A poco de asumir, Domingo Cavallo decidió admitir un problema de tipo de cambio que genera necesidades extraordinarias de ingresos de capitales para financiar el déficit en el sector externo, lo que a su vez hace subir las tasas de interés internas y genera efectos recesivos sobre la economía. No vaciló en compararse con John Maynard Keynes frente a la Depresión; afirmó que el peso está sobrevaluado y que las medidas que está poniendo en práctica, abordando el problema por todas las vías que no afecten la estructura de contratos ni el sistema financiero, resolverán finalmente este problema.
Anunció incentivos tributarios y otras medidas orientadas a la producción y el empleo. Para sorpresa de muchos, introdujo cambios en los aranceles al comercio exterior, presentados como compensatorios de un dólar sobrevaluado y, por lo tanto, temporales hasta tanto el dólar complete su ciclo de reacomodamiento con el euro.
Para entonces, cuando se produzca una alineación de ambas monedas de modo que el euro valga exactamente un dólar, debería concretarse el menos esperado de los anuncios: la ampliación del respaldo del peso convertible a una canasta de monedas.
La idea apunta, según Cavallo, a aumentar la estabilidad cambiaria global de la Argentina, al moderar los shocks ocasionados por la fluctuación de las divisas extranjeras. La Argentina se estaría comportando, así, como un inversor que diversifica su cartera para reducir el riesgo.
En la visión de Cavallo, la canasta significará más estabilidad y una convertibilidad más eficiente en la Argentina “porque vamos a tener una moneda más estable que el dólar y que el euro”. De este modo, el nuevo mecanismo de respaldo del peso se adaptaría mejor a un mundo de divisas en flotación. Por otro lado, al mantener el respaldo en divisas que impone la Ley de Convertibilidad, no disminuiría la capacidad del sistema de hacer frente a eventuales corridas contra el peso.
Según Roberto Bouzas, investigador de Flacso: “Una canasta de monedas permite estabilizar el tipo de cambio frente a fluctuaciones entre las monedas de nuestros socios comerciales. La paridad con una única moneda tiene el atractivo de la simplicidad, pero en un mundo de divisas que fluctúan conlleva costos importantes en materia de competitividad”.
Un mejor patrón
Esto resulta especialmente relevante en un país cuyo comercio exterior no esté muy concentrado en el emisor de la divisa a la que ha atado su propia moneda, como ocurre en el caso argentino. “Desde este punto de vista, un patrón dólar para México o la República Dominicana tiene sentido. Para la Argentina el cuadro es más complicado”, explica Bouzas.
Y las cosas se complican aún más en una etapa caracterizada por un dólar fuerte, una depreciación del euro, la devaluación brasileña de 1999 y la ola de devaluaciones anteriores en Asia. Todo esto ha contribuido a reducir la competitividad argentina frente a las economías con las que comercia o compite, excepto Estados Unidos.
En palabras del economista Mario Blejer, ex asesor principal en asuntos monetarios y financieros del FMI (actualmente vicedirector del departamento de India y el Pacífico), “la canasta comercial argentina es más diversificada que la financiera. Una canasta que refleje los tipos de cambio con los socios comerciales es mejor”.
Los riesgos del cambio
Pero no todo es idílico en el porvenir cambiario argentino, y algunos sectores especialmente los más endeudados en dólares han manifestado temor frente al cambio. Los anuncios de Cavallo sobre el futuro de la convertibilidad provocaron algunas dudas en el sector financiero.
“Frente al beneficio en el terreno comercial”, advierte Blejer, “puede haber otros costos: puede crearse ruido financiero e incertidumbre.”
El ruido financiero podría convertirse en estruendo si se decidiera incluir en la canasta monedas que, a pesar de su relevancia comercial para la Argentina, no se caracterizan por su comportamiento previsible. Ni Japón, en medio de su recesión, ni Brasil, con sus propios problemas fiscales y de cuenta corriente, parecen tener por delante un camino de dirección clara, de modo que planear la incorporación de sus monedas a la canasta cambiaria argentina significaría importar un riesgo.
Actualmente, por otro lado, parecen faltar algunos elementos necesarios de ingeniería financiera. “Uno determina la composición de la canasta, pero no la fluctuación entre las monedas de referencia”, razona Blejer. “Y el mercado financiero no está tan desarrollado en la Argentina ni en otros países emergentes salvo, quizá, Brasil con opciones, derivados, con full edging, para diversificar los riesgos”.
Para la mayoría de los analistas consultados, la diversificación del portafolio de reservas podría permitir que el régimen cambiario argentino aumente su eficiencia y sustentabilidad de largo plazo, además de reducir los desajustes cambiarios que se puedan producir. Sin embargo, para que esto se concrete, se requerirá avanzar en la diversificación de las finanzas y las estructuras de contratos locales, y desarrollar instrumentos financieros poco usados en la actualidad.
| La crítica de Keynes a la convertibilidad Según Así, Keynes observó “… Bajo “Los pragmáticos |
| “¿La leyenda continúa?“ MERCADO, abril de 2001. “Los regímenes cambiarios en el contexto de la creciente integración “El canciller brasileño propone sumar el real a la canasta de monedas”. “Terminó la luna de miel entre Cavallo y los mercados”. The “Argentina cancels bond auction, raising concerns“. The Washington |
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