DIM Centros de Salud difunde pautas para reducir sodio y propone siete menús

En la Semana Mundial de Sensibilización sobre la Sal, del 11 al 17 de mayo, la entidad detalla el impacto del exceso de sodio en la presión arterial y otras patologías, aporta recomendaciones prácticas para modificar hábitos de consumo y presenta siete opciones de menú bajo en sodio para aplicar en la cocina cotidiana

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El exceso de sal se ubica entre las principales causas de hipertensión en personas de todas las edades y su efecto no se limita a la presión arterial. En el marco de la Semana Mundial de Sensibilización sobre la Sal, que se realiza del 11 al 17 de mayo, DIM Centros de Salud difundió pautas para reducir sodio sin resignar el disfrute de comer y compartió propuestas de menús de baja carga de sal para el día a día.

En la cocina diaria, el sabor suele asociarse de manera automática con la sal. Sin embargo, el consumo de sodio no depende solo del agregado en el plato: una parte relevante proviene de alimentos de ingesta frecuente cuyo contenido pasa inadvertido. En ese contexto, la entidad remarcó que el problema excede al salero y se vincula con productos industrializados y preparaciones habituales.

La Lic. Patricia Mariela Chávez (MN 10039, MP 6252), nutricionista de DIM Centros de Salud, describió el mecanismo fisiológico que conecta una ingesta elevada con la suba de la presión. “El organismo regula el sodio a traves de los riñones, pero cuando la ingesta es elevada, se retiene mas agua”, dijo Patricia Mariela Chávez, nutricionista de DIM Centros de Salud. La explicación se completa con el aumento del volumen sanguíneo y la mayor exigencia para el corazón.

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El impacto del sodio alto también se asocia con enfermedades cardiovasculares, patologías renales, osteoporosis, obesidad e incluso cáncer gástrico. Uno de los principales desafíos es la llamada “sal oculta”: la mayor parte del sodio consumido no proviene del agregado directo, sino de alimentos industrializados y preparaciones cotidianas. Entre los principales aportantes se mencionan panificados, quesos, salsas y aderezos, snacks, fiambres y productos procesados; además, aparece en sopas instantáneas, conservas y comidas listas para consumir.

En cuanto a umbrales de consumo, la Organización Mundial de la Salud recomienda no superar los 5 gramos de sal por día, equivalentes a una cucharadita o 2000 mg de sodio. En la práctica, el consumo suele duplicar ese valor, por lo que el ajuste de hábitos se vuelve una medida de prevención relevante.

Entre las recomendaciones, se enumeran retirar el salero de la mesa, priorizar alimentos frescos sobre procesados, incorporar hierbas, especias, limón o ajo para realzar sabores, leer etiquetas nutricionales, reducir gradualmente la sal en las preparaciones, limitar sopas, salsas y aderezos comerciales y prestar atención al sodio en productos de panadería. También se aclaró que la sal rosada, marina o del Himalaya contiene prácticamente la misma cantidad de sodio que la sal común.

Para llevarlo a la práctica, se propusieron siete menús bajos en sodio: carpaccio de zucchini con crema de almendras y lima; tomates asados con crumble mediterráneo; croquetas de coliflor y cúrcuma; crema fría de zanahoria asada y jengibre; tacos de lechuga con merluza y mango; ensalada tibia de durazno grillado y quinoa; y brochettes mediterráneas de pollo, ananá y romero.

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