lunes, 15 de junio de 2026

    Invertir en capital humano

    “Creo que en los próximos dos o tres años los
    empresarios argentinos van a tomar conciencia de que la
    inversión en capital humano es indispensable para aprovechar
    las oportunidades y competir exitosamente en el Mercosur”, afirma el
    mexicano Roberto Batres, número uno de Arthur D. Little para
    América latina y uno de los hombres que representó a su
    país en las negociaciones por el Nafta. “Muchas empresas
    están pensando en hacer algo, pero pocas se están
    preparando verdaderamente para dar el salto”, agrega el
    brasileño José Luiz Bichuetti, nuevo titular de la
    filial argentina de la consultora, una de las más grandes del
    mundo, que tuvo un papel protagónico en los mayores procesos
    de transformación de la región, como Cemex, el gigante
    mexicano del cemento, e YPF.

    Ambos conversaron extensamente con MERCADO acerca de los
    desafíos que plantean el Mercosur, el Nafta y la
    globalización para empresarios grandes y pequeños en
    estas latitudes.

     

    – ¿Cuál es, en este momento, la actitud predominante
    en los inversores internacionales hacia las economías de la
    región?

    Batres: -Estamos presenciando un resurgimiento muy importante de
    la inversión extranjera directa que después del tequila
    había sufrido un fuerte colapso en gran parte de
    América latina. En Colombia ha repuntado bastante, ahora lo
    está haciendo también en Venezuela, y qué decir
    de México, donde a fines del ´96 la inversión
    renació y en lo que va del año ha sido muy buena.

    – ¿Los inversores muestran tanto entusiasmo por el Mercosur
    como por el Nafta?

    Batres: -Si bien el Nafta ha estado en el centro de la escena,
    resulta cada vez más evidente que a mediano y largo plazo el
    Mercosur es importantísimo. Otro factor notable es el
    reordenamiento que está teniendo lugar en Venezuela, que
    aunque no obedece a un tratado de libre comercio, representa una
    apertura muy importante a la inversión extranjera directa,
    sobre todo en materia petrolera. Todo esto significa que
    América latina como región suma más que las
    partes individuales.

    – Teniendo en cuenta la histórica inestabilidad cambiaria
    de Brasil, ¿no intranquiliza a los inversores la posibilidad de
    un efecto caipirinha con consecuencias similares al tequila?

    Batres: -El tequila fue realmente una situación
    excepcional. Vamos a tener resbalones en Brasil, en la Argentina, en
    muchas partes, así como se tienen en Europa, pero
    catástrofes de esa magnitud lo dudo. Además, cuando
    hablamos de inversión, hay que distinguir bien entre la que se
    hace en activos fijos productivos y los movimientos de capital en los
    mercados financieros, que tienen una dinámica totalmente
    diferente. Una catástrofe como la del tequila estuvo precedida
    por un colapso de la inversión extranjera directa durante tres
    años consecutivos, y un endeudamiento de corto plazo de
    más de US$ 30.000 millones, casi 70% de las exportaciones del
    país. Brasil no tiene, en absoluto, un fenómeno
    similar, aun con 3 o 4% de déficit de cuenta corriente.

    Bichuetti: -Es verdad que Brasil depende mucho de un aspecto para
    conseguir una estabilidad total, que es la reforma fiscal. Me
    preguntaron muchas veces aquí en Argentina qué va a
    ocurrir cuando tenga lugar la devaluación brasileña.
    Creo que puede haber una devaluación, pero no muy fuerte.
    Todos los estudios manifiestan que habría un impacto en la
    economía, en la inflación, pero ni remotamente cercano
    al que se vio con el tequila. De todos modos, esto no va a ocurrir
    antes de las elecciones del año próximo, lo que da
    tiempo al gobierno brasileño para buscar las alianzas que le
    permitan hacer las reformas fiscales necesarias. Pero, aun sin ellas,
    la devaluación no tendrá los efectos de la mexicana del
    ´94, ni la actual de los países asiáticos.

    – ¿Cómo debe interpretarse, en este sentido, la
    reciente ola de inversiones en la Argentina, concentrada sobre todo
    en la banca?

    Bichuetti: -Hay algunos factores específicos que pueden
    estar atrayendo inversiones al negocio financiero. El primero es el
    bajo nivel de bancarización de la Argentina. Además
    está el atractivo de que en países como la Argentina y
    Brasil las tasas de interés son más altas que en
    economías más estabilizadas. Y yo creo que hay un
    factor adicional, quizá más subjetivo, que es que con
    la globalización muchos bancos quieren estar donde
    están sus clientes globales.

    Batres: -Pero si la inversión extranjera en la Argentina se
    dirige predominantemente al sector bancario, de una u otra forma eso
    no es muy bueno. Yo me preguntaría si eso no trae aparejada
    una falta de promoción de la inversión extranjera hacia
    sectores industriales, agrícolas, energéticos o de
    infraestructura. Siempre es mejor un país diversificado,
    equilibrado. Por otra parte, la banca está haciendo una
    especie de catch up. Exhibe un retraso en la
    internacionalización de sus negocios, está muy
    atrás en la globalización comparada con otros sectores,
    como las industrias farmacéutica, automotriz o química.

    – En el caso particular del Mercosur, ¿se están
    generando las herramientas de gestión y los recursos humanos
    necesarios para encarar la nueva situación?

    Batres: -La Argentina es un país de un tamaño
    importante -una economía mediana a nivel mundial- que ha
    hecho una apertura en todos los órdenes a una velocidad
    vertiginosa. Eso provoca, inevitablemente, un cuello de botella muy
    estrecho en la capacitación, en el talento disponible para
    concretar la internacionalización de la productividad
    nacional. El rezago, particularmente en el renglón de los
    recursos humanos, es sencillamente doloroso, pero inevitable. Creo
    que los empresarios argentinos en los próximos dos o tres
    años van a tomar conciencia de que la inversión en el
    capital humano es indispensable para aprovechar las oportunidades y
    competir exitosamente en el Mercosur. Brasil tiene más camino
    recorrido en todo eso.

    Bichuetti: -He notado en la gran mayoría de las empresas
    con las que trabajamos una preocupación muy grande con
    respecto a la capacitación ejecutiva. Muchas están
    pensando en hacer algo, pero pocas verdaderamente se están
    preparando para dar el salto importante en la competencia de los
    recursos humanos.

    – Las Pymes, que son las principales generadoras de empleo, se
    encuentran ante el dilema de que deben reestructurarse para
    sobrevivir en el mercado globalizado, pero en general no cuentan con
    los recursos para financiar un programa de transformación.
    ¿Cómo puede abordarse este problema?

    Bichuetti: -Pueden contar con el apoyo de algún tipo de
    consultoría que las ayude a desarrollar sus proyectos de
    reingeniería a precios accesibles. Pero hay una posibilidad
    más importante: que una compañía más
    grande, que tenga pequeñas y medianas como proveedoras, les
    brinde apoyo para transformarse. En Brasil, por ejemplo, hay un
    programa no gubernamental, que brinda diferentes tipos de apoyo a las
    Pymes, desde la consultoría en áreas específicas
    a costos muy accesibles hasta la financiación a empresas
    más grandes para hacer proyectos con compañías
    pequeñas. Volkswagen, por ejemplo, participó en este
    programa. En Venezuela, junto a PDVSA (la petrolera estatal),
    apoyamos un programa de desarrollo para Pymes, no solamente para
    capacitarlas como proveedoras de la empresa, sino también para
    exportar servicios a otras petroleras fuera de Venezuela.

    Batres: -Venga la ayuda del gobierno o de una gran empresa, el
    hecho es que las pequeñas empresas van a necesitar asistencia,
    porque los países latinoamericanos estamos saliendo al mundo
    de una forma tremendamente abrupta, no racional ni planificada,
    impulsados por la necesidad. Aquí no hemos tenido el beneficio
    de décadas de evolución hacia el capitalismo y hacia la
    internacionalización, como fue el caso de Estados Unidos, o
    siglos de evolución, como es el caso de los ingleses o de los
    alemanes. Es imposible esperar que nuestros pequeños
    empresarios se suban al carro y se conviertan en
    compañías eficientes en tres años, o en cinco, o
    en ocho, porque estas cosas de las que estamos hablando debieron
    haber sido hechas en 30 o 40 años. Entonces, la ayuda es
    imprescindible, la única discusión es de quién
    debe venir, quién la fomenta y quién la organiza.

    – Por ahora, parecería que quienes en mayor medida
    aprovechan las oportunidades del Mercosur son las empresas
    multinacionales que dividen sus negocios entre Brasil y la Argentina
    o las compañías nacionales muy grandes.

    Bichuetti: -Esto es verdad. No sólo las Pymes argentinas,
    también empresas más grandes están preocupadas
    por el Mercosur. Ven lo que significa, pero son tímidas al
    explorar oportunidades en Brasil porque no saben cómo
    buscarlas o, cuando fueron a estudiarlas, se encontraron con un
    mercado de un tamaño tan grande que se asustaron. No buscaron
    a empresas brasileñas de sus mismas dimensiones, a las que
    también les podría interesar una sociedad, una alianza
    estratégica que les permitiría complementar mercados.

    – ¿Qué escenario se plantea Arthur D. Little para la
    próxima década?

    Bichuetti: -Primero, un cambio en el papel del Estado, con menor
    intervención en la economía. Segundo, creo que vamos a
    tener en Latinoamérica una integración económica
    mucho más fuerte, formando un gran bloque como es Europa hoy.
    Pero habrá mucho que caminar para llegar a eso.

    Batres: -Sin duda alguna iremos a algún tipo de zona
    americana de libre comercio, y a un creciente grado de
    integración; Mercosur con Venezuela, Colombia, Nafta, y esto
    será muy bueno. Pero creo también que hay dos factores
    que tendremos que empezar a resolver, porque de lo contrario no va a
    subsistir el modelo. El primero es que la integración y el
    libre comercio en América latina no signifiquen un retroceso
    permanente en el nivel de vida de mucha gente. Si no lo corregimos,
    este distanciamiento no nos va a llevar a buen puerto. Por otro lado,
    considero imprescindible que subsistan las grandes empresas
    latinoamericanas, por lo menos un gran número de ellas.
    Desearía que Latinoamérica no llegara a ser
    Canadá, donde quedan sólo 10 o 15 empresas importantes,
    y todas las demás son subsidiarias. El poder no está
    allí.

    H.C. y D.V.

     

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