lunes, 1 de junio de 2026

    Marcha atrás a la Revolución Industrial

    A juzgar por los apasionados tributos rendidos a la tecnología
    informática cada vez más frecuentemente en la prensa, incluida
    Forbes ASAP, podría suponerse que Internet es la invención
    más importante desde el fuego, que el impacto que ejerce una laptop
    en la sociedad empequeñece al del automóvil, y que la era
    informática, cada vez más inminente, transformará
    nuestras vidas totalmente. Mi consejo a los exageradamente entusiasmados
    tecnófilos que venden estas visiones es simple: no se apresuren.

    La tecnología informática se trata sin duda de algo sumamente
    importante, pero sus consecuencias no se sentirán en forma directa
    e inmediata. En la realidad, la tecnología moderna no afecta directamente
    demasiado las vidas de las personas. Nuestras vidas personales no reciben
    información en forma intensiva. No sufrirán una transformación
    radical por el advenimiento de una tecnología informática
    superior.

    Una vez que uno va más allá de planificar sus vacaciones
    y manejar sus finanzas, el contenido diario de información de nuestras
    vidas se reduce considerablemente. No es una señal de optimismo
    que mantener el inventario de latas de verduras sea, para demasiadas personas,
    una aplicación fundamental para una computadora hogareña,
    o que los grupos de chat on line sean un fenómeno social importante.
    La información pertenece al terreno del trabajo. Es aquí,
    en el mundo laboral, donde los efectos de la tecnología moderna
    se sienten más. El trabajo es el lugar en el que la tecnología
    está cambiando al mundo, mientras contribuye a dar marcha atrás
    a la Revolución Industrial.

    La idea central de la Era Industrial no era la normalización
    de las partes o la línea de montaje móvil, sino la especialización
    de la mano de obra. Cuando cada persona tenía poca idea o ninguna
    &endash;de hecho era lo único que podían tener&endash;
    de la imagen total, era necesario dividir el trabajo en pequeñas
    partes.

    La Revolución Industrial creó al trabajador moderno tal
    como lo entendemos hoy: como una persona que realiza una tarea particular
    de acuerdo con una serie de reglas más o menos fijas. Su desempeño
    se evalúa según la estrecha perspectiva de esa tarea. El
    otro lado del trabajador es el gerente. El gerente posee la información
    que el trabajador no posee. El sabe lo que están haciendo los otros,
    cómo el trabajo del individuo se adapta al todo, los objetivos de
    la empresa en su totalidad y el contexto en que el trabajador está
    realizando sus tareas.

    Si bien la especialización de tareas mejoró la productividad
    en forma considerable, también fragmentó los procesos hasta
    hacerlos irreconocibles. En un mundo centrado en las tareas, los procesos
    caen entre las grietas. Se vuelven lentos, inflexibles, propensos a errores
    y costosos por los gastos fijos gerenciales necesarios para mantenerlos
    en forma. En el mundo del siglo XIX, con una demanda aparentemente infinita
    por parte de los clientes, esos problemas podían pasarse por alto.
    Pero en la realidad de hoy de la economía global, pueden resultar
    paralizadores.

    Afortunadamente, la tecnología informática nos está
    permitiendo deshacer la Revolución Industrial, reintegrar las tareas
    en procesos conectados. Cuando la tecnología permite a todos comprender
    la imagen global, cuando permite a las personas compartir información,
    cuando les proporciona el conocimiento que necesitan para tomar las decisiones
    por sí solos, cuando puede brindarles apoyo para enfrentar nuevas
    o complejas situaciones, entonces ya no se tiene una organización
    de trabajadores, sino una organización de individuos con iniciativa
    propia. Son responsables tanto de realizar las tareas como de asegurarse
    de que se realicen correctamente.

    Más aun, una organización sin trabajadores es una organización
    sin gerentes. Los profesionales no necesitan superiores o supervisores
    para asegurarse de que trabajan en forma correcta e intensiva: necesitan
    entrenadores que les brinden apoyo y los eduquen. En síntesis, la
    era informática es una era en la que los trabajadores abren el paso
    a profesionales y los gerentes son reemplazados por entrenadores.

    El paso de una organización centrada en las tareas a una centrada
    en los procesos puede no sonar demasiado drástico. En realidad,
    es el tipo de acontecimiento capaz de cambiar el mundo que muy rara vez
    tiene lugar. La proliferación de los sistemas de computación
    y de comunicaciones no sólo está modificando la manera en
    que trabajamos sino también la manera en la que hablamos y pensamos.
    Una organización rica en información es una organización
    democrática, en la que los cargos y el status no significan nada,
    y en la que todos se sienten y comportan como un entrepreneur.

    Pero, ¿qué hay de aquellos que no están interesados
    o son incapaces de realizar esos trabajos? ¿Qué oportunidades
    existirán para ellos? ¿Estamos creando una economía
    sin piso? ¿Nuestras vidas laborales serán más prácticas
    al tener la capacidad de acceder y usar la información o será
    el futuro un infierno implacable en el cual el trabajo no podrá
    separarse del resto de la vida?

    No existe una respuesta a estas preguntas. Sin embargo, estas alternativas
    están muy cerca de nosotros. Es igual de ingenuo desear alejarlas
    como lo es hacer caso omiso de ellas deleitándonos con las tecnologías
    que nos están acercando. Como una vez me dijo un sabio profesor:
    “Los problemas técnicos son los problemas fáciles”. Tratar
    con las consecuencias es aun más difícil que anticiparlas.

     

    © Forbes ASAP / MERCADO

     

    (*) El Dr. Michael Hammer es coautor del libro de negocios más
    influyente de la década de los ´90, Reengineering the corporation:
    a manifesto for business revolution. También es el fundador de varias
    firmas de tecnología de avanzada y un popular orador y consultor.