jueves, 23 de abril de 2026

    Mendoza el cambio paradójico

    Para conservar sus tradiciones Mendoza, la ciudad, trata de
    cambiar: los restaurantes McDonald´s, los hipermercados Makro y
    Carrefour y el Mendoza Plaza Shopping abrieron el camino e impusieron
    la novedad como condición de supervivencia de estos tiempos.
    La quiebra de los dos bancos del Estado terminó con las
    ilusiones de quietud, y hoy los mendocinos buscan subirse al tren de
    las exportaciones, el mejoramiento de la calidad y la
    reconversión tecnológica, en un intento
    paradójico de proteger su calidad de vida tradicional y su
    condición de sociedad tranquila, bien integrada y satisfecha
    de sí misma.

    Mendoza es, sin duda, la más ordenada, arbolada y
    limpia ciudad del país: cerca de mil kilómetros de
    acequias con 4.700 compuertas garantizan el riego de 50 mil
    árboles, en fila india, que se multiplican cada seis metros a
    lo largo de todas las veredas, en un verdadero “bosque urbano” de 300
    hectáreas, cuya función principal es combatir el calor:
    sin ellos, la temperatura estival sería casi 4°
    más alta. La devoción que el ciudadano mendocino tiene
    por los árboles, y en general por su espacio físico, se
    nota en la extrema pulcritud con que los trata: todavía se
    pueden ver a la mañana vecinos en bata puliendo sus veredas
    con el “lampazo”; tirar un papel o una lata a la calle es un crimen,
    y uno de los más impactantes rasgos locales es la certeza con
    que los mendocinos afirman que su ciudad es “la más bella del
    país”, y “el pueblo mendocino el más trabajador”.

     

    Colonos puritanos

     

    Dos atributos que tienen un mismo origen: la lucha denodada de
    los pobladores contra el implacable desierto que es Mendoza, donde no
    llueve más de 250 milímetros al año. Tras 100
    años de trabajo dedicados a prolongar y multiplicar las
    acequias prehispánicas derivadas de los dos ríos que
    recolectan el agua de los deshielos, sólo 3,6% de la
    superficie de la provincia, distribuida en tres oasis, es hoy
    cultivable. Y esto, al precio de una constante labor de mantenimiento
    de las acequias y de administración del principal tesoro
    mendocino: el agua. En estas condiciones, Mendoza es una ciudad hecha
    cada día por el esfuerzo humano.

    Por eso, el tesón que ponen en conservar lo conquistado
    al desierto y la atención que su ambiente les requiere han
    hecho a los lugareños no sólo trabajadores, sino
    aferrados a lo suyo y reacios a abandonar el orden y el bienestar
    alcanzados.

    Nietos y bisnietos de colonos, los mendocinos heredan la
    mentalidad austera, casi puritana, de sus ancestros. Aman las
    jerarquías y el orden establecido, pero trabajan
    permanentemente en las transformaciones que puedan aportar mejoras a
    su forma de vivir. No quieren alterar su estilo de vida, pero cambian
    para mejorarlo. No aceptan discusión sobre sus valores, pero
    sí las innovaciones para conservarlos. “La mujer mendocina,
    por ejemplo, en muchos casos no trabaja; se siente contenta de criar
    a su hijos y apoyar al marido, y cuando trabaja no intenta disputar
    espacios de poder a los hombres, conserva su feminidad”, es
    opinión recogida de varias bocas en Mendoza.

    Al lado de esta imagen de idílica paz debida, en buena
    medida, a la conciencia ciudadana del mendocino y a la belleza
    florida y verde de su ciudad, “existen, como en toda gran ciudad, el
    crimen, las drogas -que son un grave problema-, la
    prostitución… Pero “de ellas no se habla”. Al punto de que
    para tocar estos temas nació específicamente un
    pequeño proyecto editorial juvenil con una revista llamada
    Bestiario: el Periodismo Joven Murió de Viejo, que encarna el
    underground crítico local. Es curioso constatar, incluso, que
    muchos artistas innovadores que produjo Mendoza viven y trabajan
    lejos: Quino, Julio Le Parc y Leonardo Favio valen como ejemplos. El
    resto del pensar crítico parece enclaustrado en las
    universidades y apunta aquí y allá en algunos
    emergentes políticos y culturales.

     

    Las cifras ciudadanas

     

    Junto a estas peculiaridades sociológicas, la ciudad
    tiene otras que derivan de su división administrativa. El Gran
    Mendoza está fragmentado en seis departamentos: Capital, Godoy
    Cruz, Guaymallén y Las Heras conforman el núcleo
    principal, que se continúa en pequeñas porciones de
    Luján y Maipú. Allí se concentran 800.000
    personas (más de 54 % de la población provincial), que
    generan 73 % de los $11.000 millones que suma el PBI de la
    provincia.

    Con sus más de 550 escuelas primarias y secundarias y
    sus seis universidades, Gran Mendoza cuenta con un buen sistema de
    educación. “Nuestros colegios públicos todavía
    son equiparables con los privados”, dice Aldo Giordano, fiscal de
    Estado y defensor del pueblo; “esto contribuye a mantener el tejido
    social integrado y a prolongar una cierta democratización de
    la sociedad”. Algo que parecen refrendar un índice de
    analfabetismo menor al 5 % y un dato sociológico
    difícil de cifrar pero sobre el cual acuerdan todas las voces
    consultadas: los pobres aún no se sienten excluidos del cuerpo
    social.

    “El índice de desempleo es de 7,4%, pero la
    subocupación asciende a 16% y 30% de la población
    está por debajo de la línea de pobreza, mientras el
    ingreso familiar sigue en descenso, como lo muestran los estudios
    provinciales”, acota Giordano. Sin embargo, no hay en Mendoza
    movimientos populares de protesta ni índices importantes de
    violencia marginal. “El mendocino pobre todavía espera la
    oportunidad de reinsertarse en un trabajo útil para poder
    prosperar”, apoya Luis Triviño, antropólogo y rector de
    la Universidad del Congreso.

    Este afán por atemperar los conflictos y conservar la
    paz social y política es un rasgo sobresaliente de los
    mendocinos, que se aceptan conservadores. “En todos los estratos de
    la población se registra una marcada resistencia a los cambios
    estructurales: nuestra calidad de vida es la mejor del país,
    dicen, y buscan evitar los excesos y apagar el escándalo. Los
    excesos existen, pero no se muestran. En privado cualquier cosa; pero
    en público, recato. Como en toda sociedad fundada en valores
    tradicionales, en Mendoza importan mucho las apariencias”, analiza
    Triviño.

     

    Los empresarios

     

    Este marcado espíritu conservador impregna
    también la conducta del empresariado, fuertemente localista,
    aferrado al trabajo y la inversión como únicas
    vías de progreso y poco propenso a ocuparse de cualquier forma
    de acción programática comunitaria. “El mendocino es
    especial: trabaja y trabaja y no protesta, no se queja; eso explica
    la prosperidad de la provincia”, sentencia Enrique Pescarmona,
    presidente de Impsa, la más importante transnacional
    productora y exportadora de bienes de capital que existe en Gran
    Mendoza y en la Argentina. Pero Jorge Pérez Cuesta, presidente
    de Mendoza Plaza Shopping, agrega un ingrediente que considera
    renovador: “El empresariado actual es muy agresivo: sale a buscar su
    futuro y, como grupo, quiere contribuir a diseñar el proyecto
    de la Mendoza para los próximos 30 años. Por eso
    fundamos el Centro Empresario de Mendoza, donde participan 13 de los
    principales grupos económicos de la provincia (ver recuadro),
    con el fin de estudiar cuáles son las modificaciones y los
    ajustes necesarios para relanzar un proyecto provincial, tal como lo
    hicieron hace 80 o 100 años nuestros bisabuelos”, dice.

    El CEM salió a la luz pública en marzo de este
    año y se propuso como objetivos “impulsar los cambios que
    están teniendo lugar en todo el país”: mejorar la
    eficiencia del Estado y las empresas, liberalizar y desregular al
    máximo las relaciones económicas, atraer la
    inversión extranjera a la provincia, fomentar la
    inversión en tecnología y recursos humanos para
    conseguir niveles de calidad internacionales y promover las
    exportaciones, tarea que también la gobernación
    asumió a través de la Fundación Pro Mendoza.

    “Pero no somos un grupo de presión ni un actor
    político de ninguna clase”, advierte enfáticamente
    Pescarmona, su presidente. “Lo único que queremos es estudiar
    la realidad provincial contratando profesionales que nos ayuden a
    entender cómo mejorar la calidad de vida de nuestros hijos,
    haciendo progresar a Mendoza.” Y señala que entre las
    prioridades el CEM están, por ejemplo, el estudio sobre la
    privatización de las empresas de energía y el
    análisis del tránsito en el Gran Mendoza.

    El otro grupo empresario importante de Mendoza es un
    organismo gremial, la Unión de Comercio e Industria de Mendoza
    (Ucim), más ligado a los intereses de la pequeña y
    mediana empresa, que representa 60 % de la actividad económica
    local. La Ucim pasa por un mal momento debido a la quiebra e
    inminente venta de su banco, el Buci, dirigido por el mismo
    funcionario que la encabeza.

     

    Perspectivas

     

    Las fuerzas vivas mendocinas encuentran preocupante la
    concentración de poder debida, por un lado, al desprestigio de
    la Ucim y el debilitamiento de un Estado que perdió sus dos
    bancos (De Mendoza y De Acción Social) y, por otro, a una
    creciente concentración de la actividad económica,
    evidente en diversos frentes: los dos grupos de comunicaciones (Los
    Andes y Diario Uno) pertenecen a la elite empresarial y, según
    se dice, Uno está por adquirir mayoría en Los Andes;
    las grandes cadenas de supermercados, locales e internacionales,
    están desplazando, junto con el Mendoza Plaza Shopping, a los
    pequeños comerciantes (en los últimos dos años,
    el número de negocios activos bajó más de 3%, y
    la rotación afectó a más de 30% de la planta
    comercial); “las pequeñas y medianas empresas están
    atomizadas y en dificultades, porque no pueden acceder a
    créditos viables para reconvertirse, y sólo los grandes
    grupos económicos prosperan, lo que los transforma en los
    únicos actores sociales con indiscutible poder de
    decisión”, analizaron varios entrevistados por MERCADO.

    Por otro lado, grandes capitales chilenos y españoles
    llegan a la vitivinicultura, la energía, las finanzas y la
    minería, sector éste que despierta el interés
    del mundo entero: hay más de 40 empresas internacionales
    realizando prospección en la provincia.

    Otro rubro que empieza a movilizarse es la hotelería, “que
    está terriblemente rezagada”, dicen, pero a la que se
    incorporará el año que viene el primer establecimiento
    cinco estrellas, de la mano de Mendoza Plaza Shopping, y un resort
    con otro cinco estrellas y un casino.

    La preocupación general quizá pueda entenderse
    desde las interpretaciones del legislador radical Algerto Montbrun y
    de la encargada de la filial local de la Fundación
    Mediterráneo, María de la Esperanza Juri.

    Montbrun asegura que “en Mendoza el poder siempre estuvo
    repartido: cuando uno de los poderes estuvo en manos de un partido,
    el Justicialista, por ejemplo, otro fue radical, o del Partido
    Demócrata. El mendocino se inclina por las personas, y hay
    buenos candidatos en los tres principales partidos de la provincia,
    de modo que la ciudadanía reparte el poder para que no haya
    excesos y para que la gestión sea siempre lo mejor posible”,
    analiza.

    “De hecho, mientras las restantes intendencias de la provincia
    son justicialistas, hace 13 años que la Capital es radical”,
    muestra. “Además, el Poder Judicial sigue siendo bastante
    independiente: que Aldo Giordano, ciudadano intachable y cercano al
    radicalismo, sea fiscal de Estado de un gobierno justicialista dice
    mucho al respecto”, sostiene.

    Juri, por otro lado, afirma que “el empresariado mendocino
    está dividido en dos bloques: las empresas que han entrado de
    lleno en el proceso de globalización, y que a punta de mejoras
    en rendimiento y calidad, y con un endeudamiento manejable,
    saldrán adelante, y las que se han quedado en la manera
    tradicional de hacer las cosas, sin inversión en
    tecnología y cerradas al mercado externo. En años
    anteriores, los dos bancos estatales manejaron hasta 75 % de los
    créditos provinciales, la mitad de los cuales resultaron
    incobrables”, examina; “esto distorsionó la realidad; su
    privatización es beneficiosa porque permitirá que los
    mercados influyan claramente a los empresarios, incentivando la
    reconversión de las empresas rezagadas”, supone. Pero acepta
    que no existe en Mendoza un programa adecuado de atención a
    las Pymes, sector mayoritario y debilitado.

    Dónde se crece

     

    Esto se produce en el contexto de un aumento de las
    exportaciones (100 % en los últimos cuatro años),
    especialmente las manufacturas de origen agropecuario y los bienes de
    capital, que incluye una transformación radical de la
    más tradicional industria local: la vitivinícola. Unas
    20 bodegas han realizado inversiones de casi US$ 100 millones en
    cepas de mejor calidad y tecnología de última
    generación para la producción y exportación de
    vinos finos. En 1996 salieron del país casi 2 millones de
    hectolitros de vino, siete veces más que en 1994, por un valor
    de casi US$ 70 millones. De ese total, 27% corresponde a los vinos
    finos. Y la tendencia al alza en este segmento sigue (no así
    en el segmento de vinos comunes). Los vinos finos mendocinos, que
    representan 90% de la producción nacional, han recibido
    decenas de premios internacionales y están conquistando
    mercados sistemáticamente en Europa, América y Asia.

    Parecida dirección siguen los bienes de capital y
    ciertos productos agropecuarios, como el ajo, las ciruelas y el
    aceite de oliva, pero muchos productos mendocinos (entre ellos los
    vinos comunes) aún padecen de un mal tradicional: se exportan
    ocasionalmente, cuando sobra producción o aparece un pedido.
    Hacer de la exportación una estrategia sistemática, y
    de la calidad y los buenos precios sus condiciones sine qua non, es
    el principal desafío que encara, hoy, gran parte de la
    industria local.

    El factor social

     

    Sin embargo, los mendocinos no se conforman con crecer: quieren
    conservar las características de integración,
    tranquilidad y seguridad que se han acostumbrado a disfrutar. Algo
    que puede verse comprometido si los problemas sociales empeoran. Por
    el momento, sin embargo, ningún partido político parece
    tener un proyecto provincial coherente a largo plazo. En cuanto al
    empresariado, “nunca ha tenido un proyecto provincial general y
    consistente, una política de desarrollo”, argumenta
    José Francisco Martín, rector de la Universidad
    Nacional de Cuyo y estudioso del tema. “Es posible que estemos en el
    umbral de un cambio, pero aún no se ve”, concluye.

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