Los mercados de futuro y la evolución de los fundamentals
de la industria petrolera hacen razonablemente seguros los
pronósticos de corto plazo. También es razonable la
previsión del largo plazo en materia de cotizaciones del
crudo. De presumirse la continuidad de la globalización y la
consecuente mayor competencia del mercado petrolero mundial, los
precios del crudo en términos reales tenderán a la baja
en el largo plazo.
Sucede que comienza a darse en la industria del petróleo un
proceso de agriculturización. La mayor competencia fuerza la
introducción de nueva tecnología para minimizar costos
y aumentar la productividad. La mayor productividad y los menores
costos toleran menores niveles de precios, a los que se responde con
más tecnología, menos costos y más
productividad. El círculo se repite y permite la baja de
precios.
Mientras predominen las reglas del mercado y aumente la
competencia, el precio del petróleo seguirá la
trayectoria del precio de los commotidities en general. A largo
plazo, la tendencia es bajista. A su vez, la obsesión de la
escasez de petróleo (como recurso no renovable) ha sido
desplazada por la conciencia internacional sobre la
contaminación de los combustibles fósiles
(polución ambiental, efecto invernadero). Esto implica mayor
carga impositiva sobre los precios de los derivados, menor demanda de
refinados, y desplazamiento de la demanda de combustibles a fuentes
alternativas. Esto también consolida el pronóstico
sobre el largo plazo.
Enigma para el 2000
La dificultad es pronosticar la evolución de precios a
mediano plazo. ¿Cuál será la cotización al
comienzo de la próxima década?
Thomas J. Peters, uno de los gurúes de la nueva
administración, junto con Michael Porter y Peter Drucker,
fustiga duramente los fundamentos del planeamiento estratégico
tradicional que asume hipótesis de un futuro previsible e
ignora la posibilidad de cambios bruscos.
En condiciones estables, a partir de una estimación del
crecimiento de la demanda, el objetivo del planeamiento
estratégico es determinar las reservas a incorporar, la
cantidad de pozos productivos, la capacidad de refinación y la
expansión del sistema logístico, necesarios para
atender esa demanda dentro de un cronograma compatible con los
recursos financieros disponibles. En este contexto, el precio del
petróleo es la variable más importante. Con buen
precio, todo se resuelve.
Peters advierte que en la era post-industrial el futuro
está signado por la incertidumbre y el cambio. Los modelos
económicos de planeamiento basados en premisas del pasado no
sirven. La matemática usada en esos modelos es adecuada para
fenómenos con pocas causas dominantes y consecuencias
previsibles. Estos modelos servían para pronosticar el precio
del petróleo cuando éste dependía de pocas
causas. Hoy ya no sirven. La nueva matemática de esta era de
incertidumbre es la denominada matemática del caos.
El planeamiento estratégico hoy debe concentrarse
más en las tendencias del mercado que en los
pronósticos de precios. Hay que identificar las fuerzas
predominantes y entender el comportamiento de los actores del
mercado. El manager de la sociedad post-industrial debe ser un
“oportunista bien informado”. Sólo así puede aprovechar
las oportunidades de negocios pese a las incertidumbres que ofrece el
escenario de precios de mediano plazo.
