Son muchos los fabricantes de equipos informáticos y de telecomunicaciones que ya tienen sus plantas en Brasil y que utilizan estas filiales como plataforma para el mercado mundial. El caso de DMC Stratex Networks, antes Digital Microwave Corporation (DMC), es un llamado de atención para la Argentina: la empresa estuvo a punto de conferir esa misión global a una frustrada radicación en Córdoba.
DMC produce equipamiento para infraestructura inalámbrica de telecomunicaciones. Entre sus clientes se encuentran Diveo, PCS Orange, ImpSat y Embratel. Como empresa multinacional es pequeña, si se la compara con gigantes de su sector como Nokia, Ericsson o Motorola. En el último ejercicio, cerrado el 31 de marzo, facturó $ 417,7 millones.
Para ese entonces contaba con 1.184 empleados y plantas manufactureras en Nueva Zelanda, Singapur y Brasil, más las dos estadounidenses sitas en Seattle y San José, esta última, sede de los headquarters de la compañía.
La relación entre DMC y Latinoamérica es intensa. De sus ventas del último ejercicio, 25% se originan en la región, según certifican en las oficinas de Arthur Andersen de San José. Por esta razón, no parece casual que, a fines del 2000, la empresa haya estudiado la factibilidad de instalarse en Córdoba para producir una línea de radio enlaces de banda ancha y mejorar su presencia en la región.
Desgraciadamente, el proyecto fue abandonado por las incertidumbres que ofrecía la Argentina preblindaje.
Un giro de 180 grados
“En Brasil teníamos algunos problemas. De hecho, en junio llegué a la ciudad de Campinas sede de la empresa en el estado de Sao Paulo del vecino país con la misión de cerrar la planta”, reconoce Gonzalo Ferrer, gerente general de DMC do Brasil, por aquel entonces, gerente financiero para Latinoamérica.
La compañía llevaba a cabo un programa de reestructuración mundial. La parálisis del sector de las telecomunicaciones, los resultados negativos del balance 2000/2001 y las proyecciones poco alentadoras habían dado la señal de alarma.”Debemos cuidar nuestro flujo de caja y resguardarnos financieramente en este contexto recesivo. Llevaremos a cabo una reestructuración que alcanzará a 30% de nuestra plantilla mundial”, anunciaba Sam Smookler, CEO de la compañía, libros en mano.
En ese contexto, junto a los problemas propios, la filial sudamericana mostraba una repetición de productos y duplicación de costos con su Par de Seattle. Su suerte parecía echada. “Sin embargo, vimos que las posibilidades eran promisorias, por lo cual nos dimos tiempo para ver si era posible relanzar la planta”, cuenta Ferrer.
Durante el primer mes, el equipo gaúcho ya había mostrado resultados favorables por lo que su sede quedó en pie y las persianas bajaron en Seattle. La unidad de Campinas no sólo salvó su permanencia sino que además comenzó “un plan de expansión para atender primero a los clientes brasileños y después a todo el mundo”, comenta Ademar Espanha, gerente financiero de la filial paulista.
Ventajas competitivas
Los argumentos que esgrime el encargado de las finanzas son contundentes: “Producir desde Brasil es 40% más económico que desde Estados Unidos”. ¿Incluidos los beneficios fiscales? “No, no. Sin beneficios”, asegura Espanha enfáticamente.
La criticada devaluación brasileña resultó una bendición para la estrategia de DMC. Los componentes tienen precios internacionales en dólares. El proceso productivo se abarata y el producto también se comercializa en valores internacionales.
Por otro lado, las diferencias en costos fijos son notorias. “Tercerizamos todo lo que es manejo de stock: el almacén de 500 m2, climatizado, con personal y todo, cuesta $ 500 mensuales. En California costaría 15 veces más”, agrega Ferrer.
En lo que refiere al costo laboral, el salario de bolsillo de un técnico de planta senior, se ubica en los $ 1.000, lo que representa para la empresa una erogación anual de $ 28.000. En el caso de los técnicos junior, la suma se reduce a la mitad, mientras que los gerentes de calidad llegan a cobrar $ 3.000. “No hay diferencias en el ámbito laboral, en comparación con los profesionales argentinos del interior del país”, sostiene Ferrer. “Pero Brasil es mucho más agresivo y muestra lo que es tener políticas industriales”, remata.
Beneficios fiscales
Las políticas activas están a la hora del día, sobre todo en lo que se refiere a las áreas informáticas. Desde hace décadas, la fabricación de equipamiento estuvo protegida en Brasil con barreras arancelarias y beneficios fiscales.
El sistema tuvo algunas reformas durante la última década. Fernando Collor de Melho eliminó las diferencias entre empresas nacionales y extranjeras mientras la producción se llevara a cabo en el país. El gobierno de Fernando Henrique Cardozo fijó un cronograma para la eliminación de las reducciones impositivas en el 2009.
Por el momento, cuando 85% del proceso productivo se realiza en Brasil, los aranceles de importación caen de 18 a 7%, y el Impuesto Nacional a la Producción Industrial (IPI), que es de 10%, desaparece. Como contrapartida, la empresa, al cabo de un año, deberá reinvertir en investigación y/o capacitación 5% de su facturación bruta en el mercado doméstico. Así y todo, Ferrer lo toma como una oportunidad. “Armaremos un equipo de ingenieros en la Universidad de Campinas para mantenernos con la última tecnología. Es lo que permite los mejores márgenes”.
La apuesta a futuro
En DMC do Brasil son optimistas. Lanzaron un plan de inversiones por $ 7 millones que incluye tanto equipamiento como capital de trabajo. Para fin de año, su capacidad instalada habrá pasado de $ 40-50 millones a $ 100 millones. Durante el 2002 ampliarán las líneas de productos y exportarán 50% de la producción, según asegura Ferrer.
Otro eje estratégico de la compañía fue la reestructuración, que tuvo como objetivo agilizar la organización y reemplazar la actual cadena de aprovisionamiento por una local, ganando en rapidez y, también, sacando beneficios en términos económicos.
El proceso que atraviesan las firmas de equipamiento como ésta se basa en el desarrollo de un producto que integra tecnologías de terceros. En sus plantas se realizan el montaje, el ensamblaje final y el control de calidad.
“El primer paso fue tercerizar el armado de los kits en Benchmark, una firma estadounidense con subsidiaria aquí, en Campinas”, describe Domingos Di Giaimo, gerente de planta. “Pero ya pudimos armar una plaqueta de chips, por lo que extenderemos un escalón más nuestro aprovisionamiento en la misma ciudad”, agrega entusiasmado.
Si faltaba alguna ventaja, Campinas cuenta con empresas productoras y de servicios como para sostener un emprendimiento “ágil, con todo el outsourcing de calidad a mano”, sostiene el gerente de planta.
“Los números fiscales están peores que en la Argentina, pero Brasil es Brasil”, resume Gonzalo Ferrer, en referencia a la situación que presenta el país vecino. “Es un mercado donde no se puede dejar de estar. Resulta más factible que las empresas bajen sus precios para mantenerse antes que perder su presencia en este mercado.”
