A pesar de que nombres como Hyundai, Samsung, Daewoo o LG suenan familiares a los consumidores argentinos, los datos que manejan los organismos oficiales de ambos países revelan que la inversión surcoreana suma apenas US$ 110 millones, concentrados (salvo por la operación que le permitió a Daewoo quedarse con Philco en 1999) durante la primera mitad de la década pasada.
A la cabeza de este ranking están los sectores de electrodomésticos y productos electrónicos que, a su vez, son los que predominan en las importaciones argentinas desde el país asiático, junto con los autos y textiles. Daewoo Electronics comprometió inversiones por US$ 27 millones hasta el 2001 (básicamente para capitalizar la deuda que arrastraba Philco cuando estaba en poder del grupo comandado por Jorge Blanco Villegas) y Samsung Electronics, que llegó al país en 1996, concretó un programa por US$ 35,6 millones.
“Durante los dos primeros años, nos dedicamos a desarrollar el negocio de consumo, que se basa en productos electrónicos, de la denominada línea blanca (heladeras, cocinas) y monitores para computadoras”, relata Roberto Vigil, director comercial de Samsung Electronics Argentina, que compra televisores y videograbadoras fabricadas a pedido en Tierra del Fuego.
Aunque en 1998 directivos de la compañía anunciaron que la Argentina tenía posibilidades de convertirse en uno de los centros de producción de terminales para telefonía de la empresa, por el momento Vigil descarta la radicación industrial de la firma, que describe como “global, más que coreana”. En Brasil, Samsung instaló una planta de telefonía y monitores que, a partir del año que viene, también comenzará a montar productos de la línea blanca.
En los cuatro años que la compañía lleva en el país, logró trepar al primer puesto en el segmento de monitores, con 35% del mercado. También alcanzó, según Vigil, 45% de participación en terminales de telefonía móvil, un rubro tradicionalmente liderado por Motorola. “En promedio, tenemos una cuota de mercado de 12% en productos de consumo: 15% en videos, 4% en televisores y 15% en lavarropas y heladeras”. La empresa librará la próxima batalla en electrónicos digitales, con el lanzamiento de reproductores de MP3 y DVD.
El año pasado, la filial local de Samsung Electronics facturó US$ 65 millones y Vigil pronostica que el 2000 registrará ventas por US$ 120 millones, aunque el mercado de electrodomésticos caerá 20%. “El empuje vendrá por el lado de las líneas de monitores y teléfonos”, vaticina. Y calcula que, para el 2001, los ingresos de la empresa rozarán los US$ 150 millones. En todo el mundo, la división Samsung Electronics mueve US$ 30.000 millones, lo que representa la mitad de la facturación del grupo.
Todo a la electrónica
Otra de las compañías de electrónica que plantó bandera en el mercado local fue Daewoo. Inicialmente lo hizo a través de un joint-venture en partes iguales con Philco. Cinco años después, en abril de 1999, la firma coreana decidió fusionarse con su socia local, que acumulaba una deuda cercana a los US$ 100 millones, de los cuales cerca de US$ 40 millones eran acreencias de Daewoo. Una vez cerrada la operación, la compañía coreana pasó a controlar 80% de la sociedad.
La firma maneja las dos marcas, aunque está definiendo la estrategia de imagen y posicionamiento que le dará a cada una. Cuenta con plantas en Tierra del Fuego, Catamarca y la localidad bonaerense de Lomas del Mirador, donde ensambla televisores, videograbadoras, heladeras y hornos de microondas. También importa lavarropas, equipos de aire acondicionado y comenzará a traer monitores. Según sus propios datos, ha alcanzado una participación de mercado de entre 10 y 15% y una facturación anual de US$ 120 millones.
La tercera compañía coreana que pisa fuerte en electrodomésticos es LG (más conocida por su anterior denominación, Goldstar). En el país, este grupo está representado por Sontec, propiedad de la familia Jurkowski, que también es accionista de Radio Victoria, en convocatoria de acreedores desde mayo pasado. Aunque en la empresa no quieren revelar sus planes, en el mercado cada vez suena con más fuerza la versión de que la marca sería tomada directamente por la casa matriz, ya que se estaría próximo el vencimiento del contrato de licencia.
A la pesca de oportunidades
Con menos exposición e inversiones más pequeñas, también en el rubro pesquero los coreanos supieron hacerse un lugar en la economía argentina. En el país operan unas 25 compañías relacionadas con la pesca y el procesamiento de productos del mar, especialmente calamares y atún. Entre ellas se destacan Daerim, que desembolsó unos US$ 2,5 millones en su filial Novamar; Oyang Fisheries, que puso US$ 1,6 millón en Cincomar; y Hansung Enterprise, que hizo un aporte de US$ 15 millones a su controlada Hansung AR. A éstas se suman, entre otras, Oh Sung Fisheries (Surimi en el país), Samkyumg Fisheries (S. K. Istramar), Kyungshin Deepsea Fisheries (Esperanza del Mar) y Dong Won Industries (Atlantis Patagónica).
Esta última también tiene intereses en petróleo, otro sector en el que decidieron incursionar los capitales coreanos. Dong Won, que llegó al país en 1992, es dueña de 100% del yacimiento Vinalar, en Salta, donde mantiene una producción de 200 metros cúbicos de crudo diarios. Sin embargo, no se aventuró sola por estas latitudes. En esa misma provincia, y en sociedad con Compañía General de Combustibles, controla también 50% del campo Santa Victoria y 14% del Chivil. Ambos son operados por el grupo Soldati. El cuarto activo de la empresa en el país es su participación de 50% en Palmar Largo, en alianza con Pluspetrol.
“Todos los yacimientos están en producción y también tenemos intereses en Bolivia. Sin embargo estos son los dos únicos países en los que estamos trabajando fuera de Corea”, indicaron en la empresa, sin querer dar detalles de inversión ni facturación. Según la información que manejan tanto la Embajada de Argentina en Corea como su par en el país, la compañía ya desembolsó unos US$ 23 millones y tendría compromisos por un monto similar en el futuro.
Junto con Dong Won, llegaron también otras firmas a explotar el rubro petrolero. Korean Petroleum Development, también asociada a CGC, desembolsó unos US$ 5,2 millones.
Los pioneros
Hay otros sectores en los que las firmas con casa matriz en Seúl decidieron poner sus fichas. Una de las primeras en llegar al país, en 1984, fue Nammi Jinheung que, con su subsidiaria ABCD, se dedica al rubro textil. También entre las adelantadas está Namgeuk Development, que estableció su filial Arg-Ko, especializada en alimentación en 1989. Ambas empresas, junto a las pesqueras Hansung y Esperanza del Mar son las cuatro firmas que, según los datos oficiales, se atrevieron a poner un pie en el país antes de la década de 1990.
Solas en su rubro se encuentran la constructora Sei Ah y el Kookmin Bank. La entidad financiera estableció una representación en 1996 y, dos años más tarde, obtuvo el visto bueno del Banco Central para trabajar como minorista. El banco cuenta, a escala mundial, con unos 14 millones de clientes y tiene 587 sucursales en su país de origen. En la filial porteña, ubicada en el barrio de Once, no quieren hablar debido a que, según dicen están atravesando un período de reestructuración.
Con apellido occidental
Las empresas coreanas que hicieron las valijas y atravesaron el Pacífico para instalarse en forma directa en la Argentina no llegan a 40. Pero muchas de ellas son conocidas en el país gracias a sus distribuidores. Por ejemplo, Daewoo es más popular por sus autos manejados por la local Coafi que por sus televisores, ahora en manos de sus propios dueños.
Para llegar a los consumidores argentinos, todas las compañías del sector automotor prefirieron manejarse con representantes exclusivos. Además de Daewoo, también Kia y Hyundai están presentes en el país. “Llevamos el nombre de la empresa madre, pero somos de capitales locales. No hay inversión coreana en nuestra firma”, sostiene Norberto Cavicchioli, presidente de Hyundai Motor Argentina.
El ejecutivo, que maneja la marca en el ámbito local desde 1993, cuenta que Hyundai “no suele instalarse en forma directa, sino mediante distribuidores. En realidad, en todo el sector sucede algo similar: las compañías que no fabrican localmente o en Brasil se manejan con representantes. La única planta que tiene Hyundai Motors en la región está en Venezuela”.
Lo cierto es que la marca está teniendo un buen desempeño. Cavicchioli afirma que Hyundai pasó a liderar entre enero y agosto el segmento de vehículos importados. “En los primeros ocho meses del año, colocamos 2.627 unidades, lo que representa 1,22% del mercado total, seguidos por las japonesas Mitsubishi, con 1.320 unidades, e Isuzu, con 1.358. Esperamos terminar el 2000 con 4.000 autos vendidos, contra los 3.690 del año pasado”, se entusiasma.
La estrategia de la empresa para crecer en un mercado en baja se basó en fortalecer su red comercial con 50 concesionarios, traer productos de menor valor y bajar los precios. Aunque desde hace poco tiempo Hyundai se quedó con su compatriota Kia, localmente esta marca es manejada en forma independiente por Cir-Rep. Kia vendió, hasta agosto, 620 unidades y Daewoo, 1.197.
“El coreano es amigable. Y, para nosotros, muy confiable. Sin embargo, es agresivo en los negocios: es mejor comerciante que el argentino. Una condición importante es el apoyo que dan a sus representantes”, indica Cavicchioli.
Un ejecutivo que trabaja en una firma coreana admite que “la barrera cultural
es muy profunda. Tienen una actitud diferente: trabajan 17 horas por día
porque entienden que es la única forma de cuidar a su familia, educar
a sus hijos y tener una buena vejez. De todos modos, noto que en los últimos
años se están acercando a las formas de Occidente”.
