“Claro que me ayudó el préstamo. Pude arreglar mi casa, comprar garrafas, moldes y materias primas. Hago tortas y repostería para chicos, fiestas, cumpleaños…”.
María Gabriela Ríos tiene 26 años, cuatro hijos y un esposo que trabaja como electricista y hace otras changas. Cuando habla del préstamo se refiere a los $ 250 que le otorgó Fundación Grameen Argentina. Y ese microcrédito es el que le permitirá continuar con su trabajo de repostera en su humilde vivienda, ubicada en la villa Parque Adán, a tres kilómetros del centro de Posadas. “Trabajo a pedido. La torta de un kilo vale entre $ 5 y $ 6, pero vendo porciones sueltas. Así, puedo vender una torta por día”.
También vende prepizzas, que valen entre 0,50 a $ 0,75. “Aunque, según la persona que me compre, las vendo más baratas”.
Ríos es una de las 25 mujeres que una hora antes había pasado por el centro Doña Loli, también en Parque Adán, donde la fundación realiza su reunión semanal. Allí, en un local en el que el alto tinglado de chapa a dos aguas y siete ventiladores de techo ayudan a atenuar el calor de un verano que ya parece instalado, María le pagó a Eduardo, gerente de centro local, la cuota de $ 6 por el crédito que le permitió poner en marcha su emprendimiento productivo.
A la reunión concurrieron las prestatarias con sus chicos, que jugaban ajenos al cónclave. “Milenio… Mujeres Productivas… La Esperanza… Mujeres Unidas…”, llamaba Eduardo a los distintos grupos, de cinco mujeres cada uno y bautizado por sus integrantes. Luego, el pago de las cuotas: $ 6,20, $ 9,95.
A metros de María se sentó Angela Piris, 38 años, casada y con cinco hijos. Es vidriera y fabrica copas, peceras y capillitas. Pidió un microcrédito de $ 400 y paga cuotas de $ 9,95. “El crédito me ayudó mucho, pude comprar material y trabajar”. Angela vende portarretratros de vidrio a
$ 1,50, $ 2 y $ 5. Y las capillitas, según su tamaño, a $ 5 y $ 8. Está haciendo un curso de pintura sobre vidrio a través de la capacitación que brinda la fundación y la ONG con la que Grameen opera. Quiere colocar en las copas los escudos de Boca Juniors y River Plate. “Según el que gane, salgo corriendo a venderlas”, dice, entre risas.
El poder de las mujeres
¿Por qué una reunión de mujeres a la hora de pagar cuotas por microcréditos?
Muhammad Yunus, un profesor de Economía de la Universidad Chittagong, Bangladesh, en medio de la arrasadora hambruna que azotó a su país en 1974, se preguntó: “¿Para qué sirve la enseñanza de teorías económicas si la gente se muere de hambre en las calzadas y en los portales? ¿Dónde está la teoría que da cuenta de la vida real?”.
Sus dudas fueron el disparador que lo impulsó a desarrollar un sistema de microcréditos para pobres, sin garantías ni avales, autosostenido con la devolución de los pequeños préstamos. El economista consideró que los créditos debían estar dirigidos a mujeres, que los utilizarían con mayor eficacia. “Primero piensan en sus hijos, luego en su hogar, después en su esposo y finalmente en sí mismas”, razonó. Así, otorgó los primeros préstamos: US$ 27 a 42 personas.
Hoy el Banco Grameen de Bangladesh mueve créditos por US$ 3.000 millones anuales en 60 países con una tasa de interés de 15 a 25%. De su paquete accionario, a través de la devolución de los créditos, 90% está en manos de los prestatarios (94% son mujeres) y 10% pertenece al Banco Central de Bangladesh. Asiste a 3 millones de personas en el mundo 2,3 millones de las cuales viven en su país y el dinero llega indirectamente a 12 millones. En Bangladesh, la fundación actúa en 1.128 réplicas (filiales y puntos geográficos con área de influencia donde se aplica la metodología Grameen). Y el retorno de los microcréditos es de 98%.
Nada es espontáneo
La institución llegó a la Argentina en 1999 por iniciativa de Pablo Broder, economista y docente, y presidente de la filial local de la Fundación Grameen (aldeano, en bengalí).
“Me regalaron el libro escrito por Muhammad Yunus, Hacia un mundo sin pobreza, a fines de 1998. Le escribí una carta al autor, en la que le dije que me seducía su modelo y me interesaba incorporarlo en la Argentina.”
En abril del año pasado, Yunus llegó a Buenos Aires, invitado por la Editorial Andrés Bello, que presentó su obra en el país. Luego, fue todo muy rápido. “Tuve una audiencia de una hora y media con él”, recuerda Broder, “y al mes siguiente viajé a Bangladesh. Yunus me ofreció ser su representante en esta parte del continente, que incluye la Argentina, Paraguay y, de hecho, Uruguay”.
“La gran diferencia entre Grameen y otro sistema de microcrédito es el rigor metodológico”, dice Broder (ver recuadro).
En junio del año pasado, Broder comenzó a armar una red virtual con un centenar de personas. Tres meses después, la red estaba funcionando y se armaba la fundación. Para compenetrarse con la metodología de Grameen, tres voluntarios viajaron a Bangladesh.
Estas tres personas, con el entrenamiento necesario, serían los instructores que trabajarían en las réplicas junto a la gente, para que el método, uno de los puntales del sistema de microcréditos, se cumpliese a rajatabla. “No se puede llevar adelante espontáneamente. Para ser Grameen no se puede instalar una réplica sólo porque uno quiere, o por leer el libro de Yunus. Hay que entrenarse en Bangladesh o con nosotros”, argumenta Broder.
Grameen sólo actúa a través de organizaciones no gubernamentales que conozcan el terreno, su gente y sus necesidades debido a su trabajo local. En Posadas, la responsabilidad recayó en la Casa de la Mujer, la ONG presente en 83 localidades misioneras.
Finanzas y solidaridad
La fundación creó la réplica de Posadas el 15 de abril de 2000 y ya ha desarrollado tres centros: Parque Adán, barrio Ñu Porá (ambos urbanos) y Santa Ana (rural).
La réplica misionera es la más desarrollada de las cuatro que hasta el momento actúan en la Argentina. Las otras son Formosa, Bahía Blanca y Mendoza, en Chacras de Coria. Y están en proceso de creación las de Rosario, La Plata, Neuquén, Chaco, Jujuy/Salta, además de otra, a determinar, en el área de Capital y Gran Buenos Aires.
La economista Graciela Rolón, gerenta de sucursal de la Casa de la Mujer Grameen Misiones, asegura: “En la provincia hemos otorgado 52 créditos. Tenemos 96% de retorno en los préstamos y el reintegro de la mitad de las cuotas”.
Todo esto, a pesar de la crisis económica general. “Es que muchas mujeres han conseguido los créditos para vender en sus negocios con escasos márgenes de ganancias”, dice Rolón. La baja rentabilidad se refleja en el volumen de algunas ventas, como yerba fraccionada y, muchas veces, pañales descartables por unidad. Para atenuar los efectos de la coyuntura, Rolón dice que los encuentros “reafirman la solidaridad y la confianza. Es por eso que se les exige venir una vez por semana a todas las integrantes. Cada uno de los grupos comenta sus problemas, las posibles soluciones y la manera de afrontar los pagos”.
Esa visión coincide con la de Mabel Rodríguez, que pidió un crédito de $ 300 para hacer su horno de barro y comprar materias primas. “El crédito permite tener mayor compromiso con el grupo, ya que todas tenemos que pagar. Hablamos mucho y así nos enteramos cuando una de nosotras está en problemas. Ayuda a que una crezca como ser humano”. Mabel vende la docena de facturas a $ 0,80. Y agradece que la Casa de Mujer se ocupe de la zona. “Somos mujeres humildes, pero muy capaces”, asegura mientras saca la masa del horno ubicado en el patio de su casa.
Reforzar la dignidad
En su primera etapa, la Fundación Grameen se mueve aún sobre la base de donaciones. Estos son los fondos que le permiten otorgar los microcréditos. La fase posterior, con los préstamos reembolsados, permitirá pedir préstamos a bancos, con el pago de interés correspondiente, para seguir adelante. Según Rolón, “esto sucederá cuando hayamos otorgado 1.000 microcréditos”.
El dinero con que cuenta actualmente proviene de los $ 20.000 que un empresario local, que pide mantener su nombre en reserva, donó luego de leer el libro de Yunus, con la condición que sean utilizados “sólo para préstamos”, apunta Rolón. Toda la estructura de la fundación se mueve con voluntarios.
Liliana Oliveira, presidenta de la Casa de la Mujer dice que $ 15.000 de la donación ya han sido otorgados, por lo cual, aunque están esperando $ 13.000 del estado provincial a través de un programa social, se muestra preocupada. “El problema más serio que tenemos que enfrentar es la financiación”. Oliveira agrega que por medio de los préstamos, la gente “recupera la dignidad, porque no se trata de caridad. Adquiere un compromiso”.
Mientras tanto, el programa Casa de la Mujer Grameen Misiones sigue adelante. Y lo certifican Narcisa Molinas Guerrero de 67 años, y Ema Díaz, de 32, nuevas prestatarias, que firman el Convenio de Microcrédito y obtienen $ 300 cada una. Narcisa comprará una heladera para su quiosco. Y Ema refaccionará y equipará su carnicería y verdulería en Ñu Porá, muy cerca de Posadas.
Luego de firmar, menciona el nombre de su grupo, revelador de la esperanza
que ella y sus compañeras depositan en el microcrédito. “Se llama
Sol Naciente, porque simboliza un día nuevo y el porvernir”.
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El banco va a la gente La Fundación Grameen otorga créditos a pobres. Pero, ¿qué Los créditos que van de $ 100 a $ 500 se otorgan Otro de los requisitos es la idoneidad de cada proyecto. “Además Con los grupos conformados, las cuotas se pagan en la ONG correspondiente. |
| • Home page de la Fundación Grameen Banking for the Poor in Bangladesh. http://www.grameen-info.org/ • Home page de la Fundación • “Se concreta en el país la propuesta de • “¿Y • “Long-Term Impacts of Microcredit Programs: A Study • “1994 World Food Prize Laureate Muhammad Yunus”. |
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