– A principios de marzo el gobierno sancionó el
decreto de desregulación de las telecomunicaciones, pero pocos
días después se supo que será inaplicable
mientras no se resuelvan ciertas causas judiciales que involucran a
las operadoras telefónicas. ¿Para cuándo es
razonable esperar que opere la desregulación?
– La respuesta no está en nuestras manos. Nosotros,
como casi todos los que participan del sector, estamos esperando
ansiosos que se clarifique el marco. El decreto es un primer paso,
importante, pero el asunto no estará terminado hasta que no
esté implementado. Faltan dos cosas: levantar las barreras
judiciales y toda la reglamentación. El decreto sólo
fijó el marco general. Estamos al principio del camino, no al
final. Pero se ha dado un paso importante que no hay que minimizar.
– ¿Se llega a fin del año que viene?
– Yo creo que se llega. El problema no es si se llega o no,
sino si llegamos bien o no. En la medida en que continúe la
incertidumbre y esto no se clarifique rápidamente, se va a
perjudicar a los nuevos operadores y no a los existentes, porque en
el caso de éstos el escenario es mucho más claro. Pero
nosotros no podemos comenzar nuestro plan de inversiones ni
desarrollar en forma efectiva una cantidad de alianzas hasta tanto no
se clarifique el marco regulatorio. Creo que toda prórroga
afecta a la competencia futura efectiva.
– El marco regulatorio parece ser uno de los puntos
débiles del sector. A fines de 1995, cuando estuvo en Buenos
Aires, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Robert Rubin, se
quejó por la dispersión y la inestabilidad normativa
que, según él, había en la Argentina para las
telecomunicaciones. ¿Qué pasó desde entonces?
– El marco regulatorio es complejo. Y es así en
todos los países porque los avances tecnológicos son
muy rápidos y las regulaciones, en general, no los
acompañan con la misma velocidad. Esto es así en
Estados Unidos, en el resto de América latina y en la
Argentina. En el caso nuestro la situación se vio exacerbada
por una cantidad de situaciones conflictivas que llevaron a que el
marco regulatorio se defina en la Justicia y no en el ente regulador,
lo cual le agrega una cantidad de ruido al proceso.
– Ultimamente, varios de los principales dirigentes de
la Alianza cuestionaron el funcionamiento de los entes reguladores y
anunciaron que si esa agrupación llega al gobierno en 1999,
les darán mayor poder. En ese caso, ¿seguiría
siendo viable para Movicom la posibilidad de entrar en nuevos
negocios?
– Si la preocupación es reforzar los entes
reguladores y asegurar que haya un control efectivo del mercado,
seguro que la comparto y soy el primero que se va a alegrar de que
eso ocurra, independientemente de cuál sea el gobierno de
turno. Creo que es necesaria y fundamental la existencia de un ente
regulador fuerte, capacitado profesionalmente, con continuidad a lo
largo del tiempo. Especialmente para nosotros, que, comparados con
los dos monopolios del servicio básico telefónico,
somos los más chicos. Lo que nosotros pretendemos y precisamos
para poder crecer es claridad con respecto a la reglas. En ese
sentido, la existencia de un ente regulador fuerte sólo va a
mejorar nuestra situación.
– ¿Por la primera respuesta se debe interpretar que
Movicom ya tomó la decisión de participar en
telefonía fija?
– Nosotros tenemos la decisión, tomada hace tiempo,
de expandir las áreas en las que Bell South va a participar en
la Argentina por intermedio de Movicom. Nos interesan todas las
áreas en las que se pueda competir en condiciones de razonable
igualdad, que nos permitan crecer y tener una participación
importante en el mercado. En ese sentido, todas las oportunidades que
se nos abran en el marco del decreto las vamos a tratar de aprovechar
al máximo, sin duda.
– Se supone que, en competencia, nadie que quiera operar
telefonía básica va a poder pensar en el esquema de
rentabilidad del que hoy gozan Telefónica y Telecom.
¿Cómo va a condicionar eso a los que quieran entrar?
– Eso les tiene que preocupar justamente a ellos, no a
nosotros. Nosotros vamos a entrar ya con una expectativa de un
mercado competitivo. Nuestras inversiones y nuestros objetivos
comerciales van a ser acordes con ese marco. Los que van a sufrir una
caída o un cambio sustancial en las reglas de juego van a ser
aquellos que prestaban el servicio en condiciones monopólicas.
Nosotros ya hace cinco años que competimos. Por lo tanto, una
situación de competencia no es algo nuevo para nosotros.
– ¿Qué otras áreas, además de
la telefonía básica, pueden ser interesantes para
Movicom?
-Todas las áreas, dentro de lo que es
telecomunicaciones, nos interesan. Sea telefonía
inalámbrica, telefonía fija, transmisión de
datos o telefonía pública. Nuestra decisión
final va a depender principalmente del marco regulatorio. Pero el
interés potencial lo tenemos en todas las áreas.
– ¿Y otros sectores no estrictamente de
telecomunicaciones pero vinculados?
– ¿Por ejemplo? ¿Quiere decir si vamos a comprar
un diario?
– O tener participaciones en canales de
televisión o productoras de contenidos.
– No. Hasta ahora no ha sido nuestra estrategia. Hay otros
grupos -claramente, el caso de Telefónica- que
ven en la industria de los contenidos un buen negocio en sí
mismo y algo que tiene sinergias con el transporte de
información. Es una estrategia absolutamente válida. En
el caso nuestro, creemos que nos tenemos que focalizar en lo que
sabemos hacer bien, y hacerlo mejor todavía: la
transmisión, sea de voz viva o de datos.
– El sistema Paga el que llama (CPP, sigla en
inglés de Calling Party Pays) les permitió dar el salto
a la masividad, pero seguramente no serán sostenibles por
mucho tiempo las tasas de crecimiento del año pasado y de
éste. ¿Qué tasa sería razonable esperar
para el bienio 1999-2000?
– Como consecuencia del CPP el mercado se duplicó
durante 1997. Este año, sin duplicar, seguimos creciendo muy
aceleradamente. Creo que es alcanzable una tasa de 50%. Para hablar
de 1999 en adelante debemos volver a la cuestión del marco
regulatorio, porque la telefonía inalámbrica
comenzará a jugar otro rol que será parte de la
estrategia integral de cada uno de los operadores del mercado. Si el
escenario se aclarara en un sentido favorable, creo que la
telefonía inalámbrica va a continuar creciendo por
varios años más a tasas importantes.
– En los últimos meses ha habido una
explosión del negocio de los servicios de audiotexto (los
0-600). ¿Por qué la telefonía celular quedó
afuera?
– No hay un impedimento legal. En su momento nosotros
consideramos más importante concentrarnos en el negocio
principal, que era el que prometía el mayor crecimiento. Pero
consideramos cualquier oportunidad que pueda ser interesante.
– ¿Cuál es el panorama regional?
– Está ocurriendo lo mismo que estamos viendo en la
Argentina.
– Hoy por hoy, Brasil debe ser mucho más
atractivo que el resto.
– Brasil tiene un enorme potencial porque tanto en
telefonía fija como en telefonía celular tiene muy baja
penetración y mala calidad de servicio.
– Chile siempre fue un caso testigo. Al principio, como
modelo de desregulación y competencia. Pero últimamente
parece más un modelo de exceso de competencia y planes de
negocios desacertados. ¿Cuál es la experiencia de ustedes
allí?
– La de Chile es una experiencia muy aleccionadora para la
región. La obligación del gobierno, del ente regulador,
es crear condiciones que fomenten la competencia y beneficien al
público, pero que, al mismo tiempo, aseguren un incentivo para
la inversión en el sector y en el país. No tenemos que
olvidar que nuestros países son marginales dentro del flujo
global de capital. Por lo tanto, tenemos que crear condiciones que
nos permitan prever una tasa de retorno razonable, no a corto plazo
pero sí a largo plazo. El modelo chileno, claramente, ha
traído una baja muy rápida de tarifas en un primer
momento, con lo cual el público se vio aparentemente
beneficiado a corto plazo. Pero hoy, después de varios
años de experiencia, podemos decir que es un modelo que ha
resultado en desinversión en el sector. No vemos nuevas
inversiones, no vemos nuevos operadores internacionales entrando y
sí vemos una concentración cada vez más grande
en el sector. En definitiva, se desreguló para terminar con un
mercado más concentrado que cuando el proceso empezó.
– ¿El modelo argentino tomó las previsiones
que no tomó Chile?
– Creo que la intención es positiva y claramente se
está tratando de aprender de la experiencia de otros
países, como México y Chile, y de nuestra propia
experiencia de estos ocho años desde la privatización
de Entel. Digo creo porque faltan las aclaraciones, que son sumamente
importantes.
– ¿Y Brasil?
-Creo que la idea de Brasil es una desregulación
gradual. De hecho, todavía no ha llegado a la etapa de la
desregulación. En realidad, en Brasil se llegó a la
primera ola, que es la privatización, no la
desregulación. Es lo que nosotros hicimos hace ocho
años. Todos sabemos que la privatización de un
monopolio es un excelente negocio. Lo que hay que ver es cómo
avanzamos hacia un modelo superador, que es el aumento de la
competencia, y que obviamente es algo beneficioso, necesario.
