Con esta 18ª edición, se cumplen nueve años ininterrumpidos de la encuesta de expectativas de los empresarios que el sociólogo Heriberto Muraro diseñó para MERCADO y que la firma Telesurvey ha procesado en todas las ocasiones.
Esta medición semestral brinda, por lo tanto, una amplia perspectiva acerca de la evolución del clima de los negocios en la Argentina durante la última década. Lo cual resulta particularmente útil para analizar los resultados de esta nueva encuesta, la primera que se realiza en un período de transición entre administraciones de diferente signo político.
El extenso cuestionario que mide las expectativas de los empresarios comenzó
a distribuirse después de las elecciones de octubre y la mayoría
de las respuestas llegó durante las jornadas previas a la asunción
del gobierno de Fernando de la Rúa.
Optimismo por dos
La explosión de optimismo que produjo esta circunstancia es inmediatamente apreciable a partir de la primera pregunta, en la que se indaga acerca de las expectativas de los directivos con respecto a cómo evolucionarán las ventas de su empresa durante el próximo semestre.
En este punto (considerado como el indicador más relevante del optimismo de los empresarios) los pronósticos positivos se multiplicaron por dos. En la encuesta realizada a mediados de 1999, apenas 28% anticipaba ventas algo o muy superiores. Se consolidaba, así, la tendencia manifestada a fines de 1998, cuando menos de un tercio apostaba a una mejora. Ahora, suma 61% la proporción de directivos de empresas que prevé una tendencia favorable en su facturación.
El horizonte de reactivación se complementa, coherentemente, con las estimaciones de que se revertirán las tendencias deflacionarias que se manifestaron en la economía durante el último año.
Aunque casi la mitad (45%) de los encuestados anticipa que los precios de sus productos o servicios se mantendrán sin cambios, los que prevén aumentos suman 16%, lo que representa la cifra más alta registrada desde principios de 1995. Significativamente, desciende de 56% a 39% la proporción de los que estiman que habrá caídas en sus precios.
En la medición anterior, las tasas de interés encabezaban, holgadamente,
la nómina de factores de incremento de los costos que más preocupaban
a los empresarios (con 40%). En esta ocasión, el índice desciende
a 35%, pero se eleva notablemente (de 3% a 13%) la proporción de empresarios
que mencionan los precios de los insumos como motivo de inquietud. Esto es,
por otra parte, congruente con las expectativas de aumentos de precios de las
materias primas, que en esta oportunidad manifiesta 32% de los encuestados.
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Ficha técnica
Esta encuesta
de expectativas para el primer semestre del 2000 fue elaborada sobre la
base de 170 respuestas de altos directivos de empresas pertenecientes
a 31 sectores de actividad. Entre las firmas consultadas, 30% son filiales
de compañías extranjeras.
Los resultados
de las encuestas anteriores fueron publicados en las ediciones de MERCADO
de agosto y diciembre de 1991; agosto de 1992; enero, julio y diciembre
de 1993; julio de 1994; enero y julio de 1995; febrero y julio de 1996;
enero, julio y diciembre de 1998; julio de 1998; enero y julio de 1999.
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Exportaciones en alza y rentables
Sigue manteniéndose en alrededor de dos tercios el número de ejecutivos que planean operaciones de exportación para sus empresas, pero en esta ocasión casi la mitad (49%) anticipa un incremento de sus colocaciones, en tanto que sólo 27% preveía aumentos en la encuesta anterior.
Sugestivamente, el “costo argentino” como factor de retracción de las exportaciones es citado ahora por 26% de los que prevén una caída de sus ventas al exterior. (En junio sumaba un tercio de las menciones).
Seis de cada diez exportadores estima que sus operaciones de comercio exterior serán rentables, y apenas 6% anticipa resultados negativos (frente al índice de 18% registrado en la medición anterior).
A juzgar por las respuestas de los empresarios encuestados, las importaciones mantendrán, durante la primera mitad del 2000, su marcha ascendente: algo más de un tercio manifiesta que se abastecerá de insumos predominantemente en el exterior.
Salarios quietos
El optimismo se refleja sólo parcialmente en la política salarial de las empresas. Ha aumentado sólo levemente (de 10 a 15%) la proporción de los que anticipan que los sueldos de su personal se incrementarán por encima del índice de inflación. Es más significativo, sin embargo, el descenso en el número de empresarios que pronostican una caída de los salarios reales (de 54% en junio se reduce ahora a 36%).
Entre quienes avizoran esta última perspectiva, la mayoría (61%) cita como motivo la necesidad de mejorar la rentabilidad, en tanto que sólo 27% encuentra una justificación en el bajo nivel de actividad (que era la causa mencionada por 47% de los que, en junio, preveían una retracción de los salarios frente a la inflación).
Las expectativas favorables tampoco se traducen visiblemente en la decisión de contratar más personal. Dos tercios de los encuestados siguen manifestando que no habrá cambios en este terreno. Se incrementa levemente, de 8 a 12%, la proporción de los que planean modestos incrementos de sus planteles.
El frente financiero
Las expectativas favorables con respecto a la evolución del mercado suelen traducirse en una mayor propensión de las empresas a endeudarse. En esta ocasión, sin embargo, no se verifica esta tendencia. Los encuestados que responden que el nivel de endeudamiento se incrementará o se mantendrá igual suman ahora 66%, algo menos incluso que en julio (cuando la proporción era de 70%).
Estas previsiones contrastan, además, con la percepción que muestran los empresarios acerca de la facilidad de acceso al crédito bancario. Seis meses atrás, apenas 4% esperaba mayores facilidades, ahora, el número se ha elevado a 18%, en tanto que los pesimistas en este terreno han menguado notablemente: de 57% a 23%.
Otro rasgo curioso del actual auge de optimismo empresario es que no parece alentar planes de inversión: la proporción de los que responden afirmativamente a esta pregunta se mantiene en 57% (un punto por debajo de la cifra registrada en julio).
Y entre quienes proyectan inversiones, se conserva sin variantes el índice de los que anticipan aumentos de los montos: 60%.
Signos alentadores
Es, en cambio, apreciable el salto cualitativo en las respuestas a la pregunta sobre qué porción de la capacidad instalada usarán efectivamente las empresas durante el próximo semestre. Casi la mitad (49%) planea utilizar más de 80%, lo que representa un sustancial incremento frente a los resultados de julio, cuando apenas algo más de un tercio se pronunciaba por ese pronóstico.
También las previsiones acerca de la rentabilidad revelan un radical cambio de clima. Dos tercios de los encuestados vaticinan una operación muy o algo rentable para su empresa en la primera mitad del 2000. Y los que avizoran un panorama de pérdidas descendieron abruptamente, de 17 a 6%.
En cuanto a las fuentes de crédito, los empresarios no sólo pronostican mayor facilidad de acceso, sino que prevén un comportamiento más racional de las tasas de interés: 59% vaticina que serán algo o muy superiores a la inflación. Aunque todavía elevado, éste es el índice más bajo que se registra desde fines de 1997. (En la encuesta anterior, 74% se inclinaba por este pronóstico).
También se anticipa una mayor moderación en las tarifas de los servicios públicos. Llega a apenas algo más de un tercio (36%) la proporción de quienes estiman que los precios en este sector alcanzarán niveles más altos que los que establecería el índice de inflación. Hay, incluso, 30% de optimistas que prevén que las tarifas de los utilities descenderán por debajo de las tasas de inflación.
Qué se espera del gobierno
El panorama no luce tan rosa de cara a los impuestos. Aunque levemente inferior al semestre pasado, sigue siendo alto el índice de respuestas que apuntan a impactos desfavorables de la política fiscal (60% frente a 73% en julio).
Sin embargo, hay un repunte notable de las expectativas con respecto a la acción del equipo económico. Quienes esperan repercusiones favorables para su empresa aumentaron de 12 a 33%. Y los pesimistas vieron mermar sus filas (bajaron de 56 a 25%).
Y, aun frente a la áspera polémica desatada en torno a las dimensiones y el futuro del déficit fiscal, llega a un apreciable 18% el número de quienes predicen que se logrará el equilibrio de las cuentas del Estado. (Este es, por cierto, el índice más alto de respuestas positivas registrado para esta pregunta en los últimos cinco años).
Se alcanza otro récord del quinquenio en una cuestión de importancia estratégica: qué grado de credibilidad logrará el equipo económico entre los empresarios. Casi la mitad (44%) de los encuestados avizora mejoras en este terreno, en tanto que sólo 6% de los consultados en julio había lanzado este pronóstico.
La ola de vaticinios optimistas llega también a un conflictivo territorio: el Mercosur. A pesar de las dificultades que viene exhibiendo el bloque regional (y los riesgos que parecen acechar a la industria argentina en este contexto), más de un tercio de los encuestados (36%) prevé una incidencia favorable del Mercosur para los negocios de su propia empresa. (Sólo 27% manifestaba esta opinión en julio). Los que temen consecuencias negativas retrocedieron, en cambio, de 29% a 14%.
Finalmente, el autodiagnóstico de los empresarios no deja dudas: casi seis de cada diez se manifestan algo o muy optimistas acerca de la evolución de la economía argentina, en tanto que apenas llegaba 35% la proporción de los que se ubicaban en esta franja seis meses atrás.
Y es aún más notable la brecha que separa a los pesimistas de
hoy y los de entonces: sus filas se redujeron de 41% a apenas 16%.