El año pasado deparó, más que grandes
sorpresas, la confirmación de tendencias ya perfiladas en
años anteriores. Fenómenos como la
concentración, la integración regional y los avatares
propios de vivir en un mundo globalizado condicionaron el
desenvolvimiento de las empresas. Algunos sectores exhibieron un
mayor dinamismo y, en algunos casos, ayudaron a vislumbrar con
más claridad el horizonte inmediato.
El paisaje del año que pasó, y aun el horizonte que
se avizora para el que comienza, no difiere en sus trazos más
gruesos de lo ocurrido en el ´96. El duro aprendizaje de la
globalización está cada vez más presente, en el
sentido de asimilar que, junto con las mieles del ingreso de
capitales y la apertura de mercados fronteras afuera, vienen los
tragos amargos del impacto local de las debacles ajenas, y asumir que
esto también desnuda las fragilidades encubiertas de la
estructura del mercado interno.
Otro tanto sucede con el proceso de integración regional:
el Mercosur avanza a paso firme, con la impronta sostenida del
comportamiento de la economía del socio mayor. En efecto,
Brasil continuó siendo el destino más importante de las
exportaciones argentinas, pero al mismo tiempo la localización
preferida por buena parte de los actores multinacionales a la hora de
definir grandes proyectos de inversión. Asimismo, la
incertidumbre instalada con respecto a la salud del real y las
perspectivas de una recesión más que anunciada en el
país vecino, sumadas a los recurrentes coletazos del efecto
arroz, generan en muchos empresarios locales un desvelo que bien
podría transformarse en pesadilla. Lo que no deja de ser
paradójico si se compara esta sensación – y esas
realidades – con los resultados de la encuesta de expectativas
(ver nota de página 77) en la que campea un llamativo
optimismo.
En otro orden, se reiteraron y en algunos casos se intensificaron
fenómenos que vienen produciéndose en los
últimos años: la concentración, vía
adquisiciones y fusiones, y el ingreso de nuevos players
internacionales, con el matiz diferencial de que tuvieron lugar en
sectores que hasta ahora no habían sido transitados en esa
medida. En resumidas cuentas, la misma película con cambio de
elenco.
Con mucha energía
El negocio energético fue uno de los que adquirió un
protagonismo relevante, y en el que de alguna manera se condensan los
ingredientes básicos de la actual dinámica. En cuanto
al ingreso de capitales, las estimaciones de la Secretaría de
Energía prevén que entre este año y el 2002 las
industrias del petróleo, el gas y la electricidad
recibirán inversiones que rondarán los US$ 20.000
millones. Los resultados del sector guardan coherencia con ese
entusiasmo: en los últimos tres años la
producción petrolera creció de 38,7 millones de metros
cúbicos a 48 millones; la de gas, de 27.702 a 38.000 millones
de metros cúbicos, y la energía eléctrica
registró un aumento promedio de la demanda de 6% anual. Las
ventas externas del conjunto treparon desde US$ 1.221,4 millones
hasta cruzar la barrera de los US$ 3.000 millones.
Las características del modelo económico y el hecho
de que la Argentina constituye una importante puerta de entrada al
mercado regional empujaron a los jugadores nativos y extranjeros a
meterse en la cancha local con la mirada puesta en el Cono Sur, en el
que Brasil – aun con sus vaivenes – sigue siendo el
bocado más apetecido.
En este encarnizado partido volvió por sus fueros la furia
española; Endesa ya estaba en Edenor, y con la compra de 55%
del grupo chileno Enersis pasó a controlar Edesur, Central
Costanera y la represa hidroeléctrica El Chocón. La
petrolera Repsol – que había comprado Astra en el
´96 – se quedó con 90% de Eg3.
Otra operación de peso fue la venta de 60% del paquete
accionario de la petrolera Bridas a la estadounidense Amoco, que dio
lugar al nacimiento de la empresa Panamerican Energy, que
desplazó al grupo Perez Companc del segundo lugar entre los
productores nacionales de crudo.
El ingreso de estadounidenses y españoles en el mercado
local fue acompañado por el movimiento simultáneo de
las compañías nacionales, que se vieron empujadas a
cruzar las fronteras buscando en el escenario regional las
oportunidades de crecimiento que la saturación de su mapa
doméstico ya no ofrecía.
El panorama a corto y mediano plazo estará, pues, dominado
por estos vectores, con el agregado del protagonismo estelar del
negocio gasífero. Según los funcionarios del
área, el gas será la vedette de los años por
venir, ya que para el 2010 prevén ventas externas de 40
millones de metros cúbicos diarios. Tanto optimismo es
respaldado por los grandes consultores privados, quienes afirman que,
dado que la Argentina posee alrededor de 8% de las reservas
detectadas en el continente, deberá afrontar el desafío
de exportar a los países vecinos, transformarlo en
energía eléctrica y desarrollar la industria
petroquímica.
Dinamismo e incertidumbre
Algunos sectores exhibieron, junto a un marcado dinamismo, una
fuerte sensibilidad a los embates que el efecto arroz puede asestar
sobre su futuro, ya sea por una eventual caída de las
exportaciones, el incremento de la tasa de interés
– especialmente en el área de los semidurables y el
negocio inmobiliario – y aun los temores que la
sensación de incertidumbre puede generar en el consumidor
local.
La industria alimentaria, que mueve anualmente alrededor de US$
45.000 millones (en precios al consumidor), fue un polo de
atracción para las inversiones: en el período ´91/´97
se aplicaron US$ 8.000 millones a la construcción,
ampliación y modernización de plantas. En ese mismo
lapso se registraron ventas de compañías por un monto
de más de US$ 3.000 millones, 80% de los cuales provinieron de
compradores extranjeros. Así, hoy, de las 20 firmas más
grandes de alimentos procesados sólo Arcor continúa
siendo totalmente de capital nacional.
En el ´97, por lo tanto, no se movió demasiado el mapa de
los actores del negocio, salvo episodios como el pase de Fargo
– que controla más de 70% del mercado de pan de
molde – a las manos del incansable Exxel Group, la compra por
parte de Arcor de la fábrica de galletitas LIA – que le
permitió integrarse al pelotón de punta con 20% de
market share – , y los avances del grupo Macri, que
después de haber adquirido Canale se halla en pleno plan de
expansión y apunta a comprar empresas de farináceos en
el sur brasileño.
Aunque la buena nueva de la liberación de la aftosa
abrió un marco esperanzador para los productores de carne, el
negocio no exhibió grandes concreciones en el ´97. La vaca
loca inglesa atemorizó a todas las mandíbulas europeas,
que se resistieron a masticar el producto, más allá de
la certificada cordura de los bovinos locales. Estados Unidos sigue
siendo una plaza difícil de penetrar pese al optimismo del
embajador argentino, quien ya montó parrilla en el
jardín de la sede diplomática, y los mercados
asiáticos son aún territorios a explorar.
Ya sea por saturación en algunos rubros
– lácteos, galletitas y fideos – o por la escasa
perspectiva de crecimiento del consumo interno, casi todos los
jugadores apostaron sus fichas más allá de las
fronteras. Básicamente en el Mercosur, y mayoritariamente en
Brasil. Esa perspectiva se repite para este año, sólo
que ahora el optimismo se ha trocado en incertidumbre, habida cuenta
del clima recesivo que vive el país vecino y de la siempre
temida devaluación del real.
Igual situación y tribulación viven las
automotrices, que – con las terminales europeas ahora atendidas
por sus propios dueños (Fiat, Renault y Peugeot) –
vieron cómo la brasildependencia les arruinaba las fiestas y
pintaba su horizonte para el ´98 con los tonos sombríos de
caídas en las exportaciones, acumulación de stocks,
suspensiones y despidos de personal.
El futuro del futuro
El terreno de la tecnología estratégica
mostró dos paisajes diversos. El del negocio
informático, más bien calmo y previsible, donde se
asentó la tendencia caracterizada por un mayor dinamismo en el
ámbito del software y, dentro del hardware, de los productos
para el hogar y las pequeñas oficinas. Uno de los big players,
IBM, que llegó tarde a ese último segmento, se
lanzó frenéticamente a tratar de recuperar espacio.
Mientras tanto, como contrapartida, los jugadores asentados en el
territorio PC iban por los mainframes de las grandes licitaciones,
aprovechando el efecto negativo que el affaire Banco Nación le
provocó a la Big Blue en ese campo.
El paisaje de las telecomunicaciones, en cambio, lució
cambiante a ritmo de vértigo. El gran protagonista fue el
consolidado matrimonio del CEI – el holding empresario de
Citicorp – y la española Telefónica Internacional
Sociedad Anónima, que en cuestión de meses construyeron
un multimedios al que sólo le falta – por ahora –
un gran diario masivo. En una arrasadora blitzkrieg, el CEI se
posicionó en paridad – 50,2% – con su partner
ibérico en Cointel, que controla Telefónica de
Argentina, le vendió al grupo Clarín su parte en el
cable Multicanal (22,5%) a la par que adquiría 49% de una
sociedad de Tisa que posee 30% de ese mismo cable. Esa
operación obligó al grupo Clarín a desembolsar
US$ 239 millones, en tanto que nada se supo de cuánto
salió de las arcas del holding que pilotea Richard Handley
para realinearse con Tisa.
Ya en conjunto, la pareja se alzó con Cablevisión,
Mandeville – el mayor cable del interior – y luego VCC,
del que le vendieron 45% a Multicanal por US$ 322 millones. El raid
de compras continuó con un tercio de Torneos y Competencias y
el paquete mayoritario del grupo Atlántida.
Por su parte, el grupo Clarín continuó con su
política de adquirir cables en el interior del país y,
junto con los venezolanos del holding Cisneros, se lanzó a la
TV satelital con Direct TV, que espera colocar sus primera antenas
este año.
Todas estas movidas permiten inferir que hay jugadores fuertes que
ya apuestan al futuro del futuro. Esperan que éste los
encuentre bien parados y, quizás, en una posición de
control que desaliente a otros big players. No hay que olvidar que,
una vez que se produzca la liberalización total del mercado,
la sinergia entre fibra óptica y cable – con su variable
cablemodem – posibilitará el envío
simultáneo de señales de audio, video, textos y acceso
a redes informáticas. Si a eso se le suma contar con
proveedores de contenido, el negocio no puede lucir más
redondo.
Verónica Rímuli
