martes, 2 de junio de 2026

    La misma película, con otro elenco

    El año pasado deparó, más que grandes
    sorpresas, la confirmación de tendencias ya perfiladas en
    años anteriores. Fenómenos como la
    concentración, la integración regional y los avatares
    propios de vivir en un mundo globalizado condicionaron el
    desenvolvimiento de las empresas. Algunos sectores exhibieron un
    mayor dinamismo y, en algunos casos, ayudaron a vislumbrar con
    más claridad el horizonte inmediato.

     

    El paisaje del año que pasó, y aun el horizonte que
    se avizora para el que comienza, no difiere en sus trazos más
    gruesos de lo ocurrido en el ´96. El duro aprendizaje de la
    globalización está cada vez más presente, en el
    sentido de asimilar que, junto con las mieles del ingreso de
    capitales y la apertura de mercados fronteras afuera, vienen los
    tragos amargos del impacto local de las debacles ajenas, y asumir que
    esto también desnuda las fragilidades encubiertas de la
    estructura del mercado interno.

    Otro tanto sucede con el proceso de integración regional:
    el Mercosur avanza a paso firme, con la impronta sostenida del
    comportamiento de la economía del socio mayor. En efecto,
    Brasil continuó siendo el destino más importante de las
    exportaciones argentinas, pero al mismo tiempo la localización
    preferida por buena parte de los actores multinacionales a la hora de
    definir grandes proyectos de inversión. Asimismo, la
    incertidumbre instalada con respecto a la salud del real y las
    perspectivas de una recesión más que anunciada en el
    país vecino, sumadas a los recurrentes coletazos del efecto
    arroz, generan en muchos empresarios locales un desvelo que bien
    podría transformarse en pesadilla. Lo que no deja de ser
    paradójico si se compara esta sensación – y esas
    realidades – con los resultados de la encuesta de expectativas
    (ver nota de página 77) en la que campea un llamativo
    optimismo.

    En otro orden, se reiteraron y en algunos casos se intensificaron
    fenómenos que vienen produciéndose en los
    últimos años: la concentración, vía
    adquisiciones y fusiones, y el ingreso de nuevos players
    internacionales, con el matiz diferencial de que tuvieron lugar en
    sectores que hasta ahora no habían sido transitados en esa
    medida. En resumidas cuentas, la misma película con cambio de
    elenco.

     

    Con mucha energía

    El negocio energético fue uno de los que adquirió un
    protagonismo relevante, y en el que de alguna manera se condensan los
    ingredientes básicos de la actual dinámica. En cuanto
    al ingreso de capitales, las estimaciones de la Secretaría de
    Energía prevén que entre este año y el 2002 las
    industrias del petróleo, el gas y la electricidad
    recibirán inversiones que rondarán los US$ 20.000
    millones. Los resultados del sector guardan coherencia con ese
    entusiasmo: en los últimos tres años la
    producción petrolera creció de 38,7 millones de metros
    cúbicos a 48 millones; la de gas, de 27.702 a 38.000 millones
    de metros cúbicos, y la energía eléctrica
    registró un aumento promedio de la demanda de 6% anual. Las
    ventas externas del conjunto treparon desde US$ 1.221,4 millones
    hasta cruzar la barrera de los US$ 3.000 millones.

    Las características del modelo económico y el hecho
    de que la Argentina constituye una importante puerta de entrada al
    mercado regional empujaron a los jugadores nativos y extranjeros a
    meterse en la cancha local con la mirada puesta en el Cono Sur, en el
    que Brasil – aun con sus vaivenes – sigue siendo el
    bocado más apetecido.

    En este encarnizado partido volvió por sus fueros la furia
    española; Endesa ya estaba en Edenor, y con la compra de 55%
    del grupo chileno Enersis pasó a controlar Edesur, Central
    Costanera y la represa hidroeléctrica El Chocón. La
    petrolera Repsol – que había comprado Astra en el
    ´96 – se quedó con 90% de Eg3.

    Otra operación de peso fue la venta de 60% del paquete
    accionario de la petrolera Bridas a la estadounidense Amoco, que dio
    lugar al nacimiento de la empresa Panamerican Energy, que
    desplazó al grupo Perez Companc del segundo lugar entre los
    productores nacionales de crudo.

    El ingreso de estadounidenses y españoles en el mercado
    local fue acompañado por el movimiento simultáneo de
    las compañías nacionales, que se vieron empujadas a
    cruzar las fronteras buscando en el escenario regional las
    oportunidades de crecimiento que la saturación de su mapa
    doméstico ya no ofrecía.

    El panorama a corto y mediano plazo estará, pues, dominado
    por estos vectores, con el agregado del protagonismo estelar del
    negocio gasífero. Según los funcionarios del
    área, el gas será la vedette de los años por
    venir, ya que para el 2010 prevén ventas externas de 40
    millones de metros cúbicos diarios. Tanto optimismo es
    respaldado por los grandes consultores privados, quienes afirman que,
    dado que la Argentina posee alrededor de 8% de las reservas
    detectadas en el continente, deberá afrontar el desafío
    de exportar a los países vecinos, transformarlo en
    energía eléctrica y desarrollar la industria
    petroquímica.

     

    Dinamismo e incertidumbre

    Algunos sectores exhibieron, junto a un marcado dinamismo, una
    fuerte sensibilidad a los embates que el efecto arroz puede asestar
    sobre su futuro, ya sea por una eventual caída de las
    exportaciones, el incremento de la tasa de interés
    – especialmente en el área de los semidurables y el
    negocio inmobiliario – y aun los temores que la
    sensación de incertidumbre puede generar en el consumidor
    local.

    La industria alimentaria, que mueve anualmente alrededor de US$
    45.000 millones (en precios al consumidor), fue un polo de
    atracción para las inversiones: en el período ´91/´97
    se aplicaron US$ 8.000 millones a la construcción,
    ampliación y modernización de plantas. En ese mismo
    lapso se registraron ventas de compañías por un monto
    de más de US$ 3.000 millones, 80% de los cuales provinieron de
    compradores extranjeros. Así, hoy, de las 20 firmas más
    grandes de alimentos procesados sólo Arcor continúa
    siendo totalmente de capital nacional.

    En el ´97, por lo tanto, no se movió demasiado el mapa de
    los actores del negocio, salvo episodios como el pase de Fargo
    – que controla más de 70% del mercado de pan de
    molde – a las manos del incansable Exxel Group, la compra por
    parte de Arcor de la fábrica de galletitas LIA – que le
    permitió integrarse al pelotón de punta con 20% de
    market share – , y los avances del grupo Macri, que
    después de haber adquirido Canale se halla en pleno plan de
    expansión y apunta a comprar empresas de farináceos en
    el sur brasileño.

    Aunque la buena nueva de la liberación de la aftosa
    abrió un marco esperanzador para los productores de carne, el
    negocio no exhibió grandes concreciones en el ´97. La vaca
    loca inglesa atemorizó a todas las mandíbulas europeas,
    que se resistieron a masticar el producto, más allá de
    la certificada cordura de los bovinos locales. Estados Unidos sigue
    siendo una plaza difícil de penetrar pese al optimismo del
    embajador argentino, quien ya montó parrilla en el
    jardín de la sede diplomática, y los mercados
    asiáticos son aún territorios a explorar.

    Ya sea por saturación en algunos rubros
    – lácteos, galletitas y fideos – o por la escasa
    perspectiva de crecimiento del consumo interno, casi todos los
    jugadores apostaron sus fichas más allá de las
    fronteras. Básicamente en el Mercosur, y mayoritariamente en
    Brasil. Esa perspectiva se repite para este año, sólo
    que ahora el optimismo se ha trocado en incertidumbre, habida cuenta
    del clima recesivo que vive el país vecino y de la siempre
    temida devaluación del real.

    Igual situación y tribulación viven las
    automotrices, que – con las terminales europeas ahora atendidas
    por sus propios dueños (Fiat, Renault y Peugeot) –
    vieron cómo la brasildependencia les arruinaba las fiestas y
    pintaba su horizonte para el ´98 con los tonos sombríos de
    caídas en las exportaciones, acumulación de stocks,
    suspensiones y despidos de personal.

     

    El futuro del futuro

    El terreno de la tecnología estratégica
    mostró dos paisajes diversos. El del negocio
    informático, más bien calmo y previsible, donde se
    asentó la tendencia caracterizada por un mayor dinamismo en el
    ámbito del software y, dentro del hardware, de los productos
    para el hogar y las pequeñas oficinas. Uno de los big players,
    IBM, que llegó tarde a ese último segmento, se
    lanzó frenéticamente a tratar de recuperar espacio.
    Mientras tanto, como contrapartida, los jugadores asentados en el
    territorio PC iban por los mainframes de las grandes licitaciones,
    aprovechando el efecto negativo que el affaire Banco Nación le
    provocó a la Big Blue en ese campo.

    El paisaje de las telecomunicaciones, en cambio, lució
    cambiante a ritmo de vértigo. El gran protagonista fue el
    consolidado matrimonio del CEI – el holding empresario de
    Citicorp – y la española Telefónica Internacional
    Sociedad Anónima, que en cuestión de meses construyeron
    un multimedios al que sólo le falta – por ahora –
    un gran diario masivo. En una arrasadora blitzkrieg, el CEI se
    posicionó en paridad – 50,2% – con su partner
    ibérico en Cointel, que controla Telefónica de
    Argentina, le vendió al grupo Clarín su parte en el
    cable Multicanal (22,5%) a la par que adquiría 49% de una
    sociedad de Tisa que posee 30% de ese mismo cable. Esa
    operación obligó al grupo Clarín a desembolsar
    US$ 239 millones, en tanto que nada se supo de cuánto
    salió de las arcas del holding que pilotea Richard Handley
    para realinearse con Tisa.

    Ya en conjunto, la pareja se alzó con Cablevisión,
    Mandeville – el mayor cable del interior – y luego VCC,
    del que le vendieron 45% a Multicanal por US$ 322 millones. El raid
    de compras continuó con un tercio de Torneos y Competencias y
    el paquete mayoritario del grupo Atlántida.

    Por su parte, el grupo Clarín continuó con su
    política de adquirir cables en el interior del país y,
    junto con los venezolanos del holding Cisneros, se lanzó a la
    TV satelital con Direct TV, que espera colocar sus primera antenas
    este año.

    Todas estas movidas permiten inferir que hay jugadores fuertes que
    ya apuestan al futuro del futuro. Esperan que éste los
    encuentre bien parados y, quizás, en una posición de
    control que desaliente a otros big players. No hay que olvidar que,
    una vez que se produzca la liberalización total del mercado,
    la sinergia entre fibra óptica y cable – con su variable
    cablemodem – posibilitará el envío
    simultáneo de señales de audio, video, textos y acceso
    a redes informáticas. Si a eso se le suma contar con
    proveedores de contenido, el negocio no puede lucir más
    redondo.

    Verónica Rímuli