–¿El nuevo paquete apunta a superar lo que podrían considerarse sucesivos fracasos del blindaje y del megacanje, para fortalecer a la Argentina a los ojos de los mercados financieros internacionales?
–No creo que el blindaje o el megacanje hayan sido fracasos. Son estrategias financieras que tratan de dar certidumbre con respecto a la capacidad de pago de la Argentina. Pero no son en sí mismos instrumentos de política económica. Una economía que atraviesa tres años de recesión necesita otras cosas. En este sentido, lo que ha planteado Domingo Cavallo es un conjunto de instrumentos que restablezcan niveles de consumo e inversión compatibles con un crecimiento sostenible a mediano plazo. Cavallo está haciendo una serie de modificaciones en las reglas de juego que tienden a una estructura más racional en lo impositivo y de aliento a la inversión. Además de resolver la incertidumbre en torno al cumplimiento de los compromisos de la deuda, atacó otros problemas: el riesgo devaluatorio, que conjuró con la propuesta para modificar la convertibilidad y mostrarle al mercado que no piensa en una devaluación sino en una mayor estabilidad de la moneda por la vía de balancearla entre las dos divisas más importantes, el dólar y el euro. Y con el factor de convergencia o empalme, que tiene que ver con que para compensar la apreciación de dólar en los últimos dos años los aranceles y reembolsos tradicionales no funcionaron, porque a través del Mercosur tenemos una competencia sin aranceles ni reembolsos con Brasil. Este factor tiende a resolver este problema, porque se le aplica a Brasil.
–¿Es suficiente un ajuste de 8%, frente a 144% de devaluación en Brasil desde 1999?
–Aun sin ese 8% teníamos superávit comercial con Brasil. Es cierto que ese saldo favorable tiene mucho que ver con las exportaciones energéticas, pero existe. Por otro lado, los costos para producir en Brasil, por sus regulaciones, son mayores. Y con los precios finales, por todos estos problemas, hay una desventaja comercial. Esto tiende a corregir el problema desde una perspectiva monetaria.
–¿El encarecimiento de importaciones de insumos y bienes intermedios no produce un efecto contractivo para la industria local?
–No, porque es lo mismo que pasará en el futuro. Cuando la convertibilidad ampliada entre en vigencia, si volviera a estar en estos niveles tendría este cuadro de situación. Esta va a ser la estructura de la Argentina. Hay que ver cómo queda el tipo de cambio efectivo de importación en cada segmento, porque hay aranceles que se están reduciendo, como los que se aplicaban a bienes de consumo final, que bajaron de 35% a 27%. Y en lo que se refiere a los bienes intermedios, la estructura favorece el valor agregado nacional, porque tienen mayor arancel los bienes finales que los intermedios, aun cuando haya subido el tipo de cambio. Al aumentar el de la exportación hay una compensación.
–Si el euro se recupera frente al dólar desaparece el beneficio cambiario para los exportadores. ¿Cómo es posible alentar las inversiones a largo plazo en el sector?
–La reforma monetaria que el equipo económico se plantea apunta a tener una moneda más estable. No se propone como objetivo crear o anular estímulos monetarios a la exportación o la importación. La idea es que la moneda deje de tener fluctuaciones de valor según lo que ocurra entre Europa y Estados Unidos. En este sentido, la moneda que tendrá mayor importancia será el peso, internamente. La preferencia por el dólar hizo que la economía, luego de la devaluación brasileña o el default ruso girara a una mayor dolarización. El peso posconvertibilidad ampliada no será un producto diferenciable del euro y el dólar. Y en ese sentido, una moneda con mayor calidad que ambas.
–¿Mayor calidad?
–Sí, porque lo que uno busca de una moneda es que sea una unidad de medida lo más invariable posible. Al ser un promedio de ambas, se reduce a 50% el factor de inestabilidad de devaluación o sobrevaluación.
–Sin embargo, para los inversores, ¿esto no significa el comienzo del fin de la convertibilidad?
–Ellos harán su interpretación, pero creo que no es así. En cuanto se analiza el fondo y se descorre el velo de las apariencias, se advierte que se trata de un instrumento para aplicar al Mercosur un nivel razonable de aranceles y reembolsos intrazona, y no otra cosa. La convertibilidad no tiene ninguna modificación estructural ni formal.
–Hubo cambios en los impuestos a las ganancias, a los combustibles y a las transacciones financieras. ¿No resultan contraproducentes tantas y tan frecuentes modificaciones de la política fiscal?
–Eso es negativo. Así como en su momento logramos la previsibilidad monetaria y cambiaria, tenemos que lograr la previsibilidad fiscal. En la Argentina, cuando la caja no es lo suficientemente satisfactoria, se echa mano a este tipo de instrumentos. Creo que, con todo lo que está haciendo el equipo económico, se trata de ir a un esquema impositivo que tendrá eje en dos impuestos: IVA e impuesto a las ganancias.
–Se dice que se busca alentar el consumo interno. Por otro lado, la recaudación crecerá por el incremento a los combustibles y recortes a los reintegros por exportaciones. ¿El objetivo es que crezca el consumo o éste es un esfuerzo más para aumentar los ingresos fiscales?
–Creo que cuando llegue la reactivación que se busca con este programa de aliento a las exportaciones, a la inversión y al consumo, aumentará la recaudación y mejorará la situación fiscal. El fisco tiene una riqueza derivada de la sociedad, no es propia, como lo era cuando el Estado explotaba el petróleo o el gas. Entonces, si hay un programa que tienda a producir un crecimiento vigoroso de las exportaciones, la inversión y el consumo, y lo logra, sería un excelente negocio fiscal. Eso no está en discusión.
–Días antes del lanzamiento del paquete se dijo que no se buscaba alentar el consumo. Y luego se proclamó lo contrario. ¿El programa no tiene un ingrediente electoral con vistas a octubre?
–Puede ser. En democracia, los gobiernos buscan el consenso. Es probable que las elecciones sean uno de los elementos que se hayan tenido en cuenta. Es positivo tenerlo en cuenta porque la capacidad de cualquier administración para avanzar depende del respaldo de la opinión pública. Si se buscó eso, me parece positivo.
–También se requiere eficiencia.
–Claro. Si sólo se buscara llegar hasta octubre, después de ese mes el programa dejaría de funcionar. Creo que éste no es el sentido y que el programa tendrá el apoyo de la opinión pública en la medida que se consigan los resultados que se prevén. El establecimiento de una deducción de ganancias de los préstamos hipotecarios es muy positivo para las familias, para la industria de la construcción y para el empleo de los sectores menos calificados. Y las reducciones de los aumentos de los mínimos no imponibles dejarán una capacidad adicional de consumo que tonificará la economía y la recaudación. Las otras medidas casi no tienen costo fiscal. Los beneficios que se dan a los exportadores se compensan con la carga que pagan los importadores. Hay una reasignación de recursos fiscales para favorecer exportaciones, inversión y consumo sin producir una pérdida fiscal al comienzo del programa para el Tesoro. Y en adelante producirán ganancias fiscales.
–¿Qué medidas le faltan al paquete?
–Creo que hay que actuar sobre el gasto público. Hay medidas que se ejecutaron y seguramente habrá más anuncios en cuanto a la Ley de Competitividad en el sector público, como centralizar o descentralizar organismos o cambiar las reglas de juego del sector público, que debe tener normas parecidas a las del privado, como las de estímulo a la productividad. En cuanto al plan, le falta una buena política con la iniciativa denominada Ley de Crédito Público. Y ésta es una alternativa para bajar la tasa de interés. El megacanje resolvió el horizonte de vencimientos, pero la tasa no bajó. La Ley de Crédito Público o su equivalente será útil para reducir costo. Porque la ley respalda a todos los bonos emitidos por el gobierno nacional o los provinciales, con la recaudación de impuestos de cada jurisdicción. El crédito público no es otra cosa que el anticipo de impuestos futuros.
–¿Y eso no es embargar la recaudación?
–La recaudación está embargada cuando se emite la deuda, no cuando se paga. Si no queremos comprometer nuestras rentas futuras, no tomemos créditos. Pero necesitamos hacerlo porque no podemos pagarle a los jubilados o a los empleados, debido al déficit. Si lo necesitamos, y queremos pagarlo a tasas bajas, démosle al acreedor la seguridad de que vamos a pagar. También es importante que se implemente el anuncio sobre el Fondo de Infraestructura Vial, porque se puso en marcha el Plan de Infraestructura, pero había dudas sobre los recursos con que contaba. Ahora hay un recurso cuantificable. El programa tiene casi todos los elementos para ser exitoso.
–Las exportaciones con mayor valor agregado recibirían reintegros de más de 8%. ¿Qué pasa si el dólar cae frente al euro? ¿Cómo compensarían el factor de empalme?
–Las exportaciones manufactureras tienen el reembolso que antes tenían, pero no el factor de empalme. Y las agropecuarias no tenían reembolsos. Todas tendrán el factor de empalme. Si el euro iguala al dólar habrá que ver cuál es la política comercial que en ese momento se resuelve. Con los reembolsos y aranceles, el gobierno tiene discrecionalidad para manejarlos, y adoptará las políticas correspondientes.
–Se dice que usted es la eminencia gris detrás de los últimos planes.
–No. Se da en este caso en particular porque con Domingo Cavallo tenemos una relación desde hace mucho tiempo. Como dicen de algunos jugadores, nos entendemos de memoria. Y él, en algunas circunstancias, ha recurrido a mi asesoramiento en cuestiones legales o vinculadas con lo jurídico y lo económico. Pero de ninguna manera soy esa eminencia gris.
