martes, 2 de junio de 2026

    Una temporada en el purgatorio

    Esta primera edición de MERCADO de 1998 llega a los
    lectores con un contenido poco común, apenas terminado un
    año que tampoco tuvo nada de común.

    Las últimas semanas de 1997 representaron, en más de
    un sentido, una divisoria de aguas. Por un lado, las consecuencias
    locales – algunas ya insinuadas, otras anunciadas – de la
    crisis internacional surgida a partir del crack asiático
    suscitaron nuevos interrogantes acerca de los riesgos que impone la
    globalización, y de la capacidad del país para moverse
    con fluidez y seguridad en ese escenario.

     

    Sentencia pública

    Por otro lado, el año concluyó con la
    liquidación del llamado “imperio Yabrán”, una
    operación cuya importancia emblemática excede
    largamente su dimensión económica.

    Más allá de los resultados concretos de las
    investigaciones iniciadas en torno de los negocios de Alfredo
    Yabrán, lo cierto es que el empresario se vio finalmente
    obligado a dar un paso al costado, abrumado por la enorme carga de
    acusaciones y sospechas que se acumularon sobre él.

    Como es cada vez más frecuente, la cuestión no se
    resolvió a través de los lentos mecanismos de la
    Justicia, sino en el más expeditivo tribunal de la
    opinión pública, con lo que pareció confirmarse
    que en la Argentina ha dejado de ser natural – o siquiera
    tolerable – la existencia de zonas de oscuridad y
    escándalo en el entorno de los empresarios.

     

    Alfajores y correos

    Como otra manifestación del signo de los tiempos, el nuevo
    dueño de los negocios de Yabrán carece de color
    político e, incluso, de una identidad sectorial definida. El
    grupo Exxel, especializado en hacer crecer los fondos de
    instituciones, empresas y magnates norteamericanos, ha mostrado, en
    su joven existencia de cuatro años, un apetito tan vigoroso
    como indiscriminado, capaz de saciarse con pan lactal, pizzas y
    alfajores, pero también con electricidad, tarjetas de
    crédito, supermercados, clínicas privadas, correos y
    free shops.

     

    El día después

    El clima de fin de fiesta que enfrió los ánimos a
    partir de octubre tiene que ver con la percepción,
    todavía difusa, de que el paraíso que parecía
    dibujarse durante buena parte de 1997 se ha esfumado, y lo que viene
    ahora es una temporada en el purgatorio, de duración
    difícil de pronosticar.

    Como sostiene el economista Pablo Gerchunoff en la nota de la
    página 58 de esta edición, la Argentina viene
    padeciendo, a consecuencia de la persistente apreciación del
    dólar, una pérdida de competitividad internacional que
    podría estimarse en alrededor de 20% en los últimos dos
    años.

    La situación lleva inevitablemente a pensar que el
    confortable colchón de la convertibilidad puede parecerse, en
    ocasiones como ésta, a una cama de clavos que, por otra parte,
    no resulta aconsejable ni sensato abandonar.

     

    Tigres flacos

    A todo esto se suma la cuestión – no menor – de
    que el frente externo de la economía argentina se verá
    complicado por la renovada y exacerbada agresividad de los
    exportadores asiáticos. Los famosos tigres de la región
    están ahora enflaquecidos, hambrientos y con sus monedas
    devaluadas, lo que los convierte en temibles competidores.

    La situación no asoma, por otra parte, como un
    fenómeno pasajero. Economistas de prestigio internacional,
    como Lester Thurow (ver la nota de la sección Negocios, a
    partir de la página 133), empiezan a advertir que la edad de
    oro de los tigres asiáticos ha terminado, y, con ella, el
    modelo de crecimiento que se acuñó a partir de la
    experiencia de la región.

     

    Los ejemplos

    Hablar, en estas circunstancias, de una fórmula para el
    crecimiento – el tema que ocupa la Portada de esta
    edición – puede parecer, según se mire,
    paradójico o especialmente oportuno.

    En esta investigación de MERCADO han participado los
    máximos directivos de diez empresas líderes
    seleccionadas por su excepcional performance en el último
    quinquenio.

    Estos protagonistas del cambio y de los desafíos que
    impusieron la estabilidad, la apertura, la globalización e,
    incluso, las secuelas del tequila relatan aquí sus
    experiencias y definen cuáles fueron los pilares sobre los que
    asentaron el crecimiento sostenido de sus negocios.

    El resultado, lo que podría denominarse la fórmula
    de consenso, remite, ineludiblemente, al esfuerzo, la
    inversión de recursos y la profesionalización de la
    gerencia. Aunque buena parte de los entrevistados menciona el efecto
    positivo que tuvo en sus negocios el entorno económico
    inaugurado a partir de la convertibilidad, todos ellos encuentran las
    razones del éxito en los procesos (en general, prolongados y
    trabajosos) encarados dentro de sus propias organizaciones, y no en
    las providenciales oportunidades del mercado.

     

    Las prioridades

    En una conferencia del ciclo Business to Business organizada por
    MERCADO – sintetizada en el artículo de la página
    90 – el consultor Rubén Ordóñez da cuenta
    de las nuevas condiciones del clima imperante en los negocios al
    admitir que en las estimaciones elaboradas para sus clientes fue
    necesario corregir los cálculos, que ahora apuntan a un
    modesto crecimiento de 2 a 3% en el consumo global durante 1998, con
    excepciones en segmentos muy específicos, como la
    informática hogareña, que mantendrán un mayor
    ritmo de expansión.

    En 1998, un año que, según Ordóñez,
    “aparece como amenazador, pero seguramente va a ser entretenido”, las
    oportunidades jugarán a favor de los que puedan competir mejor
    en valor agregado y en innovación. Precisamente, dos de los
    ingredientes más citados en la fórmula de crecimiento
    elaborada a partir de los diez casos de empresas líderes.

     

    Profetas en su tierra

    A todo esto, ¿qué esperan los empresarios argentinos
    para la primera mitad de este enigmático año? La
    encuesta semestral de expectativas que MERCADO viene realizando desde
    1991 aportó, esta vez, resultados sorprendentes.

    Ocho de cada diez se definen a sí mismos como optimistas
    acerca de la marcha de la economía.

    Hay, sin embargo, dos datos sugestivos que colocan el tono
    optimista en una dimensión particular. El énfasis en la
    perspectiva exportadora es notable. Llega a 65% el índice de
    los que aspiran a colocar sus productos en los mercados externos.

    Además de la implícita convicción de que las
    mejores oportunidades se encontrarán fronteras afuera, los
    empresarios consultados por MERCADO manifiestan una firme voluntad de
    incrementar las inversiones en su actividad. Lo que no hace
    más que confirmar la premisa que surge de la fórmula
    del crecimiento: en estos tiempos de la Argentina y del mundo, el
    progreso no es mágico ni – sobre todo – gratuito.