Como la mayoría de las actividades en las que el Estado tenía una fuerte presencia, el juego no escapó a la ola privatizadora de los ´90. Y la transformación fue más allá del cambio de manos. Hace apenas diez años, el negocio estaba prácticamente monopolizado por Lotería Nacional. La quiniela y el Prode eran los dos juegos preferidos por los apostadores argentinos, los hipódromos se llenaban todos los días, no había salas de bingo, y los casinos eran visitados por el público masivo sólo durante las vacaciones o en algún fin de semana largo.
Según los datos que maneja la Lotería Nacional, en 1999, los argentinos desembolsaron US$ 1.272 millones en apuestas. Pero la cifra no alcanza a reflejar la verdadera dimensión del juego en el país, ya que no incluye las recaudaciones de las loterías y los casi 50 casinos provinciales, ni las apuestas clandestinas que se realizan por fuera del circuito oficial.
Los primeros cambios en el sector llegaron de la mano de las loterías instantáneas, o raspaditas, que tuvieron su período de auge a principios de los ´90, en medio de la hiperinflación, cuando el día a día monopolizaba la atención del público.
El proceso de transformación se aceleró a mediados de la década, con el traspaso de la mayoría de los casinos y loterías a manos de los estados provinciales y el surgimiento de nuevos juegos poceados, como el Quini 6 y el Loto. A fuerza de premios supermillonarios, éstos fueron erosionando no sólo al Prode que falleció de muerte natural en mayo de 1998 sino también a los tradicionales sorteos del Gordo de Fin de Año y del Día de Reyes.
También los hipódromos cayeron en la rodada, aunque los organizadores de las carreras prefieren echarle la culpa de su infortunio a las salas de bingo y los casinos.
Finalmente, el golpe de gracia les llegó con la irrupción en el país de varios de los principales grupos internacionales que fueron avanzando, primero sobre los casinos e hipódromos, después sobre los bingos y ahora también sobre las loterías.
Por el momento, los pocos bastiones de resistencia estatal son la Quiniela, que continúa acaparando casi 30% de las apuestas reguladas por la Lotería Nacional, y el Prode, que se prepara para un regreso en versión ampliada y actualizada antes de fin de año.
Lo que hay que tener
Los nuevos competidores del negocio del juego, entre los que sobresalen las estadounidenses Conrad, Casino Magic y Ogden, las españolas Gejinsa, Coresa y Cirsa y algunos operadores de origen nacional, como Boldt y Casino Club, aseguran que el papel activo del Estado en esta actividad está condenado a desaparecer. En el marco de un mercado tan dinámico, los organismos oficiales carecen del marketing y de la capacidad necesaria para renovar la oferta y seducir a las nuevas generaciones de apostadores argentinos.
Además de las modalidades tradicionales, las empresas internacionales que están desembarcando en el mercado local tienen la mira puesta en Internet y las posibilidades que ofrece el juego on line. Sin embargo, en este negocio todavía chocan con la falta de un marco legal que regule la actividad. El problema no es exclusivo de la Argentina y en la mayoría de los países todavía se debate cómo hacer para controlar las apuestas en la Web.
Los del Norte
Entre las primeras empresas estadounidenses que pusieron un pie en el mercado local se encuentra Casino Magic, que en 1994 se adjudicó la licencia provincial para explotar casinos en Neuquén, a cambio de pagar una llave de US$ 10,54 millones y un canon anual de US$ 2,5 millones durante 12 años. En el camino quedaron, entre otros, Casinos Austria y Ladbroke. “El contrato fue claro y aplicaba las pautas norteamericanas del reglamento del juego”, señala Gustavo Di Maggio, director apoderado de Casino Magic.
Desde que la compañía se alzó con la licitación, hace seis años, la propiedad de los dos casinos que opera en la ciudad de Neuquén y en San Martín de los Andes cambió varias veces de mano, como consecuencia de movimientos en Estados Unidos. En 1998, Magic pasó a formar parte del grupo Hollywood Park, que el año pasado cambió su nombre por el de Pinacle Entertainment. Esta firma (con ingresos por US$ 706,8 millones y ganancias por US$ 44 millones en 1999) fue, a su vez, adquirida por Colony Capital, que opera cadenas de hoteles en Hawai y Europa, y se hará cargo de su nueva subsidiaria en octubre.
A pesar de estas mudanzas en la casa matriz, Magic intentó ampliar sus negocios en la Argentina. La empresa se presentó al concurso para operar el casino flotante de Buenos Aires. “Ofrecimos pagar un canon más alto que los ganadores, pero perdimos de todos modos. Por eso impugnamos la licitación”, se queja Di Maggio.
Territorios vírgenes
Como muchas de las compañías del sector, la empresa ha puesto la mira en Córdoba y en Santa Fe. En la provincia mediterránea rige una ley que permite trabajar sobre el reglamento para privatizar sus ocho casinos, que hoy funcionan en la órbita oficial y mueven cerca de US$ 500 millones. En Santa Fe, en cambio, no hay salas, aunque aquí no es inminente el llamado a licitación. Jujuy es otra provincia argentina que no cuenta con casinos, aunque tampoco parece ofrecer suficiente atractivo para las empresas del rubro.
“El avance de las firmas internacionales dependerá de cómo se diseñen los reglamentos de juego. No hay una actividad más regulada que ésta, por eso las normas tienen que ser prolijas, para que puedan participar empresas de nivel mundial. Sin competencia, el negocio se desarrollará a una menor velocidad pero la demanda de entretenimiento de la gente va en aumento”, explica Di Maggio.
Cuando, en 1995, Casino Magic comenzó a operar en Neuquén, procuró cambiar el enfoque de las salas de juego. “No queríamos que las personas pasaran pocas horas en un lugar oscuro y aburrido. De modo que nos inclinamos por el entretenimiento, con bandas de música y un ambiente en el cual se puede pasar un largo rato. Tenemos, entre los dos establecimientos, unas 500 máquinas tragamonedas, porque la tendencia favorece a los juegos electrónicos”, señala Di Maggio. Esta nueva visión llevó a la empresa a ampliar de 80 a 300 su plantel de empleados, para atender a una concurrencia que pasó de 400 a 3.000 clientes durante los mejores fines de semana, según datos de la propia firma.
Para incrementar el número de jugadores y, de paso, solucionar un conflicto que mantiene con la Municipalidad de Neuquén, Casino Magic está negociando con el gobierno provincial una inversión de US$ 20 millones para construir un nuevo establecimiento. “Ya tenemos ocho hectáreas. En una primera etapa levantaremos un nuevo casino y, posteriormente, un hotel cinco estrellas, operado por nosotros. La obra comenzaría en los próximos meses y terminará en uno o dos años”, anticipa Di Maggio.
La inversión se enmarca en la política del gobernador Jorge Sobisch de atraer capitales a cambio de beneficios, como extensiones de contratos. Estos incentivos, que hasta ahora se limitaban a acuerdos con Repsol-YPF y otras petroleras, ahora se ampliarían a los casinos. “Las nuevas instalaciones tienden a consolidar nuestra presencia en Neuquén y a fortalecer la relación con la provincia”, aclara Di Maggio. Por el anticipo de este proyecto, que estaba en el pliego, la firma lograría prorrogar en 10 años el plazo de la concesión.
En la capital provincial, la empresa se nutre con la clientela local, mientras que en San Martín de los Andes se acercan más turistas. “No tenemos sala VIP, ni jugadores especiales. No hace falta ir con corbata ni se cobra la entrada. Apuntamos a un público masivo. Sudamérica es chica para un mercado VIP”, opina el directivo.
Después de la caída
En el Casino Iguazú, controlado actualmente por la estadounidense Ogden, no piensan lo mismo. “Cada empresa responde a un mercado, a un tipo de público local, a la capacidad económica y a la clase de negocio que se puede desarrollar. Nosotros somos los únicos que traemos clientes especialmente para que jueguen. Se crea un ambiente en el cual a la gente le gusta apostar fuerte y tener mayores posibilidades de recuperación. Por eso competimos con Las Vegas, Atlantic City, los barcos del Caribe y el Conrad de Punta del Este”, dice Patricio Frecha, vicepresidente y CEO de Casino Iguazú.
El mercado natural del establecimiento misionero es el de los turistas que visitan las Cataratas. Sin embargo, Frecha señala que sus aspiraciones son mayores: “Estamos en la bisagra del Mercosur, a dos horas de avión de Río de Janeiro, San Pablo, Curitiba, Buenos Aires y Asunción”. Para atraer a la clientela de otras ciudades, la empresa trabaja con representantes, agencias de turismo que organizan tours de juego. También solían programar charters. Pero Frecha reconoce que “éste no es el momento adecuado, debido a la llegada de nuevos competidores y al momento financiero que atraviesa la zona”.
El casino flotante de Buenos Aires hizo mella en las apuestas que recibe Iguazú, aunque “nosotros trabajamos con crédito”, aclara Frecha. Según el directivo, Cirsa, la operadora de la sala de juegos porteña, les quitó al cliente mediano, que ahora tiene la posibilidad de jugar durante la semana y, cuando llega el sábado, ya agotó sus recursos.
El establecimiento de Misiones también pasó por una etapa de cambio de manos y actualmente está en venta. En 1993, cuando Iguazú se convirtió en el primer casino privatizado, el ganador de la licitación fue un consorcio de tres compañías, liderado por Mirage, de Las Vegas, que se había asociado a la inglesa Universal Casino Consultant (UCC) y a una firma malaya.
La sala abrió sus puertas en 1994 pero, dos años más tarde, debido a desacuerdos entre los socios, Charles Lewis el empresario británico que tuvo la licencia del Hard Rock Café de Buenos Aires se quedó con 70% de la empresa. El resto permaneció en poder de UCC. En 1998, se construyó el Iguazú Grand Hotel que, al estilo de Las Vegas, no comercializa sus 60 habitaciones, sino que las cede a los invitados del casino. Ese mismo año se concretó el ingreso de Ogden, que tomó 98,5% del emprendimiento y mantuvo a UCC como socio.
Pero a estos traspasos locales se sumó la decisión de la firma estadounidense de desprenderse de sus activos en aeropuertos y empresas de entretenimiento en todo el mundo. “En Estados Unidos ya se cerraron algunas operaciones dentro de este último sector, pero están intentando vender Iguazú como una unidad separada. Claro que éste no es un buen momento, por la situación en Sudamérica”, admite Frecha.
“Las apuestas bajaron a partir del cuarto trimestre de 1998 y el año pasado fue duro. Perdimos clientes y volumen de juego. Si lo comparamos con 1997, que fue un año récord, con apuestas por US$ 150 millones, en 1999 la cifra bajó a 40% de ese monto. Hoy estamos a 75% y subiendo. Recuperamos los jugadores, pero no el nivel de apuestas.”
Frecha prefiere no revelar el monto de los ingresos de la empresa ni la cantidad de clientes que pasan diariamente por el casino, pero señala que 70% de ellos viene de Brasil, donde están prohibidos los casinos. “La gente puede hospedarse del otro lado de la frontera y venir a Iguazú sólo a jugar”, explica el ejecutivo.
Río revuelto
También en el negocio del juego se hace sentir la presencia de empresarios españoles. Aunque no fue la pionera, Cirsa es la que hasta ahora está colocando las principales apuestas en el mercado local. La firma puso un pie en la Argentina en 1995, con la apertura de una pequeña oficina destinada a atender la venta de máquinas tragamonedas para un operador mendocino.
Pero los españoles tuvieron que esperar cuatro años para concretar su primer gran negocio en el país, que fue la compra de las 1.200 terminales de recepción de apuestas en las agencias de loterías porteñas que tenía Ciccone Calcográfica. En este emprendimiento, incluyendo la adquisición del negocio y la puesta en marcha de un centro de cómputos propio en el barrio de Congreso, Cirsa ya lleva invertidos US$ 50 millones.
En marzo del año pasado, la empresa concretó un nuevo negocio en el país al ganar la concesión del Casino de las Nubes, en Salta, que acaba de ser reinaugurado con una inversión de US$ 1,5 millón.
Sin embargo, Cirsa recién se hizo conocida por el gran público a mediados del año pasado, después de ganar la licitación nacional para operar durante 15 años, con opción a otros cinco, el casino flotante de Buenos Aires. Claro que, inicialmente, la fama no les llegó a los españoles por el éxito de sus salas de juego, sino por el conflicto que se desató entre la Lotería Nacional y el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
“Nosotros ganamos una licitación internacional en la que no hubo ninguna impugnación, y somos totalmente ajenos a la pelea. Hoy, la cuestión está en Tribunales y hasta que se resuelva quién tiene la razón, si la Nación o la Ciudad, están vigentes medidas de no innovar”, se defiende Jesús Angel Carrión, presidente de Casino Buenos Aires, la filial del grupo que opera el buque porteño.
En medio de acusaciones cruzadas que incluyeron amenazas por parte de las autoridades porteñas de clausurar el barco, el Casino Flotante inició sus operaciones en octubre y en estos primeros meses sus ganancias brutas lo que dejaron los jugadores en sus mesas y máquinas tragamonedas, sin descontar los gastos de personal, impuestos, mantenimiento del buque y tasas marítimas sumaron US$ 84 millones.
Tal como estaba contemplado en los pliegos de licitación, del total de los ingresos de Cirsa, 20% (US$ 17 millones) se repartieron entre la Lotería Nacional y las secretarías de Deporte y de Desarrollo Social, en concepto de canon. “En total, tenemos planeado desembolsar US$ 60 millones en la Argentina y calculamos que hacia fines del 2001 vamos a concluir con el proyecto de inversión. El retorno en este negocio está estimado en un plazo de seis o siete años”, anticipa Carrión.
Después de tres mudanzas dentro del puerto de Buenos Aires, el casino flotante parece haber encontrado su lugar definitivo en la Dársena Sur de la ciudad, en un predio que pertenece a la Armada Argentina, sobre la continuación de la calle Brasil. Sin embargo, la empresa continúa enfrentando problemas judiciales e incluso un grupo de diputados presentó una denuncia contra Cirsa por un presunto ingreso de contrabando desde el buque casino.
En el nuevo terreno, la firma ya concluyó las obras para montar dos edificios de oficinas y su escuela para el entrenamiento del personal en total, 3.000 metros cuadrados y una playa de estacionamiento al aire libre, con capacidad para 1.300 vehículos. Además, como parte del acuerdo, Cirsa también se hizo cargo de la construcción de dos galpones para la Armada. En total, invirtió US$ 12 millones en las nuevas instalaciones.
La actual ubicación cuenta con un espacio reservado para que comience a operar un segundo buque casino. Según los términos de la concesión del complejo, Cirsa está autorizada a pedir su puesta en marcha cuando lo considere oportuno. “En el contrato se estableció que en cualquier momento podíamos solicitar el inicio de operaciones de un segundo barco, aunque la autorización final quedaba en manos de la Lotería Nacional. Nuestra idea es elevar el pedido antes de fin año´´, revela Carrión.
A diferencia del Estrella de la Fortuna que fue construido a pedido de Cirsa en Estados Unidos el nuevo buque saldría de un astillero local. La inversión prevista para el proyecto ronda los US$ 15 millones. “Por el momento, tenemos toda la energía puesta en el casino flotante y en el proyecto de Salta. No hay planes de expansión, aunque seguimos analizando de cerca todos los negocios´´, sostiene Carrión.
En el ámbito internacional, Cirsa es un verdadero holding en el negocio del juego y su oferta incluye desde casinos y bingos hasta la operación de loterías, y la fabricación de máquinas tragamonedas. La empresa fue fundada por el español Manuel Lao, en 1978, y en la actualidad opera 170 subsidiarias en 40 países, que generan ingresos por US$ 1.000 millones anuales.
Hasta mediados de este año, Lao tenía 100% de las acciones, pero hace unos meses decidió transferirle 4,98%, al grupo italiano Olivetti, cuyo ingreso constituye, según Carrión, “una alianza estratégica para el grupo, porque estamos convencidos de que el futuro del negocio del juego está muy ligado a las telecomunicaciones´´.
El próximo paso del holding es abrir su capital a la Bolsa: antes de fin de año debería cotizar entre 20 y 25% de su paquete en Madrid.
Solidaridad y pesetas
Entre las firmas internacionales, Codere, también de capitales españoles, fue la primera en venir a estudiar el mercado a comienzos de la década de 1980. Actualmente cuenta con salas de máquinas tragamonedas en Jujuy y en Santiago del Estero (donde además opera el casino de Termas de Río Hondo y el de la capital provincial), y participa en el negocio de los bingos en la provincia de Buenos Aires (Mar del Plata, La Plata, Lomas de Zamora y San Miguel).
La última compañía que cruzó el océano desde la península ibérica fue Gejinsa que en marzo del año pasado lanzó su lotería de venta callejera, La Solidaria.
Como ya parece habitual en este sector, el ingreso de La Solidaria estuvo rodeado de polémicas. Las críticas contra la empresa se basaron en lo que muchos consideraron una explotación de vendedores discapacitados para colocar sus billetes.
“Somos una compañía con fines de lucro que combina su actividad con una importante acción social. La idea, con La Solidaria, no es que la gente la compre porque los vendedores provocan lástima, sino por los premios. Hay muchas personas, que quizás en forma bien intencionada nos critican porque dicen que explotamos a los discapacitados pero, en realidad, les damos trabajo, que es lo que no consiguen en otras empresas”, argumenta Fernando López, gerente de Comunicaciones de Gejinsa Argentina.
“Tenemos más de 300 vendedores en la calle, a los que se les paga un sueldo básico de $ 250 mensuales, más comisiones por venta, y los problemas que tuvimos fueron exclusivamente con el Sindicato de Trabajadores de Juegos de Azar, porque no existe un encuadre legal para los discapacitados.”
La firma pertenece al grupo Recreativo Franco, un holding español que participa en diversos negocios vinculados con el juego y que en su país de origen tuvo un singular éxito cuando lanzó el mismo producto, asociado con la Organización Nacional de Ciegos Españoles (conocida popularmente como la Once).
“La idea del grupo es repetir el éxito que tuvo la lotería en España, donde existe desde hace más de 60 años y hoy cuenta con alrededor de 21.000 vendedores discapacitados”, señala López.
La Solidaria organiza tres sorteos semanales dos ordinarios en los que el valor del billete es de $ 1 y uno extraordinario, que vale $ 2, lo que le permite recaudar un promedio de US$ 770.000 mensuales.
“En el segmento de $ 1 prácticamente no tenemos competencia, con excepción de algunos juegos nuevos, como el Brinco o el Toto Bingo, que pertenecen a distintas loterías provinciales. Nuestros premios son atractivos, pero no tan cuantiosos como los de los juegos poceados. Nuestra mayor ventaja consiste en que la posibilidad de ganar es muchísimo mayor que en el Quini 6 o el Loto”, señala López.
Gejinsa planea llevar la Solidaria al interior del país, y ya está negociando con la provincia de Buenos Aires. “Todavía estamos en la etapa de inversión. Hasta ahora llevamos desembolsados US$ 10 millones en la Argentina y estamos muy lejos de recuperar el dinero que pusimos en juego”, explica López.
Argentinos y privados
Frente al avance de las compañías españolas y estadounidenses, hay pocas argentinas que estén jugándole de igual a igual a las extranjeras. Entre ellas se destacan Casino Club, que opera varias salas de juego en el interior, el grupo Necon, en Bariloche, y Boldt, una imprenta especializada en la gráfica de seguridad, fundada hace 70 años. En sus talleres se imprimen desde cheques hasta pasajes de avión y los nuevos DNI.
De la mano de algunos de sus clientes, las loterías provinciales a las que les proveía los billetes para los sorteos, Boldt se fue introduciendo poco a poco en el negocio de los juegos de azar. “A principios de los ´90 empezamos a trabajar con la Lotería de Santa Fe en la captura, transporte y procesamiento on line de las apuestas, y en ese momento montamos SPTI, nuestra propia empresa de comunicaciones, lo que nos permitió tener interconectadas por vía satelital a todas las agencias de recepción de apuestas y, posteriormente, desarrollar el Quini 6, que fue el primer juego poceado de la nueva era en la Argentina, después del Prode”, explica Martín Cánepa, director de la firma, cuyo control está en manos de la familia Tabanelli, dueña de 90% de las acciones, mientras que el resto cotiza en la Bolsa de Buenos Aires.
El éxito del Quini 6 le abrió a Boldt las puertas para sumar nuevos clientes y en la actualidad la empresa tiene montadas 12.000 terminales electrónicas en todo el país, distribuidas en las provincias de Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba, Formosa, Misiones y la Capital Federal. Procesa 50 millones de apuestas por mes.
“Somos un proveedor atípico de las loterías, porque hacemos la inversión a riesgo, a cambio de un porcentaje de las utilidades, aunque nuestro negocio se limita al procesamiento de las apuestas y no somos los operadores”, explica Cánepa.
La incursión como proveedores de las agencias de lotería los llevó a poner la mira en el negocio del juego y cuando, en 1994, la mayoría de los casinos nacionales se transfirió a las provincias, Boldt descubrió una nueva veta de actividad.
Su debut en el mundo de las ruletas y los paños verdes se produjo un año después, a través de un contrato para la provisión de máquinas tragamonedas importadas desde Las Vegas, la capital internacional del juego para el casino de Mar del Plata y otras salas en la costa atlántica. Hace tres años, la empresa ganó la licitación para brindar el mismo servicio en Tucumán. Pero, con el gobierno de Antonio Domingo Bussi, el contrato fue anulado, aunque ahora Boldt renegocia la vuelta a la provincia.
La empresa también puso un pie en la operación de las loterías en febrero de este año, cuando, a través de un consorcio integrado junto con la uruguaya Iberlux y Casinos Austria, se alzó con la concesión de la Lotería de Salta, que es la primera y hasta ahora la única sociedad de su tipo que fue privatizada.
La fuerza del tigre
Pero su proyecto más ambicioso es el Casino del Tigre, donde Boldt está asociada en partes iguales con Sociedad Comercial del Plata, aunque la empresa de los Soldati tiene en venta su participación. Ambas son dueñas del centro de entretenimiento, que abrió sus puertas en noviembre del año pasado y ocupa una superficie de 20.000 m2. Pero la operación de las 65 mesas de ruleta, black jack y punto y banca está en manos de la Lotería de la Provincia de Buenos Aires.
Para recuperar los US$ 70 millones que llevan invertidos en montar las instalaciones, los dos socios tienen depositadas sus esperanzas en el funcionamiento de las más de 1.500 máquinas tragamonedas que funcionan en la sala de juegos.
El contrato establece que, del total de lo recaudado, 42% corresponde a Trilenium el joint-venture de Boldt y Comercial del Plata y el resto se destina a las arcas del ente estatal provincial. En la actualidad, el casino recibe 60.000 visitantes por semana.
“Estimamos que el retorno de la inversión se materializará entre el quinto y el sexto año´´, vaticina Cánepa, quien asegura que la clave del negocio es diversificar la oferta de entretenimiento, poniendo el acento en acciones de marketing al mejor estilo de los casinos norteamericanos. “Más que la idea del juego de azar, nos interesa presentar al Casino del Tigre como un centro de entretenimiento en el que la gente, sin necesidad de pagar una entrada, pueda disfrutar de shows gratis, una oferta de gastronomía económica y completa, y de paso, si quiere, jugar unas fichas. Queremos romper con esa imagen europea de los ´60 que tenían los casinos en la Argentina: lugares muy formales y caros donde la gente tenía que ir vestida de gala. La idea es lograr que el público se sienta cómodo y se divierta”, explica Cánepa.
Los planes del grupo Boldt que en la actualidad emplea a 1.200 personas, opera ocho centros de cómputos y dos plantas gráficas, y en 1999 facturó US$ 148 millones también incluyen la expansión hacia otras localidades del interior, donde consideran que hay un gran potencial de crecimiento.
“En muchas ciudades no existe una oferta de entretenimiento para quienes no son adolescentes, y creemos que los casinos pueden funcionar como centros de reunión y a la vez tener un fuerte impacto en el turismo”, se entusiasma Cánepa.
Con este objetivo en mente, la firma participó sin éxito en la licitación del Hotel Mayorazgo en Entre Ríos, que finalmente quedó en manos del gobierno provincial, y tiene preadjudicado, junto con la desarrolladora inmobiliaria Interurban, un contrato para construir y operar un centro comercial en el edificio del Casino de Mar del Plata. Este proyecto incluirá cines y un paseo comercial, aunque la explotación de las salas de juego seguirá en manos del gobierno bonaerense.
Por una cabeza
El efecto combinado de la recesión económica y el avance de nuevos juegos en el área metropolitana se hizo sentir en los hipódromos de Palermo, San Isidro y La Plata. Después de un año récord, con apuestas por US$ 487,5 millones en 1994, estos tres establecimientos tocaron un piso de US$ 276,8 millones en 1996. Cuando parecía que los burreros comenzaban a retornar a las pistas, otra vez cayó la recaudación, para alcanzar, en 1999, apenas US$ 342 millones, 10% menos que el año anterior.
Los hombres del sector calculan que, con los casinos de Tigre y el flotante funcionando a pleno, los ingresos por apuestas se ubicarán, este año, en US$ 280 millones, el mismo nivel que durante la crisis del tequila.
También se redujo la cantidad de gente que va a las carreras. “En los últimos tres años, disminuyó entre 10% y 20% la concurrencia”, señalan en Palermo y San Isidro. De los tres hipódromos, el que más clientes atrae es el de San Isidro, que se lleva 44% de las jugadas, seguido por el de Palermo (33%) y el de La Plata. En el resto del país operan unos 25 establecimientos. Entre los más activos están los de Rosario, Tucumán y Córdoba.
A la hora de buscar explicaciones para la crisis del sector, en Palermo y San Isidro apuntan contra los nuevos juegos y defienden su rubro al aclarar que, a diferencia de los bingos, casinos y tragamonedas, el turf “es una actividad más amplia, que cuenta con el juego para sobrevivir”.
Cuesta abajo
Guillermo Ardissone, gerente general del Hipódromo de Palermo, apela a los números para mostrar el daño que les ha provocado la competencia de otros rubros. “En los últimos siete años, se duplicó la oferta de juegos en la red de agencias de la Lotería Nacional, se habilitaron cinco bingos en la Capital Federal y más de 30 en el Gran Buenos Aires donde, el año pasado, se instalaron 1.200 máquinas tragamonedas y tienen autorización para duplicar ese parque. Además, en 1999, comenzaron a operar los dos casinos nuevos. La participación de las apuestas hípicas en el total del juego en la Ciudad de Buenos Aires cayó de 15% en 1994 a 8% el año pasado y terminará en 6% este año”, se lamenta.
La víctima de este avance, dice Enrique Martínez de Hoz, presidente de la Comisión de Carreras del Hipódromo de San Isidro, es “un sector que representa 0,5% del PBI y da trabajo a 50.000 personas”. El directivo apela a la cuestión del empleo para argumentar a favor del turf: “Si crece 20% el parque caballar, en dos años y medio aumenta en 40% el personal ocupado. Pero hace 10 años nacían 10.000 potrillos y actualmente sólo 6.500”, explica.
En 1992 el Hipódromo de Palermo fue entregado en concesión a cambio de US$ 60 millones y un compromiso de inversión de US$ 15 millones. Su administración se adjudicó por 25 años a una sociedad que luego se retiró; lo que dejó en manos de un accionista minoritario, Inversora Hípica Internacional, el manejo del establecimiento. Detrás de esta empresa se encuentra Valfinsa, la casa de Bolsa de Federico Achával y Máximo Domínguez Alzaga. Del monto total del canon, la empresa ya abonó US$ 56 millones y otros US$ 10 millones fueron refinanciados por el gobierno anterior a un plazo de ocho años y a tasa Libor.
El hipódromo de San Isidro está operado por el Jockey Club, una asociación sin fines de lucro, dueña del predio. La autorización para explotar las carreras (actualmente vencida y en trámite de renovación), corre por cuenta de la provincia de Buenos Aires. El Hipódromo de La Plata, por su parte, está administrado por la Provincia.
De cada $ 100 que ingresan en los hipódromos, 72 se los llevan los apostadores, 4 corresponden a impuestos, 9 se destinan a premios y 15 quedan para la administradora. Sin embargo, recientemente estas dos últimas cifras se invirtieron “para no perder carreras”, según comenta Ardissone. De los US$ 280 millones que recibirán en apuestas durante este año, San Isidro, Palermo y La Plata recibirán US$ 25 millones.
“Perdemos plata”, aseguran ambos ejecutivos. “Entre 1994 y 1999 sumamos un quebranto de US$ 65 millones”, afirma Ardissone. La solución, dicen, es abrir más agencias y que la Lotería Nacional les deje captar jugadas en sus 1.200 centros de venta. “Pero no quieren. Cuando tomamos la concesión se previó que las agencias hípicas iban a mejorar el negocio y que no sería tan difícil abrir centros propios de captación de apuestas. Para entonces, había 40 agencias y teníamos el proyecto de llevarlas a 1.000 en todo el país. Pero Palermo y San Isidro, con la Asociación de Hipódromos, sólo pudimos abrir 50”, explica Martínez de Hoz.
Ardissone aclara que podrían instalar puntos de captación en la ciudad de Buenos Aires, pero sólo están autorizados a recibir apuestas para su hipódromo, ya que el permiso para tomar las de San Isidro y La Plata está en poder de la Asociación Amigos de la Fundación Favaloro que, a su vez, delegó el manejo del negocio en Ladbroke. Por eso, señala el ejecutivo, ellos también tomaron a esa firma como operadora de sus agencias en la Ciudad de Buenos Aires.
En Palermo sostienen que la otra posibilidad que barajan es comenzar a tomar apuestas telefónicas y desarrollar un centro de entretenimiento con restaurantes y juegos para los chicos. “Logramos un decreto del gobierno nacional, pero está supeditado a la decisión de la Ciudad, que nunca lo aprobó”, agrega. En San Isidro también tienen en carpeta un proyecto de desarrollo comercial-inmobiliario, aunque todavía no solicitaron la autorización.
La idea es sacarle al turf la mala imagen que tiene en el país. “Aunque lo hípico está bien visto, no pasa lo mismo con las carreras. Es necesario agregar entretenimientos complementarios y actualizarse para cambiar esa percepción”, dicen ambos directivos.
Efecto dominó
La caída de la recaudación en los hipódromos también perjudicó a Ladbroke. La empresa británica, filial del Hilton Group, llegó al país en 1993, cuando le compró a la firma argentina Hípica tres agencias que levantan apuestas para Palermo, San Isidro y La Plata y que en la jerga denominan OTB (por Off Track Betting).
En 1996, Ladbroke se quedó con el Bingo Belgrano y, un año después, con el de Lavalle, dos de los cinco establecimientos que operan en la ciudad de Buenos Aires.
“Hubo muchos cambios en los últimos años, la apertura de los casinos tuvo un impacto muy grande en nuestros dos negocios. Si se compara el mes de junio de este año con el de 1999, en volumen de dinero los bingos están 22% abajo y los OTB cayeron 20%. Nuestra experiencia en Estados Unidos indica que, cuando llega la competencia de los casinos, caen las ganancias de los hipódromos, que tienen importantes gastos fijos”, indica Max Harris, presidente de Ladbroke para Sudamérica.
“Por otro lado, desde hace unos tres años, hay un sector de público que utiliza máquinas que instalamos en nuestros bingos que permiten jugar varias tarjetas al mismo tiempo. Esa gente hoy se está yendo al barco.”
Para retener a esos clientes, Harris opina que “lo que los bingos y los hipódromos necesitan es instalar tragamonedas. Con unas 100 o 200 máquinas por bingo en la Capital ya tenemos negocio otra vez. Se están haciendo tratativas con la Lotería Nacional para lograr esa solución. Es necesario que tanto este organismo como el gobierno de Buenos Aires piensen en la estructura futura para el negocio del juego en la Capital. La expansión del mercado y de la competencia están bien. No tengo problemas, siempre y cuando a mí también me dejen poner máquinas”.
Cada bingo cosecha ingresos por unos US$ 4 millones mensuales, el mismo monto que reciben en apuestas en las agencias. De cada $ 100 que ingresan a la empresa por la venta de cartones de bingo, 64% se destina a premios, 20,5% son impuestos específicos y la compañía retiene 15,5%. En cuanto a los OTB, de la comisión de 10% que cobran por cada apuesta, se quedan con una parte y el resto le corresponde a la Asociación Amigos de la Fundación Favaloro, que el año pasado recibió US$ 2 millones.
¿On line?
Además de las gestiones para agregar tragamonedas a sus negocios, otra de las salidas para reactivar a las agencias podría pasar por Internet. En marzo, el grupo Hilton llegó a un acuerdo para venderle a la estadounidense Youbet.com sus operaciones en la Argentina por US$ 26 millones.
Youbet.com es una firma con base en Los Angeles, y cotiza en el Nasdaq. Su actividad, según la describe la propia compañía, es “proveer la posibilidad de ver una amplia selección de carreras de caballos, a través de una exclusiva red”.
En realidad, Youbet no acepta ni coloca apuestas, que sólo se pueden realizar mediante una entidad con licencia estatal. El papel de la empresa en el proceso se limita a trasmitir la información relacionada con las apuestas al licenciatario. Los miembros de Youbet.com tienen acceso durante las 24 horas a las atracciones de la red, que incluyen carreras en vivo en Estados Unidos.
Las firmas norteamericanas no pueden tomar apuestas por Internet. Por eso, el negocio crece, a escala mundial, sin la participación de estadounidenses, a pesar de que son quienes tienen las marcas más fuertes en casinos. Sin embargo, algunas empresas establecieron centros on line con base en el Caribe. La única excepción son las carreras de caballos, aunque esta situación podría cambiar. El congreso norteamericano está discutiendo una ley (Internet Gaming Prohibition Act) que apunta a no dejar que las firma, incluidas las de turf, participen en el negocio.
En la Argentina, el proyecto de Youbet.com, según indicó la empresa cuando anunció la adquisición, es que una porción de las operaciones locales que pasará a controlar sea accesible desde Internet. “Nuestra transacción con Ladbroke es un importante paso inicial en la estrategia internacional de construir una marca global para el juego on line. Creo que la oferta en la Web de productos como bingos, carreras de caballos y ciertos deportes en Sudamérica augurará un buen futuro para Youbet.com en la región”, dijo en ese momento Robert Fell, CEO de la empresa.
Vacíolegal.com
“Todavía no existe un marco regulatorio para los juegos de azar en Internet. Es un área muy nueva, que no está contemplada en la legislación argentina. Pero, como toda modalidad de juego nacional, su manejo debe estar en manos de los organismos oficiales”, afirma Adriana Robledo, subgerente de Análisis de Mercado de la Lotería Nacional.
En el mercado sostienen que, de habilitarse algún tipo de permiso para los juegos on line, los primeros beneficiarios serán aquellos que ya cuentan con licencias, lo que haría más fácil controlarlos y cobrarles impuestos.
De todos modos, Ladbroke tiene licencia sólo para la capital federal y con Internet las fronteras no existen. Sería casi imposible supervisar que Youbet.com sólo levante “la información” sobre apuestas de Buenos Aires para derivarlas a sus agencias y no tome pedidos de otros puntos del país. Además, seguramente tendrán que llegar a algún tipo de acuerdo con los hipódromos, que no querrán perderse el negocio.
En Ladbroke Argentina todavía están esperando que Youbet.com tome el manejo de la empresa, de modo que sus actuales directivos provenientes de la anterior gestión no se animan a pronosticar hacia dónde se encaminará concretamente la compañía. Para replicar localmente su modelo estadounidense, los nuevos dueños tendrán que sortear la resistencia de Lotería Nacional en materia de juegos en la Web. A principios de año, la entidad publicó una solicitada en la que denunciaba que los juegos de azar interactivos y concursos de pronósticos deportivos que habían desarrollado Latingames y Supergol en Internet contravenían las normas vigentes y no contaban con autorización oficial.
Goles discutidos
“Tuvimos inconvenientes con Lotería. Nosotros habíamos hecho averiguaciones legales para inscribirnos, pero nos dijeron que no era necesario, porque nuestro juego de fútbol era gratuito. Pero después la entidad nos incluyó en esa solicitada y entonces nos registramos como agentes de promoción, porque en nuestra iniciativa no interviene el azar, hay que saber de fútbol”, argumenta Santiago Capurro, CEO de Supergol.com, que entrega un auto al ganador del concurso y ya cuenta con 23.000 usuarios de su sitio. A través de la publicidad y del comercio electrónico de productos deportivos, la firma facturó unos US$ 200.000 desde que comenzó a operar en febrero.
La embestida de la Lotería contra las punto com que incursionaban en juegos no se terminó con estas dos empresas. En julio, la policía allanó las oficinas de El Sitio y retiró información relacionada con el juego Cancha 13. La medida fue ordenada por un juzgado contravencional de Buenos Aires a pedido de la entidad nacional, que acusaba a la empresa de Roberto Cibrián de infringir la ley que estipula que el Estado tiene el monopolio de los juegos basados en pronósticos deportivos.
El juego consistía en adivinar los resultados de los partidos para recibir premios, que iban desde dinero hasta un auto. Según El Sitio, la empresa no quebrantó ninguna ley y Cancha 13 no involucraba apuestas ni tenía fines de lucro.
La explosión de Internet que vivió la Argentina en el último año la cantidad de conectados a la Red se duplicó hasta alcanzar el millón de personas hace prever que seguirán apareciendo no sólo sitios locales que ofrecen juegos de todo tipo sino como ya sucedió la posibilidad de apostar en casinos on line. Desde un CD-ROM que salió recientemente con la revista D´Mode, The Sands of the Caribbean invita en castellano a subirse al “casino votado como Nº 1 por apostadores reales en Internet el año pasado en una encuesta realizada por gambling.com”. Se puede apostar, aunque previamente hay que acreditar dinero en una cuenta personal, utilizando la tarjeta de crédito.
Pasión de multitudes
Después de varias idas y vueltas, el concurso de Pronósticos Deportivos conocido popularmente como Prode se prepara para volver a salir a la cancha. La historia del juego se remonta a noviembre de 1971, cuando salió aprobada del Congreso Nacional la ley que regulaba el concurso. El 26 de febrero de 1972 se llevó a cabo la primera jugada y, desde ese día, millones de personas palpitaron junto a su tarjeta de Prode las tardes de los domingos de las décadas de los ´70, ´80 y, en menor medida, en los ´90, con el sueño de convertirse en millonarios, siguiendo los pasos del humilde carpintero paraguayo Mercedes Ramón Negrete, quien en abril de 1972 saltó a la fama al ganar casi US$ 400.000 (y, acto seguido, abandonar a toda su familia).
Sin embargo, el certificado de defunción para el concurso llegó de la mano del Loto y del Quini 6, que irrumpieron a principios de la década del ´90 repartiendo hasta 45% del pozo entre los ganadores, frente a la menos generosa porción de 26% que distribuía el Prode. La pasión por el juego se fue diluyendo hasta que, el 18 de mayo de 1998, se jugó por última vez.
“A nivel mundial, la tendencia apunta al crecimiento de los juegos poceados porque el público es cada vez más ambicioso. Antes, la gente jugaba para ganar; ahora lo hace con la idea de salvarse, y por eso se deja seducir por la posibilidad de llevarse los pozos supermillonarios”, advierte Adriana Robledo, de Lotería Nacional.
En julio de 1997, la AFA intentó reflotar el juego por su cuenta, y firmó un contrato de explotación con la empresa Fútbol Game, propiedad de Gustavo Meller y Alejandro Mascardi (hermano de Gustavo, el poderoso representante de jugadores). Pero la virtual privatización de los pronósticos deportivos estaba viciada de nulidad y fue objetada por la Cámara de Diputados.
Ahora, la resurrección del Prode es cuestión de meses. El proyecto de ley para la nueva regulación de los pronósticos deportivos ya fue aprobado en ambas cámaras del parlamento. “Con la nueva versión del juego aspiramos a recaudar entre US$ 500 y 600 millones anuales. Y no se limitará al fútbol; se podrá apostar por el resultado de una pelea de boxeo, una carrera de automovilismo, partidos de básquet, tenis o vóleibol, entre otros deportes, según lo disponga Lotería Nacional”, explica el diputado Daniel Scioli, autor del proyecto de ley que contó con el voto favorable de todas las bancadas en la cámara baja.
Si se cumple la optimista proyección de Scioli, la nueva modalidad desplazaría holgadamente a la Quiniela que en 1999 recaudó US$ 371 millones, como el juego de mayor facturación de la Argentina.
El nuevo Prode se podrá jugar en las agencias de lotería, por teléfono e Internet, y contemplará tres tipos de apuestas: el poceado, el bancado y el sport.
El poceado es el sistema tradicional y el premio equivale a un porcentaje de la recaudación. “Ascenderá a 45% de lo recaudado, en lugar de 26%, que era lo que ofrecía el Prode anterior, para poder competir con cifras tan atractivas como las del Quini 6 o el Loto”, señala Scioli.
El bancado tendrá un premio fijo, cuyo monto será predeterminado por Lotería Nacional, que en la semana previa daría a conocer el eje de la apuesta. Por ejemplo: si se enfrentan Boca y River, se podrá apostar por quién hace el primer gol del partido. La boleta contendrá los nombres de los futbolistas de los dos planteles y cuánto paga cada jugador, lo que variará de acuerdo con sus antecedentes y su posición en el campo (no es lo mismo apostar a un delantero que a un marcador central).
En la modalidad sport se apostará al resultado de un único partido y el reparto del premio estará supeditado a las adhesiones que obtengan cada uno de los contendientes. Por ejemplo: Lotería Nacional determina que el partido de esa semana es Boca vs. Argentinos Juniors. De 100 apostadores, 95 pronostican la victoria de Boca y los cinco restantes se inclinan por los bichitos colorados. Entonces, si gana el equipo de la Ribera, 95% de los jugadores se repartirá el premio y, si lo hace el de La Paternal, 5% se quedará con todo.
La recaudación bruta de la principal modalidad de juego la tarjeta tradicional se repartirá de la siguiente manera: 45% para el pago de los premios, 25,85% para las loterías provinciales, 16,5% para publicidad, promoción y costos operativos de Lotería Nacional, 6,32% para la AFA y 6,32% para la Secretaría de Deportes.
En el caso de las modalidades de bancado y sport, la ley contempla que 65% de lo recaudado será destinado a los premios, y el resto se repartirá entre las loterías provinciales (16,45%), Lotería Nacional (10,54%), la Secretaría de Deportes (4%) y la federación deportiva responsable del evento (4%).
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