IA agéntica y liderazgo: Wall Chase y LIDE ponen foco en el C-Level

Un análisis sobre la “Organización Agéntica” proyecta que hacia 2030 la automatización podría reconfigurar hasta el 30% de las horas trabajadas y detalla qué capacidades deberán desarrollar los equipos directivos en Argentina para integrar agentes autónomos en la toma de decisiones, con impacto en productividad y gobierno corporativo

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La transición hacia modelos de inteligencia artificial (IA) autónoma empezó a reordenar la agenda del C-Level en Argentina, con un foco que excede la adopción de herramientas digitales y se concentra en cambios de estructura, procesos y toma de decisiones. En ese marco, LIDE Argentina y Wall Chase analizaron la evolución hacia la “Organización Agéntica”, un esquema en el que la IA deja de operar como apoyo de consulta y pasa a actuar como “agente” capaz de ejecutar tareas y tomar decisiones coordinadas.

El diagnóstico se apoya en el reporte de McKinsey Global Institute *Agents, robots, and us*, que estima que para 2030 el potencial de automatización en economías avanzadas y emergentes podría reconfigurar hasta el 30% de las horas trabajadas actuales. En ese escenario, el desafío para la alta dirección se formula como un cambio de rol: del liderazgo centrado en la ejecución hacia una función de orquestación, en la que se combinan capacidades técnicas de la IA con juicio crítico humano.

El informe también introduce la idea de “asociaciones de habilidades” como base de creación de valor. En esa línea, se plantea que cerca del 90% de los líderes globales ya prevé brechas de talento inmediatas vinculadas a esta tecnología, lo que traslada presión a los directorios para revisar diseño organizacional, criterios de supervisión y políticas de desarrollo de personas.

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En el plano de las competencias, el análisis identifica tres capacidades críticas para conducir organizaciones con agentes autónomos. La primera es la visión de diseño organizacional, entendida como la aptitud para estructurar la convivencia entre agentes de IA y equipos humanos sin fricciones culturales. La segunda es el juicio ético y algorítmico, orientado a supervisar decisiones autónomas, asegurar cumplimiento regulatorio y sostener valores corporativos. La tercera es la adaptabilidad agéntica, asociada a la velocidad para reasignar talento humano hacia tareas de mayor valor agregado a medida que la automatización asume roles operativos.

“Estamos evolucionando de un modelo de ejecución a uno de orquestación estratégica”, dijo Gonzalo Mata, Managing Partner de Wall Chase. “En el reclutamiento de alta dirección, ya empezamos a ver que el diferencial de un CEO es su capacidad”, agregó.

En términos macro, McKinsey sugiere que este cambio podría impulsar el crecimiento de la productividad global entre 0,5% y 3,4% anual. Para Argentina, el escenario se vincula con oportunidades en sectores como servicios basados en el conocimiento y gestión de infraestructura compleja. “El talento es el principal activo estratégico para el desarrollo de nuestro país”, dijo Rodolfo de Felipe, presidente de LIDE Argentina.

El debate se abordó durante el XI Fórum Nacional del Talento, organizado por LIDE Argentina y su división LIDE Talento, donde Mata moderó un panel con líderes del mundo corporativo local. Allí se concluyó que la ventaja competitiva no residirá en la tecnología en sí, sino en la velocidad con la que los directorios logren enlazar estas capacidades con la cultura organizacional.

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