viernes, 24 de abril de 2026

    El juego de la canasta

    A poco de asumir, Domingo Cavallo decidió admitir un problema de tipo de cambio que genera necesidades extraordinarias de ingresos de capitales para financiar el déficit en el sector externo, lo que a su vez hace subir las tasas de interés internas y genera efectos recesivos sobre la economía. No vaciló en compararse con John Maynard Keynes frente a la Depresión; afirmó que el peso está sobrevaluado y que las medidas que está poniendo en práctica, abordando el problema por todas las vías que no afecten la estructura de contratos ni el sistema financiero, resolverán finalmente este problema.


    Anunció incentivos tributarios y otras medidas orientadas a la producción y el empleo. Para sorpresa de muchos, introdujo cambios en los aranceles al comercio exterior, presentados como compensatorios de un dólar sobrevaluado y, por lo tanto, temporales hasta tanto el dólar complete su ciclo de reacomodamiento con el euro.


    Para entonces, cuando se produzca una alineación de ambas monedas de modo que el euro valga exactamente un dólar, debería concretarse el menos esperado de los anuncios: la ampliación del respaldo del peso convertible a una canasta de monedas.


    La idea apunta, según Cavallo, a aumentar la estabilidad cambiaria global de la Argentina, al moderar los shocks ocasionados por la fluctuación de las divisas extranjeras. La Argentina se estaría comportando, así, como un inversor que diversifica su cartera para reducir el riesgo.


    En la visión de Cavallo, la canasta significará más estabilidad y una convertibilidad más eficiente en la Argentina “porque vamos a tener una moneda más estable que el dólar y que el euro”. De este modo, el nuevo mecanismo de respaldo del peso se adaptaría mejor a un mundo de divisas en flotación. Por otro lado, al mantener el respaldo en divisas que impone la Ley de Convertibilidad, no disminuiría la capacidad del sistema de hacer frente a eventuales corridas contra el peso.


    Según Roberto Bouzas, investigador de Flacso: “Una canasta de monedas permite estabilizar el tipo de cambio frente a fluctuaciones entre las monedas de nuestros socios comerciales. La paridad con una única moneda tiene el atractivo de la simplicidad, pero en un mundo de divisas que fluctúan conlleva costos importantes en materia de competitividad”.


    Un mejor patrón


    Esto resulta especialmente relevante en un país cuyo comercio exterior no esté muy concentrado en el emisor de la divisa a la que ha atado su propia moneda, como ocurre en el caso argentino. “Desde este punto de vista, un patrón dólar para México o la República Dominicana tiene sentido. Para la Argentina el cuadro es más complicado”, explica Bouzas.


    Y las cosas se complican aún más en una etapa caracterizada por un dólar fuerte, una depreciación del euro, la devaluación brasileña de 1999 y la ola de devaluaciones anteriores en Asia. Todo esto ha contribuido a reducir la competitividad argentina frente a las economías con las que comercia o compite, excepto Estados Unidos.


    En palabras del economista Mario Blejer, ex asesor principal en asuntos monetarios y financieros del FMI (actualmente vicedirector del departamento de India y el Pacífico), “la canasta comercial argentina es más diversificada que la financiera. Una canasta que refleje los tipos de cambio con los socios comerciales es mejor”.


    Los riesgos del cambio


    Pero no todo es idílico en el porvenir cambiario argentino, y algunos sectores ­especialmente los más endeudados en dólares­ han manifestado temor frente al cambio. Los anuncios de Cavallo sobre el futuro de la convertibilidad provocaron algunas dudas en el sector financiero.


    “Frente al beneficio en el terreno comercial”, advierte Blejer, “puede haber otros costos: puede crearse ruido financiero e incertidumbre.”


    El ruido financiero podría convertirse en estruendo si se decidiera incluir en la canasta monedas que, a pesar de su relevancia comercial para la Argentina, no se caracterizan por su comportamiento previsible. Ni Japón, en medio de su recesión, ni Brasil, con sus propios problemas fiscales y de cuenta corriente, parecen tener por delante un camino de dirección clara, de modo que planear la incorporación de sus monedas a la canasta cambiaria argentina significaría importar un riesgo.


    Actualmente, por otro lado, parecen faltar algunos elementos necesarios de ingeniería financiera. “Uno determina la composición de la canasta, pero no la fluctuación entre las monedas de referencia”, razona Blejer. “Y el mercado financiero no está tan desarrollado en la Argentina ni en otros países emergentes ­salvo, quizá, Brasil­ con opciones, derivados, con full edging, para diversificar los riesgos”.


    Para la mayoría de los analistas consultados, la diversificación del portafolio de reservas podría permitir que el régimen cambiario argentino aumente su eficiencia y sustentabilidad de largo plazo, además de reducir los desajustes cambiarios que se puedan producir. Sin embargo, para que esto se concrete, se requerirá avanzar en la diversificación de las finanzas y las estructuras de contratos locales, y desarrollar instrumentos financieros poco usados en la actualidad.

    La crítica
    de Keynes a la convertibilidad

    Según
    la visión de Keynes, la combinación de un régimen
    de tipo de cambio fijo con la no intervención del Banco Central
    sobre las tasas de interés opera en contra del equilibrio interno
    y, cuando el tipo de cambio está sobrevaluado, lleva a la recesión.
    La convertibilidad, que involucra una regla cambiaria fija, obliga a que
    el ajuste de desequilibrios de cuenta corriente no se produzca por la
    vía del tipo de cambio, sino a través de la tasa de interés,
    que debe subir para lograr financiamiento destinado a cubrir el déficit
    externo, dejando de lado su función de coordinar el equilibrio
    entre ahorro e inversión.

    Así,
    frente a un déficit de cuenta corriente, y ante una restricción
    de financiamiento externo, el ajuste llega por la vía de los precios
    (deflación interna) o por las caídas de la producción
    y el empleo (debido a las mayores tasas de interés).

    Keynes observó
    la Gran Bretaña de los años 20 y lanzó una fuerte
    advertencia sobre el uso de regímenes cambiarios y monetarios como
    los que rigen en la Argentina. Una de las críticas más elocuentes
    en este terreno se encuentra en sus Notas sobre el Mercantilismo:

    “… Bajo
    el dominio de estas equivocadas teorías, la City de Londres
    gradualmente desarrolló la técnica más peligrosa
    para el mantenimiento del equilibrio que pueda llegar a imaginarse: la
    de asociar la tasa de interés bancaria [es decir, libre] con una
    paridad rígida de los tipos de cambio. Porque esto significaba
    tornar completamente inaccesible el objetivo de mantener una tasa de interés
    local consistente con el pleno empleo. Puesto que, en la práctica,
    es imposible soslayar la balanza de pagos, se adoptó un medio para
    controlarla que sometió [la tasa de interés local] a la
    acción de fuerzas ciegas.”

    “Los pragmáticos
    banqueros de Londres han aprendido mucho y podría esperarse que
    el recurso de hacer que la tasa de interés bancaria financie el
    balance de pagos no se volverá a usar nunca, sobre todo cuando
    aumente la probabilidad de generar desocupación.”

     
     

    ¿La
    leyenda continúa?

    MERCADO, abril de 2001.

    “Los regímenes cambiarios en el contexto de la creciente integración
    de la economía mundial”
    . Home page del Fondo Monetario
    Internacional.
    http://www.imf.org/external/np/exr/ib/
    2000/esl/062600s.htm

    “El canciller brasileño propone sumar el real a la canasta de monedas”.
    Home page de Latinstocks.
    http://www.latinstocks.com/es/noticias/
    Nota_Template.asp?nota=1208

    “Terminó la luna de miel entre Cavallo y los mercados”. The
    Wall Street Journal
    , 23/4/2001.
    http://interactivo.wsj.com/articles/
    SB98797800568198857-money.html

    Argentina cancels bond auction, raising concerns. The Washington
    Post
    , 23/4/2001.
    http://washingtonpost.com/wp-dyn/
    world/A55027-2001Apr23.html