domingo, 31 de mayo de 2026

    Dos tigres con rayas diferentes

    La crisis asiática puso al desnudo las fallas estructurales del
    modelo coreano, mientras que Taiwán, con planes menos ambiciosos
    y menor concentración económica, sobrellevó el temporal
    sin grandes pérdidas.

    Taiwán y Corea del Sur pertenecen a la categoría de los
    tigres económicos, pero parecen representar especies muy diferentes.
    En Corea la política del gobierno apuntó a colocar el eje
    del desarrollo económico en manos de gigantescos conglomerados dominados
    por familias: la estructura que se conoce como chaebol. Enormes plantas
    automotrices, siderúrgicas y fábricas de chips fueron el
    orgullo del país. Taiwán recorrió el camino inverso:
    grupos relativamente pequeños y medianos dominaron el panorama,
    con una orientación básica hacia la manufactura liviana y
    la electrónica.

    Y este modelo está ganando. Corea parece prácticamente
    quebrada. Su moneda y su bolsa de valores por el suelo. Enfrenta un año
    – 1998 – de crecimiento cero, o incluso negativo.

    En cuanto a Taiwán, hasta diciembre su moneda sólo había
    caído 15% frente al dólar. La bolsa de valores había
    subido 17% , y éste fue el único mercado importante que subió
    en Asia. El PBI creció 6,7% en 1997, según cálculos
    del gobierno, y debería crecer 6% en 1998. “Taiwán superó
    la crisis mejor que nadie”, comenta Kenneth Courtis, del Deutsche Bank
    Group Asia Pacific.

    La crisis financiera asiática se disparó cuando los bancos
    se negaron a renovar préstamos a países con déficit
    de cuenta corriente y enorme deuda externa de corto plazo. Nada de eso
    ocurría en Taiwán, que viene exhibiendo excedentes de cuenta
    corriente durante 17 años consecutivos y, como Japón y Singapur,
    es un gran acreedor mundial neto.

    Sin embargo, en muchos sentidos, Taiwán la pasó peor que
    Corea del Sur. Ante la insistencia de China, la isla fue expulsada hace
    mucho tiempo del FMI y del Banco Mundial. Sabiendo que estaba prácticamente
    sola, desarrolló el hábito de confiar sólo en sí
    misma, financiando el crecimiento con sus ahorros internos y recibiendo
    el capital externo con condiciones favorables. Se ha empeñado en
    evitar el déficit de sus cuentas externas porque sabe que no puede
    contar con la ayuda de los organismos internacionales.

     

    Calle de una sola vía

    Taiwán, una nación con 21 millones de habitantes, ha mantenido
    reservas en divisas extranjeras de más de US$ 80.000 millones. Corea
    del Sur, con una población que equivale a más del doble,
    sólo tenía US$ 30.000 millones cuando estalló la crisis.

    Mientras Taiwán era un país acreedor, Corea del Sur era
    un fuerte deudor: tomó grandes préstamos en el extranjero
    pero siempre fue hostil a la inversión foránea directa. Hizo
    todo lo posible por proteger a los poderosos chaebols. Para Corea, el comercio
    libre era una calle de una sola vía.

    Con un gobierno que controlaba en buena medida la economía y
    dirigía el rumbo de las inversiones, Corea despilfarró capital.
    En la década de 1990 la tasa de inversión de capital de Taiwán
    fue de 21% a 23% del PBI, apenas la mitad de la cifra que mostraban sus
    vecinos asiáticos, y sin embargo el dinero fue invertido sabiamente
    por capitalistas privados, que sabían que si cometían un
    error podían ir a la quiebra.

    En Corea, el dinero que entraba del exterior en forma de préstamos
    financiaba muchas inversiones que no respondían a las señales
    del mercado sino a la política del gobierno. Mientras Corea construía
    monumentales plantas siderúrgicas, automotrices y de semiconductores,
    Taiwán invertía en componentes electrónicos, periféricos
    de computación y máquinas herramientas.

    Según Merrill Lynch, las primeras diez compañías
    industriales en Taiwán lograron un retorno promedio sobre el capital
    de 14% en 1996, comparado con 4% para una muestra similar en Corea. “Si
    aquí uno no muestra buenas ganancias, no puede obtener dinero de
    los bancos o del mercado bursátil”, dice Chi Schive, vicepresidente
    del Consejo para Planeamiento y Desarrollo Económico de Taiwán.

    Las garantías del gobierno y la política indujeron a las
    compañías coreanas a correr riesgos con dinero prestado.
    Una típica compañía en Taiwán tiene una relación
    deuda/capital de 1 a 1. La relación de la deuda en el chaebol de
    Corea oscila entre 4 a 1 y 8 a 1. “Si el chaebol pierde plata, pide más
    préstamos”, afirma Wu-Rong-I, presidente del Instituto de Investigaciones
    Económicas de Taiwán.

    Pero un día las puertas de los bancos se cerraron. Los estrechos
    lazos chaebol-gobierno fueron un caldo de cultivo para la corrupción.
    En muchos sentidos Corea estaba más cerca del modelo socialista
    que del modelo capitalista.

     

    El mercado y el gobierno

    “Taiwán tiene el mercado de capital más eficiente del
    mundo, por la forma en que los ahorros son canalizados hacia los empresarios”,
    dice Tobias Brown, director gerente de General Oriental Investments(HK)
    Ltd. “El mercado informal de capitales es el corazón del capitalismo
    chino.” En Corea el mercado de capitales es casi una rama del gobierno.

    Taiwán se ha convertido en el mayor exportador mundial de hardware
    de computación

    Las empresas de Taiwán, relativamente pequeñas, son ágiles
    a la hora de cambiar con el mercado, y las computadoras son un negocio
    que cambia con la velocidad de la luz. “En la informática la flexibilidad
    y la velocidad son más importantes que la economía de escala”,
    explica Eric Wu, presidente de Taiwan Securities Co., Ltd. Los gigantescos
    conglomerados coreanos y la rígida burocracia no estaban preparados
    para operar en este tipo de mercado.

    Taiwán sentirá que le llegan vientos hostiles desde sus
    vecinos, que, desesperados por divisas, se convertirán en competidores
    implacables. Pero con su excedente de cuenta corriente y su sólida
    situación financiera podrá darse el lujo de estimular su
    economía interna para compensar cualquier disminución en
    sus exportaciones.

    El veredicto ya se ha pronunciado.

    Andrew Tanzer

    © Forbes / MERCADO