El presidente Duhalde está seguro que, finalmente, tendremos apoyo del FMI. Lo mismo piensa su ministro de Economía y el resto del elenco gubernamental. Tanto, que aún con el nuevo listado de demandas dejado por la misión encabezada por Anoop Singh, se confía en que para fines de abril se habrá logrado el acuerdo.
Esta posición tiene consenso. Empresarios, consultores y economistas independientes si es que algo así existe están de acuerdo en que existirá cierto tipo de apoyo. Con dos limitaciones: una, que el dinero que se libere servirá para repagar las deudas de este año con los organismos internacionales; la otra, que tendrá el efecto benéfico de gatillar la ayuda asegurada por el Banco Mundial y el BID. En lo que no hay tanto optimismo como el que se puede encontrar en el gobierno, es en los plazos en que llegaría la bendición del FMI.
El tema es esencial, porque si se produce en los términos previstos por el gobierno, habría una plataforma de viabilidad a todo lo que se está haciendo. Si la demora es excesiva, tal vez pueda beneficiar a un nuevo Presidente.
Para entender mejor el panorama vale la pena recordar la actuación previa del nuevo jefe de misión del Fondo, director a cargo de Operaciones Especiales, una posición inexistente hasta hace pocas semanas.
Anoop Singh, nacido en la India y graduado en Economía en Gran Bretaña, es un antiguo funcionario del Fondo que tuvo a su cargo las crisis de Tailandia y de Indonesia durante la década pasada. Especialmente en Indonesia ha dejado un recuerdo duradero.
El 19 de julio del año pasado, el diario New Straits Times de Malasia, publicó un extenso artículo sobre el accionar de Singh en la crisis de Jakarta. Es ilustrativo, por aquello del valor de las analogías, recordar la sustancia de ese trabajo periodístico.
Indonesia recurrió al Fondo en 1997, cuando la crisis financiera golpeó a varios países del sudeste asiático. La deuda total del país era de US$ 264.000 millones. Con una particularidad: solamente US$ 74.000 millones debía el gobierno a acreedores externos. Las empresas estatales tenían también una deuda externa de US$ 10.000 millones. El gobierno debía también US$ 70.000 millones a sus acreedores internos, dentro del país. Pero las empresas privadas acumulaban deudas por US$ 110.000 millones.
A través de una serie de cartas de intención con el FMI, el país se comprometió a renegociar el pago de la deuda, a cortar subsidios, aumentar la recaudación tributaria, vender empresas estatales en problemas, y sobre todo proceder a una reforma bancaria a fondo.
El FMI obligó al gobierno a cerrar 16 bancos. El pánico cundió entre los depositantes y la huida de capitales se estimó en US$ 6.000 millones. Algunos documentos internos del Fondo que llegaron a manos de la prensa, dieron cuenta de la autocrítica: hubo confusión en el manejo de este problema.
Las relaciones se endurecieron y prácticamente nada pasó en los siguientes tres años, durante los cuales cuatro veces se suspendieron créditos acordados.
En abril del 2001, Anoop Singh (más conocido por la prensa como el señor “sin comentario”), llegó a Jakarta y comunicó que había avances que podían pagar el crédito de US$ 400 millones acordado en diciembre del 2000. El monto del crédito era menor, pero permitía liberar otros US$ 5.800 millones de otros prestatarios. Antes de partir dijo que la carta de intención se firmaría el 13 de julio.
Volvió en julio, pero abandonó el país sin decir una palabra y sin firmar ningún documento. La nueva fecha para la firma pasaba a septiembre.
Había otro tipo de acusaciones. El ICG, International Crisis Group, un influyente think tank, sostuvo que el FMI era sospechado de precipitar la caída de los presidentes Suharto y Habibie, al suspender créditos en momentos clave. Ahora la acusación era directa contra Anoop: se decía que buscaba precipitar la salida del presidente Wahid. El Presupuesto 2001 contemplaba 52% del gasto para servir la deuda, mientras que apenas 7% se dedicaba, en total, a la educación y la salud. Nada quedaba para aliviar la pobreza masiva que hay en el país.
Finalmente la famosa carta de intención se firmó en agosto y se desembolsó en septiembre, casi diez meses después del acuerdo inicial.
Como concluye el artículo del diario malayo, “Quizá, después de todo, Anoop Singh y el poderoso FMI no tienen todas las respuestas que todo el mundo cree”.
