domingo, 31 de mayo de 2026

    Una tradición familiar

    James Murdoch es un buen conversador. Claro y confiado, el hijo menor de Rupert Murdoch, a los 28 años, tiene una fluidez que sería la envidia de cualquier ejecutivo senior con décadas de experiencia. Al locuaz Murdoch le gusta opinar, ya sea sobre cualquier competencia ciclista en Francia, las obras de caridad de la Iglesia católica en Nueva York, los mejores bares del mundo o los ganadores y perdedores de la revolución digital.


    Pero, desde que se mudó a Hong Kong para hacerse cargo de Star, el negocio televisivo asiático de su padre, aprendió a reservar su opinión. Sorprendió hace poco, en Los Angeles, cuando se le preguntó acerca de las razones que lo impulsaron a sugerir que el gobierno de China tenía derecho a reprimir a los seguidores de Falun Gong, movimiento cuasi religioso al que describió como “culto apocalíptico”. “Sin comentarios”, contestó el ejecutivo, contrariando a quienes esperaban una respuesta más amplia.


    Entre todas las fotos familiares que se pueden apreciar en su oficina, la que más se destaca es la de su padre estrechándole la mano a Jiang Zemin, el presidente de China. “No tengo muchas fotos de mi padre”, comienza a responder el CEO cuando se le pregunta al respecto. “Tengo fotos de toda mi familia”, agrega. “Pero me gusta esa foto de él en particular porque, además, fue tomada hace poco”, continúa. “No quiero entrar en detalles”, concluye. “Sin comentarios”.


    El joven ejecutivo de Star no es el primero de los Murdoch en aprender que tiene que expresarse con sumo cuidado si desea concretar negociaciones en Asia con éxito. Allá por 1993, su padre, Rupert, enfureció a Beijing cuando sugirió que la televisión satelital representaba “una amenaza absoluta a los regímenes totalitarios de todo el mundo”. Sin embargo, y tal como sugiere la reciente cena privada llevada a cabo en los salones de paredes bermellón de la residencia de los líderes chinos a la que fue invitado, parece haber logrado una mejor acogida por parte de los representantes de las altas esferas del Partido Comunista.


    Este acercamiento intenta sobrevivir los contragolpes occidentales. A Rupert Murdoch se lo describe como un chino-filo acobardado. Ha sido ridiculizado por ciertas decisiones tomadas para rendir pleitesía comercial a Oriente: primero, porque suprimió los boletines informativos de la BBC del servicio televisivo Star; y, segundo, porque no publicó las memorias de Chris Patten, gobernador de Hong Kong, tildado de “enemigo de China durante 10.000 años”.


    Desde el año pasado, James Murdoch se ha propuesto aventurarse por los mismos caminos sinuosos del continente asiático, en busca de oportunidades comerciales que no afecten la susceptibilidad política. Por cierto, no sólo asistió a la reciente cena con el señor Jiang. Además, en mayo, el gobierno militar de Islamabad premió a Star por su contribución a la industria cultural de Pakistán.


    Debido a estos acuerdos con gobiernos no democráticos, James, como integrante de la familia Murdoch, ha enfrentado la inquisición de los medios. Un columnista estadounidense se refirió a la conducta de los Murdoch en China como “prostitución corporativa”.


    Espíritu aventurero


    Pese a este llamado de atención, el espíritu aventurero de Star coincide plenamente con el de James Murdoch. Hace apenas unos años, el joven se iniciaba como entrepreneur. Abandonaba sus estudios en Harvard y lanzaba una marca discográfica con el nombre de Rawkus Entertainment, que luego pasó a manos de News Corp. Una vez que ingresó al negocio familiar, resultó ser uno de los principales entusiastas de Internet. Gracias a él, la empresa incursionó en emprendimientos on line al mando de News Digital Media. “Mi experiencia en News Corp. se centró en las start-up más pequeñas”, comenta. “Allí, las oportunidades de crecimiento son inmensas. Después de 10 años, la empresa se transforma en una start-up gigantesca”.


    Si bien se rehúsa a hacer comentarios sobre la política, se explaya holgadamente en el terreno de los negocios. A casi 10 años de que News Corporation comprara Star a Richard Li, hijo de Li Ka Shing, el empresario más poderoso de Hong Kong, quien por entonces era un operador de medios arribista, la empresa finalmente se asoma a un período de rentabilidad. Según los resultados del último trimestre, News Corporation, la casa matriz de Star, anunció que las pérdidas cayeron 33% año tras año y que las ganancias treparon 148%, especialmente gracias a las pujantes ventas de publicidad en India. Murdoch opina que, dentro de 15 meses, la emisora recuperará los gastos, aunque el grupo en general seguirá con números en rojo.


    Star ha sufrido grandes modificaciones desde que los Murdoch la compraron por US$ 850 millones en 1993. Pasó de ser una emisora de televisión que transmitía cinco canales abiertos en idioma inglés en las afueras de Hong Kong a transformarse en una red de 29 canales que ofrece siete idiomas y transmite a casi 300 millones de personas en 53 países.


    En pocos años, se convirtió en una productora de televisión que, el año pasado, produjo 16.000 horas de programación. Gracias al éxito que tuvo la versión del programa “Who wants to be a Millionaire?” (¿Quién quiere ser millonario?) en India, batió todos los récords en materia de audiencia televisiva local, pese a que el programa sólo se transmite por cable.


    En manos del joven Murdoch, el grupo ­llamado Star en cambio de Star TV­ continúa su transformación e invierte en plataformas de cable. En mayo destinó US$ 240 millones a un emprendimiento conjunto de televisión por cable con el grupo Koos, en Taiwan. El año pasado, obtuvo 26% de participación en Hathaway Cable, con lo cual extendió su alcance a India. Con estas inversiones, se perfila a obtener beneficios por un par de años.


    Las inversiones del grupo ejemplifican las dos características principales de la estrategia de Star bajo el mando de Murdoch. En primer lugar, si bien Star continúa cubriendo todo el continente asiático, se concentra específicamente en India y China. El resto de Asia no despierta el mismo interés en la sede de Star, situada frente al puerto de Hong Kong, porque no es tarea sencilla atender una audiencia en la que conviven diferentes idiomas y distintos presupuestos nacionales para publicidad.


    “Contamos con algunas transmisoras asiáticas”, señala Murdoch. “Pero la mayoría de nuestros anunciantes (más de 75%) son locales, o sea que pertenecen a un solo mercado”. Los dos gigantes de Asia son los mercados más atractivos para Star. China y sus alrededores ­Taiwan, Hong Kong y China continental­ representan un mercado de potencial inigualable. Además, India suscita un inmenso interés para Murdoch: “Es increíblemente atractiva, por una clase media que aumenta… y un negocio de publicidad satelital y por cable que crece 30-40% al año”.


    En segundo lugar, el contrato con las compañías de cable pone de manifiesto la naturaleza híbrida de Star. No se parece a British Sky Broadcasting, transmisora satelital inglesa que proporciona emisiones directas a los hogares, porque vende la mayor parte de sus contenidos a operadores satelitales o de cable de cada país y no así al consumidor individual. Y tampoco se asemeja a un mayorista de contenido común, porque tiene más de 6.500 compradores de canales de televisión.


    El negocio podría complicarse aún más, dado que India acaba de promulgar una ley que autoriza la apertura del mercado a la transmisión satelital directa. Star todavía evalúa los aspectos económicos de participar en esto; sin embargo, todo indica que, si los detalles técnicos y reguladores encajan, Star procurará colocar antenas satelitales en los hogares de las familias indias.


    Hace casi dos años, Rupert Murdoch vaticinó que el hermano de James, Lachlan, sería el heredero máximo del imperio familiar. Pero lo cierto es que, como James ha adquirido importancia y responsabilidad, tanto fuera como dentro de los pasillos de News Corp. se barajan los nombres de los dos hermanos frente a la posibilidad de que alguno se convierta, en última instancia, en el Murdoch de próxima generación.


    Lachlan también es un joven ejecutivo de News Corp. A los 30 años, es el co-COO de la empresa y trabaja bajo las órdenes de su padre y de Peter Chernin, la mano derecha de Rupert Murdoch, mientras aprende el funcionamiento del tradicional negocio de News Corp.


    James no es un apologista de la participación familiar en la compañía: “Muchas empresas exitosas son negocios familiares. Nosotros no somos estrictamente eso porque cotizamos en bolsa”. Pero agrega: “Claro que no creo que haya algo de malo en las empresas familiares, siempre que estén administradas con responsabilidad y trabajen por el interés de los accionistas. No creo que las empresas familiares tengan necesariamente que ser acusadas de nepotismo… Y tampoco coincido con el concepto de que, si es familiar, la empresa no califica… En cuanto a la gestión de esta compañía, cotizamos en bolsa, así que el directorio decidirá el rumbo a seguir”.


    Una vez más, no quiere entrar en detalles de lo que describe como una especulación absurda sobre una competencia entre hermanos. Lachlan todavía no ha visitado a Hong Kong, pero James dice que espera que la visita se produzca pronto. Mientras tanto, sostiene que no lo perturbará el hecho de que la gente quiera pensar que las compañías de medios son una suerte de cortes medievales lideradas por hermanos en el papel de príncipes que se disputan el mando. “Star es lo que yo creo que es”, remarca. Fuera de eso, el joven empresario vuelve a la frase que ha manejado a conciencia en toda Asia: “Sin comentarios”.


    Financial Times / MERCADO