Amén de las escabrosas revelaciones hechas por Newsweek, varios misterios siguen rondando el caso Enron. Por ejemplo, el de los US$ 328 millones perdidos por el fondo jubilatorio de Florida a manos de un personaje de increíble imprudencia.
Se trata del inglés Alfred Harrison, “estrella” financiera de Alliance Capital, la administradora de esa cartera. Este ejecutivo siguió comprando acciones hasta casi el final de Enron. Su extraña política convirtió al sistema estadual de pensiones en el mayor accionista unitario perjudicado por la corporación. De ahí que el fiscal general de Florida, Robert Butterworth, le haya entablado juicio a Harrison, a quien el fondo y Alliance han despedido precipitadamente. Por su lado, la legislatura de Tallahassee ha formado un comité para investigar lo que Alliance una de las principales compañías financieras de Estados Unidos vive como humillación pública.
Los demás gerentes de inversiones estaban escapando de la trampa Enron. No obstante, Harrison compraba y compraba. “No le encontramos explicación”, señalan varios parlamentarios de Florida. En verdad, justo dos semanas antes del pedido de quiebra, el ejecutivo tomó 1,3 millón de papeles para el fondo. Precisamente cuando ya se sabía lo peor: el valor bursátil de la firma texana se había achicado de US$ 95.000 a 2.100 millones; o sea, un deterioro de 97,79% en cuestión de meses.
La historia de estas compras resulta tan absurda que muchos observadores, dentro y fuera de Florida, abrigan serias sospechas. Entre ellos, Frank Savage ex vocal en el directorio de Enron y actual directivo en Alliance, Butterworth y el senador nacional William Nelson (demócrata por Florida), miembro de una comisión especial que trata el asunto.
La segunda hipótesis en juego es políticamente más peligrosa e involucra al gobernador Jeb Bush, hermano del presidente y uno de los tres albaceas del Florida Retirement System. En un Estado donde se decidió por una diferencia de 2.000 votos que no convenció demasiado la presidencia de George W. Bush, la menor alusión a nexos entre el gobernador y las compras de Harrison tiene alta carga conflictiva. Máxime porque a Jeb Bush ya se le atribuyen vínculos con fuertes intereses locales aunque, en este caso, fue él quien pidió investigar a Harrison.
Técnicamente, el procedimiento típico del ex director de Alliance se conoce como “invertir en V”. Esto es, comprar acciones de empresas muy castigadas y revenderlas haciendo diferencia cuando repuntan. Entre sus éxitos figuran Motorola, Cisco Systems y Continental Airlines.
Poco después de que Jeffrey K. Skilling abandonase la presidencia ejecutiva de Enron (agosto de 2001), Harrison compró US$ 26,1 millones en acciones a 36 cada una. Tras anunciar la empresa pérdidas por US$ 1.200 millones originadas en sociedades cautivas (octubre) y mientras la Securities & Exchange Commission (SEC) abría un sumario, Harrison compró US$ 7 millones a 22 por acción.
El 24 de ese mes, Enron despidió a su director financiero, Andrew S. Fastow, por graves irregularidades. Entonces, Harrison compró US$ 16,1 millones en acciones a entre 16 y 12 cada una (pues el papel se derrumbaba hora por hora). Finalmente, a mediados de noviembre, Enron admitió que había inflado ganancias, la acción cayó a US$ 9 y Harrison tomó US$ 12,1 millones en esos papeles, siempre por cuenta del fondo jubilatorio de Florida. En síntesis, su modelo especulativo le costó US$ 318 millones al principal cliente de Alliance.
“Estas pérdidas no fueron acumulándose durante años, sino en menos de cuatro meses. Eso es lo raro”, comentan funcionarios judiciales. Entretanto, algunos analistas estiman que Alliance les hizo perder más de 1.000 millones vía compra de acciones Enron a varios clientes. En verdad, la firma era la mayor tenedora de esos papeles todavía en septiembre. Por ende, la reacción de Florida ha sido sólo el comienzo de una serie de pleitos.
En las escasas declaraciones públicas de Harrison (que tiene 64 años) sobre Enron, su reputación como profundo conocedor del oficio sale mal parada. La única defensa ensayada consiste en decir que había hecho las compras “de buena fe y confiando en Skilling, Mark (Rebecca, vicepresidente del consejo administrativo de Enron) y Lay (Kenneth, sucesor de Skilling), a pesar de algunos estados financieros un poco huecos”.
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