jueves, 30 de abril de 2026

    “Necesitamos un ente regulador que sea fuerte”

    – A principios de marzo el gobierno sancionó el

    decreto de desregulación de las telecomunicaciones, pero pocos

    días después se supo que será inaplicable

    mientras no se resuelvan ciertas causas judiciales que involucran a

    las operadoras telefónicas. ¿Para cuándo es

    razonable esperar que opere la desregulación?

    – La respuesta no está en nuestras manos. Nosotros,

    como casi todos los que participan del sector, estamos esperando

    ansiosos que se clarifique el marco. El decreto es un primer paso,

    importante, pero el asunto no estará terminado hasta que no

    esté implementado. Faltan dos cosas: levantar las barreras

    judiciales y toda la reglamentación. El decreto sólo

    fijó el marco general. Estamos al principio del camino, no al

    final. Pero se ha dado un paso importante que no hay que minimizar.

    – ¿Se llega a fin del año que viene?

    – Yo creo que se llega. El problema no es si se llega o no,

    sino si llegamos bien o no. En la medida en que continúe la

    incertidumbre y esto no se clarifique rápidamente, se va a

    perjudicar a los nuevos operadores y no a los existentes, porque en

    el caso de éstos el escenario es mucho más claro. Pero

    nosotros no podemos comenzar nuestro plan de inversiones ni

    desarrollar en forma efectiva una cantidad de alianzas hasta tanto no

    se clarifique el marco regulatorio. Creo que toda prórroga

    afecta a la competencia futura efectiva.

    – El marco regulatorio parece ser uno de los puntos

    débiles del sector. A fines de 1995, cuando estuvo en Buenos

    Aires, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Robert Rubin, se

    quejó por la dispersión y la inestabilidad normativa

    que, según él, había en la Argentina para las

    telecomunicaciones. ¿Qué pasó desde entonces?

    – El marco regulatorio es complejo. Y es así en

    todos los países porque los avances tecnológicos son

    muy rápidos y las regulaciones, en general, no los

    acompañan con la misma velocidad. Esto es así en

    Estados Unidos, en el resto de América latina y en la

    Argentina. En el caso nuestro la situación se vio exacerbada

    por una cantidad de situaciones conflictivas que llevaron a que el

    marco regulatorio se defina en la Justicia y no en el ente regulador,

    lo cual le agrega una cantidad de ruido al proceso.

    – Ultimamente, varios de los principales dirigentes de

    la Alianza cuestionaron el funcionamiento de los entes reguladores y

    anunciaron que si esa agrupación llega al gobierno en 1999,

    les darán mayor poder. En ese caso, ¿seguiría

    siendo viable para Movicom la posibilidad de entrar en nuevos

    negocios?

    – Si la preocupación es reforzar los entes

    reguladores y asegurar que haya un control efectivo del mercado,

    seguro que la comparto y soy el primero que se va a alegrar de que

    eso ocurra, independientemente de cuál sea el gobierno de

    turno. Creo que es necesaria y fundamental la existencia de un ente

    regulador fuerte, capacitado profesionalmente, con continuidad a lo

    largo del tiempo. Especialmente para nosotros, que, comparados con

    los dos monopolios del servicio básico telefónico,

    somos los más chicos. Lo que nosotros pretendemos y precisamos

    para poder crecer es claridad con respecto a la reglas. En ese

    sentido, la existencia de un ente regulador fuerte sólo va a

    mejorar nuestra situación.

    – ¿Por la primera respuesta se debe interpretar que

    Movicom ya tomó la decisión de participar en

    telefonía fija?

    – Nosotros tenemos la decisión, tomada hace tiempo,

    de expandir las áreas en las que Bell South va a participar en

    la Argentina por intermedio de Movicom. Nos interesan todas las

    áreas en las que se pueda competir en condiciones de razonable

    igualdad, que nos permitan crecer y tener una participación

    importante en el mercado. En ese sentido, todas las oportunidades que

    se nos abran en el marco del decreto las vamos a tratar de aprovechar

    al máximo, sin duda.

    – Se supone que, en competencia, nadie que quiera operar

    telefonía básica va a poder pensar en el esquema de

    rentabilidad del que hoy gozan Telefónica y Telecom.

    ¿Cómo va a condicionar eso a los que quieran entrar?

    – Eso les tiene que preocupar justamente a ellos, no a

    nosotros. Nosotros vamos a entrar ya con una expectativa de un

    mercado competitivo. Nuestras inversiones y nuestros objetivos

    comerciales van a ser acordes con ese marco. Los que van a sufrir una

    caída o un cambio sustancial en las reglas de juego van a ser

    aquellos que prestaban el servicio en condiciones monopólicas.

    Nosotros ya hace cinco años que competimos. Por lo tanto, una

    situación de competencia no es algo nuevo para nosotros.

    – ¿Qué otras áreas, además de

    la telefonía básica, pueden ser interesantes para

    Movicom?

    -Todas las áreas, dentro de lo que es

    telecomunicaciones, nos interesan. Sea telefonía

    inalámbrica, telefonía fija, transmisión de

    datos o telefonía pública. Nuestra decisión

    final va a depender principalmente del marco regulatorio. Pero el

    interés potencial lo tenemos en todas las áreas.

    – ¿Y otros sectores no estrictamente de

    telecomunicaciones pero vinculados?

    – ¿Por ejemplo? ¿Quiere decir si vamos a comprar

    un diario?

    – O tener participaciones en canales de

    televisión o productoras de contenidos.

    – No. Hasta ahora no ha sido nuestra estrategia. Hay otros

    grupos -claramente, el caso de Telefónica- que

    ven en la industria de los contenidos un buen negocio en sí

    mismo y algo que tiene sinergias con el transporte de

    información. Es una estrategia absolutamente válida. En

    el caso nuestro, creemos que nos tenemos que focalizar en lo que

    sabemos hacer bien, y hacerlo mejor todavía: la

    transmisión, sea de voz viva o de datos.

    – El sistema Paga el que llama (CPP, sigla en

    inglés de Calling Party Pays) les permitió dar el salto

    a la masividad, pero seguramente no serán sostenibles por

    mucho tiempo las tasas de crecimiento del año pasado y de

    éste. ¿Qué tasa sería razonable esperar

    para el bienio 1999-2000?

    – Como consecuencia del CPP el mercado se duplicó

    durante 1997. Este año, sin duplicar, seguimos creciendo muy

    aceleradamente. Creo que es alcanzable una tasa de 50%. Para hablar

    de 1999 en adelante debemos volver a la cuestión del marco

    regulatorio, porque la telefonía inalámbrica

    comenzará a jugar otro rol que será parte de la

    estrategia integral de cada uno de los operadores del mercado. Si el

    escenario se aclarara en un sentido favorable, creo que la

    telefonía inalámbrica va a continuar creciendo por

    varios años más a tasas importantes.

    – En los últimos meses ha habido una

    explosión del negocio de los servicios de audiotexto (los

    0-600). ¿Por qué la telefonía celular quedó

    afuera?

    – No hay un impedimento legal. En su momento nosotros

    consideramos más importante concentrarnos en el negocio

    principal, que era el que prometía el mayor crecimiento. Pero

    consideramos cualquier oportunidad que pueda ser interesante.

    – ¿Cuál es el panorama regional?

    – Está ocurriendo lo mismo que estamos viendo en la

    Argentina.

    – Hoy por hoy, Brasil debe ser mucho más

    atractivo que el resto.

    – Brasil tiene un enorme potencial porque tanto en

    telefonía fija como en telefonía celular tiene muy baja

    penetración y mala calidad de servicio.

    – Chile siempre fue un caso testigo. Al principio, como

    modelo de desregulación y competencia. Pero últimamente

    parece más un modelo de exceso de competencia y planes de

    negocios desacertados. ¿Cuál es la experiencia de ustedes

    allí?

    – La de Chile es una experiencia muy aleccionadora para la

    región. La obligación del gobierno, del ente regulador,

    es crear condiciones que fomenten la competencia y beneficien al

    público, pero que, al mismo tiempo, aseguren un incentivo para

    la inversión en el sector y en el país. No tenemos que

    olvidar que nuestros países son marginales dentro del flujo

    global de capital. Por lo tanto, tenemos que crear condiciones que

    nos permitan prever una tasa de retorno razonable, no a corto plazo

    pero sí a largo plazo. El modelo chileno, claramente, ha

    traído una baja muy rápida de tarifas en un primer

    momento, con lo cual el público se vio aparentemente

    beneficiado a corto plazo. Pero hoy, después de varios

    años de experiencia, podemos decir que es un modelo que ha

    resultado en desinversión en el sector. No vemos nuevas

    inversiones, no vemos nuevos operadores internacionales entrando y

    sí vemos una concentración cada vez más grande

    en el sector. En definitiva, se desreguló para terminar con un

    mercado más concentrado que cuando el proceso empezó.

    – ¿El modelo argentino tomó las previsiones

    que no tomó Chile?

    – Creo que la intención es positiva y claramente se

    está tratando de aprender de la experiencia de otros

    países, como México y Chile, y de nuestra propia

    experiencia de estos ocho años desde la privatización

    de Entel. Digo creo porque faltan las aclaraciones, que son sumamente

    importantes.

    – ¿Y Brasil?

    -Creo que la idea de Brasil es una desregulación

    gradual. De hecho, todavía no ha llegado a la etapa de la

    desregulación. En realidad, en Brasil se llegó a la

    primera ola, que es la privatización, no la

    desregulación. Es lo que nosotros hicimos hace ocho

    años. Todos sabemos que la privatización de un

    monopolio es un excelente negocio. Lo que hay que ver es cómo

    avanzamos hacia un modelo superador, que es el aumento de la

    competencia, y que obviamente es algo beneficioso, necesario.