La introducción del euro como moneda de uso corriente no introducirá grandes cambios inmediatos para los argentinos. Más allá de la sorpresa inicial, y del temor que provoca la posibilidad de un cambio en la Convertibilidad, el público no notará diferencias a plazo.
La ofensiva del ministro expresa, al mismo tiempo, dos iniciativas muy diferentes. Por un lado, se busca impulsar la utilización del euro en el mercado local “para que la gente tenga más alternativas de inversión”, según explicó Domingo Cavallo. Y, por otra parte, el gobierno propone un nuevo sistema cambiario, por el cual el valor del peso se establecerá según una canasta compuesta por el dólar y el euro en partes iguales. Este esquema recién entraría en vigencia cuando el euro alcance la paridad con la moneda estadounidense.
El detalle es que nadie se anima a arriesgar en qué momento el euro podría volver a ubicarse uno a uno con el dólar. Aunque llegó a tocar el nivel de US$ 1,20 a principios de 1999, pocos días después de su introducción, la nueva moneda europea inició un rápido descenso del que sólo se recuperó parcialmente.
Tras tocar un mínimo de US$ 0,82 el año pasado, el euro logró una mejora parcial y hasta situarse en alrededor de 0,90. Pero todavía le queda un trecho para volver a la paridad. Ni Cavallo ni los principales bancos de inversión internacionales saben a ciencia cierta si esto ocurrirá ni cuándo.
El principal banco alemán (Deutsche Bank) le tiene mucha fe a la moneda europea. Según sus cálculos, el euro podría superar al dólar para fin de año y seguir hasta 1,05 a principios del 2002. Pero otras instituciones son menos optimistas y calculan un plazo no inferior a los dos años.
El peso de las deudas
Los más afectados por la decisión de avanzar hacia la canasta de monedas son los endeudados en dólares. Según los datos oficiales del Banco Central, los créditos con garantía hipotecaria suman US$ 15.000 millones y sólo una mínima parte está denominada en pesos.
Quienes tienen deudas en dólares a largo plazo pueden encontrarse ante un problema aunque no dramático con la canasta de monedas. El esquema hará que el peso comience a fluctuar con respecto al dólar, aunque su variación llegará sólo a la mitad de lo que se mueva el euro.
Por ejemplo, si la nueva moneda europea se deprecia 10% con respecto al dólar, el peso sólo lo hará en 5%. Esto significa que, para comprar un dólar serán necesarios $ 1,05. También puede ocurrir que el euro se aprecie una vez alcanzado el uno a uno con el dólar. Siguiendo con el ejemplo anterior, si aumenta 10%, entonces el peso se apreciará sólo 5%. En este caso, para comprar un dólar sólo serían necesarios $ 0,95. Las variaciones no serían bruscas, pero involucran, de todos modos, el abandono de la fórmula mágica “un peso, un dólar”.
Los endeudados en dólares corren el peligro de tener que dedicar una porción mayor de sus salarios (que cobran en pesos) al pago de sus cuotas en la divisa norteamericana. Esto, siempre y cuando el peso sufra una depreciación.
Daniel Llambías, director ejecutivo de banca mayorista del Banco Galicia, asegura que “en el futuro, lo más conveniente será pedir un crédito de largo plazo en pesos, porque es lo único que asegurará la cuota a pagar por mes”.
Claro que, por el momento, casi desaparecieron los créditos de largo plazo en moneda local. “Sólo existen créditos en moneda local vinculados con las cuentas transaccionales, como un descubierto en cuenta corriente o la financiación de la tarjeta”, reconoce Llambías.
Y parece improbable que retornen de inmediato los créditos hipotecarios en pesos, que en algún momento ofrecían los bancos, siempre con tasas de interés y cuotas superiores a las de los préstamos en dólares. El problema es que las últimas crisis provocaron un corrimiento masivo de los ahorristas a los depósitos en dólares, lo que restó la principal fuente de fondeo en pesos.
El nuevo esquema de la canasta no prevé ningún tipo de cambio de moneda ni de modificaciones de cláusulas en los contratos ya realizados a largo plazo en dólares. Tampoco para los efectuados en moneda local. Cavallo aseguró que “bajarán tanto las tasas de interés que las entidades se verán obligadas a repactar los créditos en mejores condiciones”. Por el momento, se trata apenas de una expresión de deseos.
El problema del endeudamiento en dólares también es válido para las empresas argentinas. Generan ingresos en pesos (por lo menos las que dependen del mercado interno), pero deben en dólares, ya sea por créditos bancarios o por el vencimiento de títulos de deuda colocados en el mercado de capitales.
Tarifas en discordia
Otro motivo de controversia puede surgir de las tarifas de los servicios públicos. En la mayoría de los casos están fijadas en dólares y luego se convierten a pesos para que pague el cliente. Obviamente, hasta ahora esto no planteó ningún problema puesto que se tomaba una relación de uno a uno entre ambas monedas.
Las compañías internacionales admiten que puede tratarse de un foco de tensión y están dispuestas a renegociar. Carlos Fernández Prida, presidente de Telefónica de Argentina, asegura: “No tendríamos problemas para cambiar la moneda del contrato y tampoco para modificar las cláusulas de ajuste tarifario”, que actualmente se rigen por la inflación mayorista de Estados Unidos, más elevada que la argentina.
El conflicto pasa, entonces, por dos cuestiones: la moneda de pago, si se pasa a una canasta, y la forma en que se efectuarán los ajustes futuros de tarifas. En realidad, hace ya dos años que se considera inadecuado el mecanismo de variación regido por la inflación norteamericana. La evolución del nivel de precios en Estados Unidos contrasta con la sostenida deflación argentina y viene provocando un aumento desmesurado de las tarifas desde 1999.
Incluso las compañías con tarifas fijadas en pesos pueden encontrarse en el centro de una polémica. Es el caso de Aguas Argentinas. Aunque el contrato de concesión de 1993 establece que las tarifas quedan establecidas en moneda local, deja abierta la posibilidad de revisar la situación “en caso que se produzca un cambio de paridad”.
Según Fabián Falco, director de marketing y comunicaciones externas de la compañía controlada por el grupo francés Lyonnaise des Eaux: “Si se sale del uno a uno, el tema seguramente será incluido en la mesa de discusión para una posible modificación del contrato. Claramente, se trataría de un cambio en la ecuación de costos y, como tal, debe ser analizado”.
¿Quién vio un euro?
Independientemente de la introducción de la canasta de monedas, es un hecho que desde el palacio de Hacienda estimularán la utilización del euro en el mercado local. Sin embargo, es improbable que el público se vuelque a esta moneda. Todo indica que la referencia obligada a la hora de cerrar transacciones o de ahorrar continuará siendo el dólar.
La aparición física del euro está prevista para el 1º de enero de 2002. Y los europeos esperan que, con la posibilidad de tocar el dinero, comience una recuperación importante en la cotización. Entre otras cuestiones, porque serán mucho más palpables los beneficios de la moneda única, como la reducción en los costos del cambio cuando se pasa de un país a otro.
Un dato no menor es el escaso interés que se percibió durante los últimos años por realizar depósitos en monedas distintas del peso o el dólar en la Argentina, aunque la alternativa ya estaba prevista en la legislación. A mediados de abril, había depósitos en euros por el equivalente a US$ 80 millones. El ING Barings es el banco que logró captar la mayor cantidad de ahorro en euros, 74 millones, mientras que Banco Río tiene otros 6 millones.
Martín González Kenny, gerente financiero de la institución holandesa, explica que “lanzamos el producto entre las AFJP para darles una mayor alternativa de diversificación. Pero al público minorista por ahora no le interesa invertir en euros”. La institución también salió a ofrecer créditos en la moneda europea pero no encontró aceptación.
La tasa de interés que ofrece por la colocación en euros es levemente inferior a la de dólares, fundamentalmente por los mayores costos. “El Banco Central no permitía realizar encajes en la moneda europea y eso nos obligaba a realizar una operación financiera adicional”, señaló González Kenny.
Para darle más facilidades a los depósitos en euros, el BCRA autorizó a los bancos la constitución de encajes en esa moneda. Y también se los incluirá en el sistema de garantía de depósitos bancarios, que hasta ahora sólo contemplaba pesos y dólares.
Es probable que sean las empresas europeas instaladas en el país las que más provecho le saquen a la posibilidad de utilizar fluidamente el euro. También están en esa situación los exportadores argentinos que le venden al Viejo Continente. Pero, hasta ahora, se trata de casos puntuales.
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