viernes, 1 de mayo de 2026

    Recesión con certificado oficial

    La conducción económica ha ido introduciendo drásticos cambios en su pronóstico sobre la evolución del PBI durante este año. Del aumento de 4,8% previsto en septiembre pasado ­y tomado como base para el presupuesto sancionado por el Congreso­ se pasó
    a un índice estimado entre 2,5 y 3% en el Memorando de Política
    aprobado por el Fondo Monetario Internacional el 11 de enero.


    La hipótesis más optimista que circula entre los analistas es, ahora, la que apunta a 0% de crecimiento promedio para el año.


    Los informes sobre el comportamiento de los componentes de la oferta y la demanda durante el año anterior ponen de relieve dos aspectos. Por un lado, que el punto de inflexión de la fase expansiva post tequila se ubica en el segundo trimestre de 1998; por el otro, que ya a fines del año anterior la economía había ingresado en otra etapa recesiva.

    Menos, pero más


    Los datos sin estacionalidad muestran que en la segunda mitad de 1998 se acumuló una caída en el producto de alrededor de 3%. Esta retracción es modesta si se la compara con la de 6,8% acumulada en el primer semestre de 1995.


    Pero es preciso tener en cuenta que los valores recientemente difundidos sólo incluyen el efecto de la crisis rusa y apenas de manera parcial la caída de la demanda brasileña. No aparecen reflejados aquí los acontecimientos desatados a partir de mediados de enero.


    No es aventurado pronosticar, entonces, que la actual fase descendente del ciclo puede ser más extensa que la provocada por el efecto tequila y que, por lo tanto, podría llegar a acumular una contracción mayor que la de 1995.

    Doble filo


    Durante el primer semestre de 1995, el proceso de ajuste de la economía argentina mostró una fuerte caída en la absorción interna ­gastos en consumo e inversión­ y una pronunciada reducción en el déficit de la balanza externa de bienes y servicios reales. Ahora, en cambio, la caída en la absorción interna, aunque menor, se presenta en el marco de una reducción poco significativa del desequilibrio externo.


    Esto trae dos consecuencias, anticipadas por el directorio del FMI. Por una parte, “que los efectos negativos (del menor ritmo de actividad) sobre las finanzas públicas requieren la flexibilización del componente fiscal del programa”. En ese sentido, “la mayoría de los directores advirtieron sobre la inconveniencia de relajar los límites acordados en los gastos ­excluidos los pagos de intereses­ del gobierno federal”. En otras palabras, se trataría de elevar la presión impositiva y mejorar la administración tributaria.


    Puesto que la situación de las cuentas fiscales es uno de los ingredientes centrales en la evaluación del riesgo país, el directorio del Fondo insta a las autoridades locales a encontrar un equilibrio entre la necesidad de evitar un agravamiento de la recesión y “la preservación de la credibilidad en un marco de crecientes restricciones financieras, incluidas las del sector externo”.

    Por otra parte, el FMI advierte que, “con una aguda caída en el valor
    del real brasileño, es probable que la Argentina enfrente otro año
    de significativas presiones en su cuenta corriente. Ello renueva el énfasis
    sobre la necesidad de continuar mejorando la competitividad, y de mantener un
    manejo prudente de la deuda externa”.

    Oferta
    y demanda global
    *
    (% de variación)
    II´95/IV´94 IV´98/II´98
    Producto
    Bruto Interno
    -6,8 -3,0
    Absorción
    Interna
    -10,4 -3,7
    Consumo -14,9 -3,5
    Inversión 13,7 -4,3
    Balance
    Externo
    -77,3 -12,8
    Exportaciones
    17,6 -8,6
    Importaciones -12,9 -10,0
    *
    Valores desestacionalizados.
    Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos del Ministerio
    de Economía.

    La reciente difusión de los datos correspondientes a 1998 de
    los componentes de la oferta y la demanda global muestran
    que la economía argentina se sumergió en una nueva fase
    recesiva a partir de la segunda mitad del año. No obstante,
    esos valores expresan, en su mayor parte, las derivaciones de la crisis
    rusa y, sólo de manera parcial, el impacto del
    menor nivel de actividad de Brasil durante 1998. Es decir que no tienen
    en cuenta los efectos de la crisis de la
    economía brasileña desatada a mediados de enero pasado.
    Si se tiene en cuenta que el impacto del efecto tequila se extendió
    durante tres trimestres, acumulando una caída de
    8,2% en el PBI, no debería sorprender que esta nueva etapa
    recesiva sea más extensa y que, además, la contracción
    del PBI pueda superar la derivada del colapso de la economía
    mexicana.

    Los
    números del FMI

    Indicadores económicos seleccionados
    (1)
    % de variación anual. (2) En % del PBI. Fuente: FMI.

    La Carta de Intención firmada con el FMI el pasado 11 de
    enero ya ponía en evidencia que el escenario económico
    de
    1999 iba a presentar mayores dificultades. Así, el PBI crecería
    a una tasa bastante menor que la de 1998, el déficit en la
    cuenta corriente del balance de pagos aumentaría a niveles
    preocupantes, y la carga de la deuda pública con respecto al
    PBI mostraría un avance adicional. El único dato alentador
    era que el déficit fiscal mostraría una reducción
    absoluta y
    relativa en relación con el año anterior. “Sin embargo,
    desde entonces, las perspectivas inmediatas señalan un deterioro
    adicional; a punto tal que en abril próximo se renegociarían
    los compromisos asumidos con el FMI. Ese deterioro se
    expresa en una tasa de crecimiento inferior que, los más optimistas,
    ubican en torno a 0%. A la vez, el menor ritmo de
    actividad conduciría a un déficit fiscal más
    elevado y, por ende, a un nivel de endeudamiento público mayor.
    Finalmente, la
    debilidad de los precios de los commodities, la caída en la
    demanda externa y el crecimiento de los servicios de la deuda
    conducirían a un déficit en cuenta corriente aún
    más alto.”

    El color del cristal

    No es para menos. Ya la carta de intención acordada el 11 de enero destacaba
    que “es probable que el déficit de la cuenta corriente se amplíe
    a 4,9% del PBI, como reflejo de la continua debilidad de los precios de los
    commodities, la caída en la demanda externa y el aumento de la
    gravitación del servicio de la deuda externa”. Y esto no tomaba en cuenta
    el impacto de la posterior devaluación de la moneda brasileña.


    En suma, en el marco de una fuerte caída en el ritmo de expansión de la economía y de incremento en los niveles de desempleo, los inversores del exterior y los organismos financieros internacionales están preocupados por la situación de las cuentas fiscales y externas.


    La perspectiva es que ambas mostrarán resultados más adversos que durante 1998. De ahí que las calificadoras de riesgo sean prudentes en la revisión de la evaluación del país.


    No resulta sorprendente, por otra parte, que 25 de los 100 banqueros más importantes del mundo hayan indicado, en una encuesta realizada durante la reciente reunión anual del BID, que la Argentina se encuentra en segundo lugar (después de China) entre los países con mayores posibilidades de enfrentar fuertes presiones sobre su moneda.


    Esto también explica la insistencia del gobierno en presentar la dolarización de la economía como uno de los instrumentos que podrían reducir la incertidumbre y, por lo tanto, la volatilidad de los flujos de capital privado.

    Sin embargo, el subsecretario del Tesoro de Estados Unidos señaló
    en la reunión anual del BID que el país que esté considerando
    la dolarización de su economía “debe estar preparado para aceptar
    la disciplina e inflexibilidad que puede acarrear, con consecuencias sobre la
    independencia monetaria externa, el ajuste del tipo de cambio e, internamente,
    la dirección de las tasas de interés”.