viernes, 29 de mayo de 2026

    Qué hicieron los mejores

    La cuarta edición del Premio Nacional a la Calidad tuvo,
    por primera vez desde 1994, ganadores en la categoría de
    grandes empresas productoras de bienes: 3M Argentina y Siderar se
    adueñaron de la distinción. ¿Para qué sirve
    el premio? Como herramienta de autoevaluación, para ganar
    prestigio, y &emdash;quizá&emdash; como argumento de ventas,
    responden en las empresas.

    Las dos compañías comenzaron sus programas de
    calidad a principios de la década. 3M empezó en 1991,
    con ventas netas por US$ 24,7 millones; hoy suma 115 millones y
    apunta a los 200. Siderar, en tanto, debía remontar los
    resultados negativos de Somisa, la empresa estatal que le dio origen.
    Luego de cinco años de gestión en los que la
    calidad

    fue asumida como “una herramienta de ventaja competitiva”, factura
    US$ 1.200 millones, exporta a 40 países y logró, en su
    último ejercicio, utilidades por US$ 61 millones.

    Felipe Sánchez maneja una empresa que en los últimos
    seis años quintuplicó sus ventas y que se prepara para
    seguir creciendo a un ritmo de 21% hasta el fin de siglo. Sin
    embargo, al momento de reseñar los programas de 3M Argentina
    elige un tono notablemente sobrio: “No hicimos nada extraordinario.
    Nos preocupamos, en cambio, por mejorar las cosas simples, de sentido
    común, que hacen que los clientes y los empleados estén
    más satisfechos”.

    La revisión de procesos comenzó a principios de la
    década con un programa de transformación cultural
    llamado Q90, o Calidad para los ´90. En ese momento la
    compañía llegó a la conclusión de que la
    ventaja tecnológica no alcanzaba y que debía dar un
    salto hacia el servicio. “Nos habíamos quedado atrás en
    el seguimiento de los procesos continuos; nuestros esfuerzos estaban
    dispersos por líneas de productos”, reconoce
    Sánchez.

    En la primera evaluación de calidad los resultados no
    fueron alentadores: obtuvieron 300 de los 1.000 puntos posibles. Pero
    el programa ya estaba en marcha. 3M se aprestaba a crecer por
    año a un ritmo promedio de 30% y disparar sus ventas netas de
    US$ 24,7 millones en 1991 a los US$ 115 proyectados para 1997.

     

    Hacia adentro y hacia afuera

    Las acciones de 3M apuntaron, ante todo, a asegurar la lealtad de
    sus 3.000 clientes, que fueron consultados a través de
    encuestas de satisfacción. Los grupos de trabajo se
    encargarían luego de proponer soluciones para las debilidades
    detectadas. “Nosotros pensamos que el nivel de satisfacción no
    alcanza; necesitamos un compromiso mayor de los clientes con la
    compañía. En la última medición, 40% de
    una muestra de 120 empresas encontró nuestro servicio “muy
    satisfactorio”; eso es lo que buscamos, que sean advocats de 3M”,
    indica su presidente.

    El personal de la empresa también se constituyó en
    sujeto de encuestas. A ellos no sólo se les pide
    opinión sino propuestas para alcanzar “una atmósfera de
    trabajo ideal”. Como contrapartida, la empresa decidió
    apuntalar la formación de su plantel. Además de los
    cursos de capacitación &emdash;propios o encargados a
    consultoras&emdash;, 3M financia ocho maestrías anuales para
    sus empleados; el primer key issue de la corporación es “tener
    la mejor gente”.

    Sánchez opina que, a diferencia de lo que suele creerse, en
    un plan de excelencia todo es susceptible de ser medido. En este
    caso, un buen indicador de la satisfacción del personal es la
    tasa de rotación, que no supera 3% de los 450 empleados.

    Los resultados de las empresas premiadas con el Premio Nacional a
    la Calidad &emdash;según estipulan sus bases&emdash; deben
    satisfacer a clientes, accionistas, personal y, en general, a la
    sociedad en su conjunto. “Sin cumplimiento de las responsabilidades
    sociales y ambientales, la calidad no existe”, resumen en 3M.

    Entre las obligaciones, la primera es el respeto a las normas
    éticas, cuya defensa llevó alguna vez a la empresa a
    abandonar mercados, asegura Sánchez. Y redobla la apuesta:
    “Para nosotros no hay negocio que justifique quebrar las reglas:
    nuestros valores están definidos y no son negociables”.

    Desde 1975 la corporación tiene en marcha el programa de
    las 3P: la prevención de la polución paga, que
    generó, a nivel mundial, ahorros por US$ 500 millones. “Se
    puede ser rentable y responsable”, afirma Sánchez. Hace cinco
    años inauguraron en Hurlingham una planta de tratamiento de
    solventes. Si bien la legislación argentina no la demandaba,
    con una inversión de US$ 2 millones evitaron la emisión
    de vapores a la atmósfera e hicieron economía: ahora
    reciclan 98% de los solventes que contienen los adhesivos.

    Según Sánchez, la calidad también se
    demuestra yendo más allá de los requerimientos o marcos
    actuales: “El estándar de 3M no lo fija la legislación
    sino la disponibilidad tecnológica. Nosotros preferimos no
    tener una posición reactiva sino dar vuelta el planteo; desde
    el mismo desarrollo de producto buscamos hacerlo con vías que
    no sean contaminantes. Librarnos de problemas que nos
    afectarían en el mediano plazo es parte de la gestión
    de excelencia”.

     

    Revolución permanente

    3M fabrica y comercializa 60.000 productos en todo el mundo. Sus
    negocios abarcan desde la industria aeroespacial y la
    reproducción de imágenes hasta el mercado de oficinas y
    los productos para el hogar. A nivel mundial, su misión es ser
    la empresa más innovadora y el proveedor preferido. Para
    lograrlo no se fija objetivos pequeños: 30% de sus ventas
    deben provenir de productos con menos de cuatro años de
    antigüedad, y 8% de su facturación va a parar a los
    laboratorios de investigación, que lanzan al año 500
    nuevos productos.

    “Nuestra cultura no consiste sólo en inventar e inventar,
    sino también en sentarnos a evaluar qué más
    podemos hacer por nuestros clientes, proveedores y accionistas. Esta
    es una manera de mantener viva la política de mejoras
    continuas”, explica Sánchez.

    El Premio Nacional a la Calidad, recibido el 17 de noviembre,
    tampoco es considerado en la empresa como punto de llegada. Es
    más, reconocen que se trata de un “reconocimiento de hoy por
    hacer bien las cosas o por ser un modelo de mejora”, pero que de
    ninguna manera garantiza el éxito de los negocios.
    “Probablemente hasta represente exigencias mayores &emdash;reflexiona
    Sánchez&emdash;, porque si somos una empresa de calidad los
    clientes y proveedores elevarán sus expectativas.”

    El futuro, de cualquier modo, ya está presente en 3M. El
    año pasado la compañía echó a andar Focus
    200/2000, el programa de renovación cultural que reemplaza a
    Q90 y con el que espera convertirse, en tres años, en una
    empresa con ventas por US$ 200 millones anuales.



     

     

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