-¿Cuáles han
sido, en definitiva, los factores desencadenantes de la crisis actual?
-En esta crisis hay una causa central que es la imperfección que muestran
los mercados financieros. Keynes denominaba concurso de belleza al hecho
de que los operadores no juzgan y, por lo tanto, no actúan según
lo que ellos verdaderamente piensan sino que se basan en el consenso del mercado;
es decir, tienen un comportamiento de tipo manada. De ahí surgen las
profecías autocumplidas: cuando el consenso le baja el pulgar a un país.
O pueden presentarse fenómenos de contagio cuando esa valoración
se extiende hacia otros países, independientemente de su situación
particular. Hemos visto que los organismos de calificación llegan a bajar
de categoría a un país no por cambios en su situación nacional
sino porque ven cambios en la opinión de los inversionistas extranjeros.
Por otro lado, los incentivos para los operadores internacionales están
ligados a las ganancias de corto plazo, sin que lleguen a hacerse efectivamente
responsables en caso de resultados negativos.
-¿Qué pueden hacer los países emergentes frente a
esta situación?
-Es necesario tener en claro que hay que tratar de realizar acciones en los
tiempos buenos porque, una vez que las crisis se desencadenan, las opciones
que quedan son pocas. Es conveniente llevar adelante políticas contracíclicas,
de carácter fiscal e impositivo, que permitan neutralizar las expansiones
fuertes o booms, que pongan freno a la entrada del capital de corto plazo
y eviten fuertes expansiones en el consumo y la demanda. También la regulación
bancaria debe ser contracíclica, aumentando las garantías exigidas
a los bancos en los tiempos de bonanza. Una vez que la crisis se declara, lo
que los países emergentes pueden hacer es limitado. Lo que se vuelve
esencial en situaciones como la que estamos viviendo actualmente es el desarrollo
de una nueva arquitectura financiera internacional.
-¿Qué medidas serían necesarias en el ámbito
del sistema financiero internacional?
-El fuerte desarrollo del mercado global de capitales vuelve imprescindible
implementar nuevas medidas que permitan llenar los vacíos regulatorios
existentes a nivel mundial y aumentar la gobernabilidad de esos flujos. Esas
regulaciones deben comprender tanto los préstamos bancarios de corto
plazo como los flujos provenientes de inversores no bancarios o institucionales.
En cuanto a los flujos bancarios de corto plazo, existen regulaciones nacionales
en los países industrializados que están coordinadas por el Banco
de Pagos Internacionales de Basilea. En mi opinión, esas regulaciones
han probado ser insuficientes para desincentivar los préstamos bancarios
de corto plazo dirigidos hacia los países emergentes, de modo que se
necesita aumentar las reservas requeridas para este tipo de préstamos.
Claro que sin afectar los créditos de carácter comercial. Los
flujos provenientes de inversores institucionales muestran características
de alta liquidez, así que pueden tener una responsabilidad importante
en el desenlace de las crisis financieras. Sin embargo, no hay un marco regulatorio
que neutralice los riesgos de mercado de estos flujos. Es urgente, entonces,
llenar este gap regulatorio para proteger tanto a los inversores de los
países industrializados como a los países en desarrollo frente
al comportamiento volátil de estos fondos. Un caso extremo en este sentido
es el de los fondos de cobertura o hegde funds, como el Long Term Capital
Management al que tuvieron que salir a salvar hace poco en Estados Unidos. Estos
fondos están sujetos a regulaciones mínimas, aceptan sólo
a grandes inversores y se endeudan fuertemente para financiar sus operaciones.
-¿Y qué se impone en medio de la urgencia de la situación
actual?
-Una vez que estalla la crisis, se vuelve fundamental contar con un prestamista
de última instancia. En ese sentido, el Fondo Monetario Internacional
no puede generar los enormes niveles de liquidez que la gravedad de la situación
requiere y, además, puede llegar a imponer condicionamientos que no siempre
son apropiados. Entonces, lo que se requiere es avanzar en ambos sentidos. Por
un lado, expandir la capacidad de préstamos del FMI y, por el otro, revisar
el papel del prestamista de última instancia para que la condicionalidad
sea la apropiada y de manejo más ágil. Además, creo que
sería necesario que los países endeudados lleven adelante acuerdos
con el Fondo antes de que la crisis se instale en sus mercados, para ser activados
en el momento oportuno. Podrían definirse mecanismos que sean aceptados
internacionalmente para instrumentar acciones en caso de crisis como, por ejemplo,
la extensión de la deuda de corto plazo con aval internacional.
-¿Se ha avanzado en la comprensión de los gobiernos e instituciones
internacionales en cuanto a la necesidad de responder efectivamente ante la
gravedad de la situación?
-Es evidente que, con esta crisis, se está abriendo un amplio margen
para la discusión no sólo dentro de las propias organizaciones
internacionales encargadas de su monitoreo y resolución, sino también
en otros ámbitos. Un editorial reciente del Financial Times plantea
la necesidad de controlar los flujos de capital de corto plazo y, en esta línea,
ya se han manifestado economistas de peso como Sachs, Rodrik y Bhaigwati. El
problema es que hay intereses privados que no se sienten favorecidos por el
aumento de las regulaciones. Sin embargo, un financista tan importante como
George Soros ha reconocido la necesidad de intervenir para frenar el caos y
desarrolló una interesante propuesta basada en la creación de
una nueva institución: la Corporación de Seguro de Crédito,
que estaría encargada de asegurar los préstamos internacionales,
a cambio de una modesta comisión, pero estableciendo un límite
para cada país receptor en los montos a ser asegurados. Más allá
de ese límite los acreedores tendrían que ser sumamente cuidadosos.
-¿Cuáles son los escenarios posibles que podrían plantearse
de aquí en más?
-Es obvio que la crisis puede llegar a profundizarse marcadamente si se expande
a Brasil y al resto de América latina, ya que sus efectos sobre Wall
Street pueden ser mucho más graves que los originados en las economías
asiáticas. Si se expandiera a América latina, serían mayores
las probabilidades de que la crisis pudiera alcanzar a los países industrializados
y generara una recesión de carácter mundial. De allí el
interés del FMI por anunciar, aun antes de las elecciones, la existencia
de un fondo de salvataje para Brasil. En este contexto, lo que señalaría
como un aspecto positivo del desarrollo de la crisis es que, hasta ahora, no
se ha registrado aún en el mundo un aumento pronunciado del proteccionismo.
Como aspecto preocupante podemos observar el downgrading o pérdida
creciente de credibilidad de los bancos, incluso de aquellos más importantes
en el ámbito internacional.
