TAL COMO

    OCURRE CON LA PRODUCCION DE GAS NATURAL, DE MINERALES Y DE CANTERAS DE CEMENTO.

    PROVEE UN INSUMO QUE REQUIERE PROCESAMIENTO INDUSTRIAL: EL CRUDO.

    Al reflejarse la actividad industrial petrolera en la refinación, los indicadores de producción muestran desde 1993 una caída

    constante. Según el índice que publica Fiel, el volumen de petróleo procesado en 1993 fue 0,9% inferior al del año anterior.

    En 1994 se procesó 8,7% menos que en 1993. Y este año, la estimación a partir del comportamiento de los primeros meses

    indica que se procesará entre 6 y 7% menos que en 1994. Con el lente puesto en el segmento de refinación, la tendencia

    recesiva es obvia.

    Estos números contrastan, sin embargo, con otros indicadores de actividad de una industria en plena expansión productiva

    desde que fue regulada. La producción de 1993 fue 7% superior a la de 1992. La de 1994 creció 12% con respecto a la de

    1993. Este año también se espera una expansión productiva, aunque de menor envergadura (3%). Durante el período en

    comparación también crecieron las ventas de los principales refinados (ver cuadro 1), lo que complica el análisis de la

    situación del segmento procesador.

    El parque refinador argentino cuenta con una capacidad de procesamiento de unos 720.000 barriles diarios. La producción

    argentina promedia unos 650.000 barriles/día. La capacidad instalada, en general, está preparada para procesar casi todo el

    petróleo producido. Técnicamente, las refinerías locales cumplen con el estándar internacional. En Latinoamérica están

    entre las mejores. ¿Por qué, entonces, no maximizan su capacidad instalada? ¿Por qué la Argentina produjo en 1994 casi

    250 millones de barriles y procesó solamente 171 millones? ¿Por qué se exporta crudo en vez de derivados?

    En parte, esto se explica por la exportación de crudo a Chile a través del Oleoducto Trasandino (30 millones de barriles

    anuales). Por otro lado, la evolución de precios y las respectivas paridades de importación y exportación en crudo y

    derivados reflejan que, desde el punto de vista microeconómico, en la Argentina conviene exportar crudo y no derivados. La

    brecha que separa las paridades en la comercialización del crudo argentino ha venido estrechándose y siempre ha sido

    mucho menor que la que separa las paridades en la comercialización de los principales productos (que se ha mantenido

    constante).

    Podría decirse que el negocio de oportunidad externo en materia de derivados es caro para el que quiere entrar y costoso

    para el que quiere salir. Moraleja: hay que procesar lo necesario para el mercado local.

    Infraestructura

    Las restricciones logísticas (infraestructura de almacenaje y puertos), además de la distancia, son los primeros

    argumentos para justificar esta situación. Es cierto que los puertos accesibles a las refinerías restringen el calado y

    encarecen el transporte, y que los servicios portuarios argentinos son caros si se los compara con los de otros países.

    Pero, desde un enfoque macroeconómico, no es posible conformarse con la conveniencia de exportar crudo. Es como

    negar la valorización de la producción petrolera.

    Hace falta una nueva visión estratégica donde la interacción del sector público con las empresas privadas devuelva

    protagonismo al parque refinador argentino. El objetivo es convertir en negocio la producción de derivados para el mercado

    externo.