“La industria argentina en general ha cambiado significativamente en los últimos años. En esta década registró un fuerte aumento de su productividad, que superó el promedio del resto de la economía. Se ha renovado tecnológicamente e incorporó las más modernas técnicas de gestión y normas de calidad”, señala José Ignacio de Mendiguren, secretario general de la Unión Industrial Argentina (UIA) y presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria.
“En el marco de un país integrado al mundo, los industriales tuvimos que realizar un proceso de reconversión para poder competir con empresas de mayor escala y fuerte apoyo de sus Estados para ganar mercados. Este proceso microeconómico tuvo resultados muy favorables, pero evidentemente encuentra límites objetivos”.
Para Hugo Strachan, presidente de Hewlett-Packard Argentina, las empresas locales “tuvieron que transitar un proceso de cambio de dimensiones mucho mayores que el que recorrieron las compañías del mundo desarrollado, porque partieron de una base operativa en la que la competitividad empresaria a escala mundial no era su principal objetivo. En consecuencia, tuvieron que hacer un mayor esfuerzo. Sin embargo, una gran parte de ese cambio sólo logró que las empresas argentinas se colocaran dentro de estándares ya alcanzados por el resto del mundo, y quizá hoy estén en una plataforma razonable desde donde mirar al futuro”.
Ganadores y perdedores
El cambio en el ambiente de los negocios durante esta década tuvo un impacto muy desparejo en las empresas y los sectores de actividad. Las más competitivas, en general, fueron las filiales de las transnacionales, las que gozaron de algún régimen especial o las que aprovechan las ventajas naturales de la producción de base agropecuaria.
“Una de las claves que explica el crecimiento del grupo Techint en los últimos años y que permitió nuestra proyección internacional fue la decisión, que a la luz de los hechos resultó acertada, de evitar diversificarnos demasiado y concentrarnos en los negocios que conocíamos y que, como fruto de esta política, fuimos desarrollando cada vez mejor”, explica Javier Tizado, vicepresidente ejecutivo de Siderar.
Otro sector en el que las empresas locales exhiben un buen desempeño competitivo en el ámbito internacional es el de industria alimentaria, especialmente en algunos segmentos, como el de los lácteos. “En los últimos años, la industria lechera argentina se ha transformado profundamente. En el caso de SanCor, el cambio se materializó en inversiones por más de US$ 200 millones para actualizar tecnológicamente sus estructuras industriales y de distribución”, relata Emilio Genovesio, presidente del consejo administrativo de SanCor. “Hoy, nuestros establecimientos sobresalen entre los mejores del mundo y ya nos permiten operar con menores costos y calidad internacional”.
A pesar de la caída de precios en el mercado mundial de lácteos, SanCor logró sumar, en el último ejercicio, exportaciones por US$ 105 millones. Según Genovesio, debido al volumen excepcional de leche recibida durante el año fiscal finalizado en junio que superó en 20% al del ejercicio anterior el balance de las exportaciones muestra una fuerte gravitación de los commodities. “Pero la política de SanCor en los últimos años se orientó hacia un aumento de la participación de productos con mayor valor agregado en las ventas al exterior”.
Una realidad distinta se registró en la mayoría de los sectores afectados por la apertura y, en especial, en las empresas de menor tamaño, que debieron enfrentar el aluvión de importaciones provenientes de productores internacionales altamente competitivos o que operan con un diferencial de costos muy desfavorable para la industria argentina.
Un ejemplo de esto es el sector de máquinas herramientas, una actividad intensiva en la producción de bienes con alto valor agregado y esfuerzos tecnológicos. En 1991 había cerca de 150 fabricantes, y hoy el número se redujo a 65.
“Somos uno de los sectores más afectados por la política económica de los últimos años, porque sufrimos una protección efectiva negativa: los bienes de capital importados ingresan al país con arancel cero, mientras que las partes o insumos no producidos localmente que utiliza nuestra industria tienen que pagar un arancel de 14%. Con este esquema nos resulta prácticamente imposible competir”, se lamenta Abelardo Lago, presidente de la Asociación Argentina de Fabricantes de Máquinas-Herramientas y Afines (AAFMHA), que reúne a las empresas que producen equipos para la industria.
Las próximas apuestas
Las perspectivas de las empresas en la Argentina muestran un panorama con marcados contrastes. Algunos segmentos planean estrategias ofensivas, basadas en fuertes procesos de inversión, para hacer frente al nuevo entorno. Es el grupo de las empresas más competitivas, que en estos últimos años lograron situarse en una posición cercana a las mejores prácticas internacionales. El resto, y en especial las Pymes que no entraron en el segmento más dinámico del mercado, probablemente tendrá que recurrir a estrategias defensivas o al deslizamiento hacia sectores de menor exposición frente a la competencia.
“El futuro de la industria de la indumentaria argentina pasa por la consolidación de sus ventajas comparativas, que son la base del proyecto Buenos Aires, Capital de la Moda del Mercosur, que desde la Cámara de la Indumentaria promueve el fortalecimiento del concepto ya existente de referente cultural de la moda argentina para toda la región”, señala Mendiguren.
Hugo Chiera, presidente de International Brand Group, la empresa que reúne a las marcas de indumentaria del Exxel Group, sostiene que “para ser más competitivos, la diferencia categórica la hace el management“.
“Hoy estamos invirtiendo en profesionalizar nuestro staff, en entrenar a nuestra fuerza de ventas (propia y la de nuestros franquiciados), en lograr la sinergia de operaciones entre compañías, en perfeccionar nuestros sistemas de información, extender nuestras líneas de productos y agregar valor a nuestras marcas para que el reconocimiento de nuestros clientes nos permita escapar de la encrucijada de los commodities“, explica Chiera.
No todas las miradas sobre el futuro de los negocios coinciden en el optimismo. “En la medida en que no se introduzcan cambios, la industria argentina, y no sólo el sector de máquinas herramientas, va a desaparecer”, vaticina Lago.
Para Genovesio, en cambio, “el sector lácteo, donde SanCor participa con 20% de la producción de leche, no sólo tiene buenas perspectivas, sino que proyecta su expansión a partir de su participación en el mercado mundial”. Advierte, sin embargo, que esto será posible sólo si “las prácticas proteccionistas, subsidios y variadas formas de competencia desleal por parte de otros países, no nos impiden un acceso franco, sin distorsiones a los mercados”.
Los reclamos
“Es necesario reducir el costo financiero, las tarifas de los servicios públicos, la presión impositiva sobre los sectores productores de bienes transables y cambiar los criterios de la política de administración del comercio exterior”, enumera Mendiguren.
Según el dirigente de la UIA, “el sistema financiero tiene problemas estructurales que van más allá del nivel de riesgo país, ya que durante estos años las pequeñas y medianas industrias tuvimos siempre tasas de interés reales elevadísimas”.
Las necesidades de las empresas se vinculan, además, con aspectos específicos de los negocios. “El gobierno debe asegurarle al empresario local el acceso a la tecnología con el menor costo posible y sin limitaciones, a través de medidas concretas como la reducción a cero de las tarifas de los productos de informática”, señala Strachan. Para el directivo del Exxel Group, la asignatura pendiente es profundizar los cambios que se produjeron en los últimos años. “En lugar de introducir medidas proteccionistas que provocan un aumento del costo final para el consumidor, sería más razonable operar sobre los factores que afectan al costo interno; por ejemplo, introducir una reforma laboral que flexibilice el marco actual, y encarar una reforma impositiva que garantice una base más equilibrada, y mejore drásticamente la efectividad en términos de recaudación”, propone Chiera.
Tizado sostiene, en cambio, que las políticas activas pueden tener un papel importante en el futuro. “El subsidio no es una mala palabra. Por el contrario, hay ciertas actividades y tipos de emprendimientos que merecen ser subsidiados e incluso existe una normativa internacional en esta área, para apoyar, por ejemplo, tareas de investigación y desarrollo”.
“La clave de todo esto es el manejo con transparencia. Los subsidios pueden existir siempre y cuando se los incluya dentro del presupuesto nacional para que se debatan en forma pública, a través de los representantes de todos los ciudadanos en el Congreso de la Nación”.
Lago también cree que las políticas activas son un requisito indispensable para que las empresas argentinas lleguen a ser competitivas. “Ningún país con pretensiones industriales puede darse el lujo de no apoyar a los fabricantes, a través de subvenciones o créditos. Lo que pedimos es lo mismo que se hace en Italia, Alemania, China o Estados Unidos”, argumenta.
“Para ser más competitiva, la industria argentina requiere modificaciones
de su política económica que le permitan reducir costos de producción
y definir una estrategia de generación de valor agregado”, sostiene Mendiguren.
“Los industriales ya cumplimos esforzándonos permanentemente para aumentar
la productividad, pero la política económica actual no genera
las condiciones adecuadas para la competitividad de los sectores orientados
a la exportación”.
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